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Por qué los barrios pobres no van a votar: la abstención en las zonas más excluidas duplica a la de las más ricas

2019.04.08 12:29 NoMeVoyMeQuedo Por qué los barrios pobres no van a votar: la abstención en las zonas más excluidas duplica a la de las más ricas

El barrio sevillano de 'las 3.000 Viviendas', uno de los más empobrecidos de España, fue el que más se abstuvo en las elecciones generales de 2016. Los que más participaron fueron los vecinos del acomodado barrio del Pla del Remei, en Valencia "Es un pez que se muerde la cola: como no votan, los políticos no se interesan por ellos, ellos no se sienten escuchados y vuelven a abstenerse en las siguientes elecciones", explica el investigador Manuel Trujillo BUSCADOR Busca entre las 16 mayores ciudades españolas y comprueba cuál es la renta media del barrio y cuántos votantes se abstuvieron en 2016 Raúl Sánchez 07/04/2019 - 21:37h Compartir en Facebook Compartir en Twitter Norte y sur, este y oeste, centro y periferia o costa e interior pueden marcar las fronteras invisibles de una ciudad. Muchas veces, esos límites no solo señalan las desigualdades económicas sino también políticas. Vivir en un barrio rico o pobre influye de manera determinante en las probabilidades de que una persona acuda a votar a su colegio electoral o se quede en casa en unas elecciones generales.
Por ejemplo, una brecha de casi 90.000 euros de ingresos por hogar separa al barrio de 'las 3.000 Viviendas' en Sevilla, el segundo más empobrecido de España, y El Viso en Madrid, el más rico. La desigualdad económica también se convierte en desigualdad electoral: en el primero, el 55% de los residentes no acudieron a votar en las elecciones generales de 2016; en el segundo, el 18%.
¿Una casualidad? Los datos analizados por eldiario.es muestran que los barrios con menos renta se abstuvieron el doble en las elecciones generales de 2016 que las zonas más acomodadas en las 16 mayores ciudades españolas. Mientras que la abstención alcanzó el 42% en los barrios con una renta media por debajo de los 20.000 euros, solo el 20% de los residentes de las zonas con ingresos superiores a los 50.000 euros renunciaron a votar.
Este es el resultado del análisis de eldiario.es de los datos del proyecto estadístico Urban Audit, publicados por el Instituto Nacional de Estadística, y los resultados electorales de las elecciones generales del 26J. Ver metodología
"Esto no es nuevo, siempre ha habido agujeros negros electorales que han sido los barrios más pobres", explica Braulio Gómez, doctor en Ciencia Política de la Universidad de Deusto y autor de varios trabajos sobre la relación entre abstención y renta. "Si en tu casa no tienes la nevera en condiciones para mantener tu vida cotidiana, es más difícil que tengas ese tiempo para buscar información política", comenta Gómez.
La tendencia se repite en los 16 municipios más poblados de España: cuanto más pobre es el barrio, más se abstuvieron sus residentes en las elecciones generales de 2016. Sin embargo, este fenómeno se agrava en las ciudades con mayor brecha entre barrios humildes y zonas acomodadas. Es decir, áreas metropolitanas más desiguales.
Pero, ¿por qué los residentes de barrios como El Raval (Barcelona), San Cristóbal (Madrid), Los Pajaritos (Sevilla) o Palma-Palmilla (Málaga) acuden menos a votar? Los expertos lo achacan a un alejamiento total de la política y una sensación de exclusión por su situación económica.
"Es un tipo de cultura que es lejana a ellos, que no les representa no participan porque no es su juego político", argumenta Miguel Alhambra, sociólogo de la Universidad Complutense de Madrid y autor de un estudio académico sobre desigualdad social y abstención electoral en Madrid y Barcelona. "Es un efecto de la propia desigualdad: si para tener voz y voto tienes que tener capital cultural, al final te callas", comenta.
'Las 3.000 Viviendas' y la zona de Juan XXIII en Alicante son los barrios que más se callaron en las elecciones del 26J. Alrededor de la mitad de los residentes decidieron no ejercer su derecho al voto en 2016. "Aunque realmente digamos que no hace falta gran cosa (para votar), coger tu DNI y acercarte al colegio electoral, algo que nos parece sencillo, no lo es para muchas personas", explica la doctora en psicología social Cristina Cuenca.
Para Cuenca, es complicado decir "que vaya a votar" a una persona que esté en "una situación de desempleo cronificado, una familia afectada porque el padre o la madre tenga un problema de adicción o una persona sin hogar".
Pero, ¿cómo y a qué partidos votan los barrios de renta más bajas y mayores problemas derivados de esta desigualdad? Para comprobarlo, analizamos los datos de 509 barrios de las mayores ciudades españolas.
Fuente: Urban Audit, INE, Ministerio de InteriorMade with Flourish
Los investigadores alertan de las consecuencias políticas de la segregación entre barrios humildes de baja participación y zonas acomodadas con alta participación. "Es un pez que se muerde la cola: como no votan, los políticos no se interesan por ellos, ellos no se sienten escuchados y vuelven a abstenerse en las siguientes elecciones", argumenta Manuel Trujillo, investigador del Instituto de Estudios Sociales del CSIC.
Precisamente, el estudio Urnas Vacías en los suburbios de las ciudades, realizado por Trujillo y Braulio Gómez para el Observatorio Social de La Caixa, identificó una correlación "altísima" entre vivir en una zona caracterizada por la carencia de todo tipo de recursos y la abstención electoral en las municipales de 2015.
"A nivel electoral, cuando se agudiza este fenómeno, la izquierda pierde muchísimos votos", afirma Trujillo, que pone como ejemplo las pasadas elecciones autonómicas en Andalucía. Tal y como publicó eldiario.es, la abstención se disparó el 2D en los barrios más pobres de Sevilla, Málaga y Córdoba, donde Podemos y sobre todo el PSOE tenían más poder electoral.
Los datos de las generales del 26J, en 2016, también señalan esta tendencia: los partidos de izquierda son mucho más fuertes en los suburbios de las grandes ciudades y las candidaturas de derecha consiguen más votos en las zonas más ricas. Un voto de clase que se agudiza en los extremos: la izquierda promedia el 67% de las papeletas en los barrios que ingresan menos de 20.000 euros y la derecha se lleva el 74% de los sufragios en las zonas con una renta media superior a los 50.000 euros por hogar.
Manuel Buñuel, politólogo e investigador de la relación entre abstención y renta en la ciudad de Sevilla, asegura que existe una sensación en las zonas más marginadas de que la clase política solo va a esos barrios durante la campaña electoral y que después están "cuatro años sin aparecer". "Se ha luchado tanto tiempo para que el voto se ampliara a más capas de la población y los que más lucharon por ampliarlo son los que más se abstienen actualmente", reflexiona Buñuel.
Un fenómeno que apenas ha variado con el surgimiento de formaciones políticas como Podemos o Ciudadanos, según concluye el estudio Urnas Vacías. "Esto genera una concentración de poder político: si los ricos siempre votan, tendrán más poder en sus manos para que se tengan en cuenta sus intereses", explica el investigador Braulio Gómez.
La renta media de los diez barrios que más se abstuvieron en las generales de 2016 era de 19.000 euros por hogar. Entre los diez que más participaron, la cifra sube hasta los 68.000. Para Manuel Trujillo, "esto se acaba convirtiendo en un déficit democrático porque hay cierta población que no se siente representada y que no acaba siendo escuchada".
Más de una treintena de barrios de las grandes áreas urbanas registraron porcentajes de abstención por encima del 40% de los residentes en 2016. Si resides en alguna de las 16 mayores ciudades españolas, puedes buscar tu barrio.
BUSCADOR: ¿cuántos vecinos se abstuvieron en cada barrio en las elecciones del 26J? Busca un municipio o barrio y descubre el porcentaje de abstención o a qué candidaturas votaron los barrios más pobres y ricos. Solo se incluyen 509 barrios de las 16 ciudades más pobladas
Flourish logoA Flourish data visualisation Fuente: Urban Audit, INE, Ministerio del Interior
Para contextualizar la desigualdad política de las ciudades españolas, analizamos los datos de abstención y renta media en los barrios que representan el 20% más rico y el 20% más pobre de diez de las mayores áreas urbanas en España. Haz click en alguna de las siguientes ciudades para leer cada apartado.
Barcelona Gijón Bilbao Sevilla Las Palmas de G.C. Madrid Valencia Córdoba Zaragoza Vigo 1. La segregación económica de Barcelona
Tres factores unen a los barrios de El Raval, El Besòs, el Maresme y Nou Barris. Son los barrios que más se abstienen, más empobrecidos y con mayor población extranjera de Barcelona. Frente a ellos, el distrito de Sarrià-Sant Gervasi agrupa las zonas de mayor renta, menor abstención y más población nativa.
Una segregación económica, racial y social que divide a Barcelona entre la ciudad de Convergencia y PP frente a la de En Comú y el PSOE.
Partido más votado en cada sección censal en las elecciones generales de 2016
CDC
En Comú
PP
PSOE
Cs
ERC 20% más pobre
AbstenciónRenta media41,1%24.410€ 20% más rico
AbstenciónRenta media28,3%55.712€ Fuente: Urban Audit, Ministerio de Interior
  1. Las Mil Quinientas viviendas de Gijón
En 1953, el Instituto Nacional de la Vivienda recibe el encargo de realizar un proyecto para alojar a los obreros que procedían del ámbito rural de Gijón en el Pumarín. Así es como se desarrollaron las Mil Quinientas viviendas que transformaron el barrio en una zona obrera. Todavía hoy, el Pumarín es la segunda zona más pobre de Gijón (23.591€) y en la que más se abstuvieron sus votantes (33,7%).
La zona residencial de urbanizaciones de Las Mestas es la más rica y también la que más participación registró en las elecciones del 26J.
Partido más votado en cada sección censal en las elecciones generales de 2016
PP
PSOE
UP 20% más pobre
AbstenciónRenta media34,3%22.895€ 20% más rico
AbstenciónRenta media27,5%35.186€ Fuente: Urban Audit, Ministerio de Interior
  1. Vivir al lado del Guggenheim en Bilbao
Más de 20.000 euros conforman la brecha entre Abando, el distrito más rico y que más participa de la ciudad de Bilbao, y el resto de zonas de la ciudad. "En Bilbao hay una alta desigualdad pero no llega a los niveles que se llegan en Sevilla, Málaga o Badajoz aunque dentro de Euskadi sí que llama la atención", afirma Braulio Gómez, doctor en Ciencia Política de la Universidad de Deusto.
La desigualdad de Bilbao se manifiesta entre los que viven al lado del Guggenheim, que apenas se abstienen y votan principalmente a PP y PNV, y la zona sur de Errekalde, la más pobre donde Unidos Podemos fue el más votado en 2016.
Partido más votado en cada sección censal en las elecciones generales de 2016
PNV
PP
UP 20% más pobre
AbstenciónRenta media35,7%27.304€ 20% más rico
AbstenciónRenta media27,2%48.514€ Fuente: Urban Audit, Ministerio de Interior
  1. Urnas vacías en 'las 3.000 Viviendas'
La abstención consiguió la mayoría absoluta en 'las 3.000 Viviendas' de Sevilla en las elecciones generales de 2016. El 55% de los votantes decidió abstenerse en un barrio en el que PSOE y UP se llevan el casi el 80% de los votos. Frente a ellos, menos del 20% de los votantes se abstuvieron en el barrio más rico de Sevilla, Santa Clara, donde PP y Cs son opciones mayoritarias.
"Si lo que se lleva al debate es lo que opina un votante de los Remedios o de Triana, no se van a tener en cuenta los problemas de las 3.000 Viviendas", afirma el politólogo Manuel Buñuel.
Partido más votado en cada sección censal en las elecciones generales de 2016
PSOE
PP
UP 20% más pobre
AbstenciónRenta media40,9%17.648€ 20% más rico
AbstenciónRenta media20,3%42.911€ Fuente: Urban Audit, Ministerio de Interior
  1. Las barriadas de Las Palmas, carne de abstención
La brecha económica entre el barrio que más se abstuvo en las elecciones de 2016, las barriadas de la Vega de San José, y el que más participó, la céntrica zona de Arenales-Lugo, es de casi 20.000 euros por hogar. Una diferencia que señala la desigualdad entre el centro histórico construido alrededor del Puerto de Las Palmas y las barriadas periféricas del sur, asentadas en pendiente sobre la ladera de la montaña.
Partido más votado en cada sección censal en las elecciones generales de 2016
PP
PSOE
UP 20% más pobre
AbstenciónRenta media40,2%21.281€ 20% más rico
AbstenciónRenta media30,7%38.264€ Fuente: Urban Audit, Ministerio de Interior
  1. Madrid, una brecha de norte a sur
La capital madrileña presenta los mayores índices de desigualdad de las grandes ciudades españolas, una brecha que se dibuja de sur a norte. Los barrios más pobres del sur, como San Cristóbal (Villaverde) o San Diego (Puente de Vallecas), se abstienen casi el triple que las lujosas zonas más ricas del norte como El Viso (Chamartín) o Piovera (Hortaleza).
Un mapa que dibuja los feudos del PP que siempre votan en las generales frente a los dominios abstencionistas de Unidos Podemos y el PSOE.
Partido más votado en cada sección censal en las elecciones generales de 2016
PP
PSOE
UP
Cs 20% más pobre
AbstenciónRenta media34,2%24.541€ 20% más rico
AbstenciónRenta media18,6%66.586€ Fuente: Urban Audit, Ministerio de Interior
  1. Centro frente a periferia en Valencia
Los residentes del lujoso barrio de El Pla del Remei, en el centro de Valencia, fueron los más entusiastas de las elecciones del 26J. Con solo un 14% de abstención, es el barrio que más participó de las grandes ciudades españolas. Casualmente, es el más rico de la capital y la zona en la que el PP consiguió más porcentaje de voto (61%).
Los mayores índices de abstención se concentran en los barrios pobres de las zonas periféricas como En Corts, El Grau o Tres Forques - La Fontsanta.
Partido más votado en cada sección censal en las elecciones generales de 2016
PP
Pod. - Comp. 20% más pobre
AbstenciónRenta media28,4%23.640€ 20% más rico
AbstenciónRenta media19,0%39.736€ Fuente: Urban Audit, Ministerio de Interior
  1. El sur obrero se abstiene en Córdoba
Más de la mitad del suelo en el barrio de El Naranjo-Brillante, el más rico de Córdoba, está destinado a urbanizaciones, chalets y viviendas unifamiliares. En el Sector Sur, el más pobre de la capital de provincia, las zonas industriales y comerciales acaparan la mitad del suelo, según los datos del INE.
Casi 20 puntos separan los niveles de abstención de ambos barrios en las generales de 2016.
Partido más votado en cada sección censal en las elecciones generales de 2016
PP
PSOE
UP 20% más pobre
AbstenciónRenta media39,4%19.254€ 20% más rico
AbstenciónRenta media21,3%39.228€ Fuente: Urban Audit, Ministerio de Interior
  1. La frontera invisible de Zaragoza
Apenas 3 kilómetros separan las urbanizaciones con piscina de Casablanca, en Zaragoza, con el barrio obrero de Delicias. Aunque no tienen una frontera física, sí existe una simbólica que los separa: los hogares de Casablanca ingresan 30.000 euros más y se abstienen casi la mitad que sus vecinos de Delicias.
Una brecha que se traslada a la perspectiva de voto de los principales partidos. PP y Ciudadanos son mayoría en Casablanca, el barrio más rico de la capital aragonesa, y PSOE y Unidos Podemos son primera fuerza en el más pobre, Delicias.
Partido más votado en cada sección censal en las elecciones generales de 2016
PP
PSOE
UP
Cs 20% más pobre
AbstenciónRenta media32,1%24.806€ 20% más rico
AbstenciónRenta media22,0%43.153€ Fuente: Urban Audit, Ministerio de Interior
  1. Astilleros frente a centro histórico en Vigo
El barrio de Teis en Vigo, el más pobre de la ciudad gallega, fue el que registró el mayor porcentaje de abstención (32%) el 26J. Los principales astilleros de la ciudad y gran parte del puerto comercial señalan un barrio de marcado perfil obrero e industrial donde la candidatura de En Marea fue primera fuerza.
Una zona que se contrapone al centro histórico de Vigo, el barrio más rico de la ciudad gallega, el que más participó (un 26%). El PP fue el partido más votado.
Partido más votado en cada sección censal en las elecciones generales de 2016
PP
En Marea
PSOE 20% más pobre
AbstenciónRenta media29,7%27.838€ 20% más rico
AbstenciónRenta media27,9%34.394€ Fuente: Urban Audit, Ministerio de Interior
Metodología
Para esta información, se han cruzado los datos por secciones censales de las elecciones generales de 2016 con los de renta media por hogar de la operación estadística de Indicadores Urbanos Urban Audit referentes al año 2016, que divide las ciudades en áreas suburbanas (SCD). Estas separaciones no siempre coinciden con divisiones administrativas de distritos o barrios. Solo se han incluido las 16 ciudades más pobladas de España ya que son los únicos municipios que tienen datos de renta desglosados por barrio.
En cada área suburbana, se ha calculado el porcentaje de votos de cada candidatura y el nivel de abstención en las elecciones del 26J a partir de las secciones censales que la componen. Se han descartado los datos de 9 secciones censales de las divisiones realizadas por Urban Audit no existían en las elecciones generales de 2016.
Se han identificado a PSOE, Unidos Podemos y sus confluencias, ERC, Bildu, PACMA y BNG como partidos de izquierda y a PP, Ciudadanos, CDC, PNV, CC, UPyD y Vox como partidos de derecha.
07/04/2019 - 21:37h 0 Compartir en Facebook Compartir en Twitter Enviar a Menéame Imprimir Detrás de esta noticia... Podemos publicar esta noticia gracias a las cuotas que pagan nuestros más de 34.000 socios y socias. Ellos garantizan nuestra independencia editorial y económica. Pero necesitamos más socios para seguir contratando periodistas y publicar más contenidos como este. Si tú también crees en un periodismo libre y de calidad hazte socio, hazte socia. ENLACES PATROCINADOS Jaime González, irreconocible en su reaparición televisiva Jaime González, irreconocible en su reaparición televisiva La Vanguardia La inspección de 120.000km de tu Audi A3 por 299€. Solicita cita. La inspección de 120.000km de tu Audi A3 por 299€. Solicita cita. formularios.audi.es Polen de abeja. Propiedades, cómo tomarlo, para qué usarlo. Polen de abeja. Propiedades, cómo tomarlo, para qué usarlo. universomiel.es El nuevo Kia Ceed Tourer está diseñado para el conductor. DescúbreloEl nuevo Kia Ceed Tourer está diseñado para el conductor. Descúbrelo El nuevo Kia Ceed Tourer está diseñado para el conductor. Descúbrelo Kia Semana Crossover & SUV de Ford, del 8 al 17 de abril Semana Crossover & SUV de Ford, del 8 al 17 de abril Ford Hipoteca NARANJA de ING. Con cero, cero posibilidades de equivocarte Hipoteca NARANJA de ING. Con cero, cero posibilidades de equivocarte ING Más en eldiario.es De dónde viene la extrema derecha: un obispo ultra y la familia de Barberá De dónde viene la extrema derecha: un obispo ultra y la familia de Barberá Podemos se postula en su programa para el 28A como la alternativa al "trío de Colón" y al "temblor de piernas" del PSOE Podemos se postula en su programa para el 28A como la alternativa al "trío de Colón" y al "temblor de piernas" del PSOE La Comunidad de Madrid exige a 70.000 jóvenes pagar un impuesto desconocido para deducirse el alquiler en la declaración La Comunidad de Madrid exige a 70.000 jóvenes pagar un impuesto desconocido para deducirse el alquiler en la declaración recomendado por Los comentarios de nuestros socios 1 luiscor1221 los ricos votan todos, los curas votan todos, los policias,guardias civiles y militares votan ... 2 quijotesco Siempre me he preguntado como es posible que el inconformismo ciudadano sea tan grande pero ... 3 Paubcn Creo que mas que el factor económico interviene el factor cultural, aunque un alto nivel ... 4 Artero No, no es casual, se debe en primer lugar al analfabetismo o simple alfabetización, lo cual ... 5 Cuyobai Los 'problemas' de la legislación electoral quedan sin resolver. Casualmente. 8 DONGUIDO Aquí unas explicaciónes muy bien fundamentadas de por qué los pobres, los obreros, votan a la ... 9 Huge_Head la brecha económica da como resultado la brecha cultural ,que se podría evitar mucho mas fácil ... 11 pepeespuche22 Lleváis toda la razón en El Palmar (Murcia) una pedanía de 24.000 habitantes en los barrios ... 13 Mr.Spock El neoliberalismo persigue la creación de una inmensa clase trabajadora solo preocupada por ... 14 JRG Buenísimo artículo de análisis de datos. En mi opinión shí está una de las bolsas de abstención. ... 15 jjrs50 El gran logro de la derecha es que muchos ciudadanos voten en contra de sus propios intereses. 16 Davex Votar no solo es un derecho, es una responsabilidad y por tanto debería ser una obligación. Pero ... Hazte socioComenta tú también20 comentarios
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2016.06.07 03:37 ShaunaDorothy Notas críticas sobre la “muerte del comunismo” y las condiciones ideológicas del mundo postsoviético (Noviembre de 2015)

https://archive.is/QazK6
Espartaco No. 44 Noviembre de 2015
Notas críticas sobre la “muerte del comunismo” y las condiciones ideológicas del mundo postsoviético
Por Joseph Seymour
A continuación publicamos, ligeramente editado, un documento de Joseph Seymour, miembro del Comité Central de la Spartacist League. El documento, fechado el 14 de marzo de 2009, fue una contribución a las discusiones y debates que precedieron a la XIII Conferencia Nacional de la Spartacist League/U.S., sección de la Liga Comunista Internacional (Cuartainternacionalista), ese mismo año y se publicó originalmente en Workers Vanguard No. 949 (1° de enero de 2010).
En el pleno de nuestro Comité Ejecutivo Internacional, celebrado a principios de 2008, hubo una discusión y, creo, diferencias incipientes en torno al contenido del término “muerte del comunismo”, lo cual es clave para entender las condiciones político-ideológicas del mundo postsoviético. En ese entonces, yo argumenté:
“Una cuestión importante al discutir el trabajo en Sudáfrica y México...es si estos países —se ha mencionado a China y Grecia— son una excepción a lo que hemos llamado el ‘retroceso en la conciencia’ y la ideología de la ‘muerte del comunismo’, y en qué sentido lo son. Pero el concepto de excepción implica una norma. Así que, ¿cuál es esa norma? La abrumadora mayoría de nuestra tendencia se ubica en los países capitalistas-imperialistas avanzados de Europa Occidental y Norteamérica... Es aquí donde todos los días, de manera generalizada, encontramos la ideología de la ‘muerte del comunismo’. Y creo que esto ha determinado un cierto entendimiento parcial y deformado de las delineaciones y divisiones políticas radicalmente modificadas en todo el mundo.
“Casi cada vez que usamos el término ‘muerte del comunismo’ lo vinculamos al triunfalismo burgués. No nos referimos al triunfalismo de la burguesía de la India, Egipto o Brasil. Nos referimos al triunfalismo de la burguesía imperialista occidental, principalmente la estadounidense. Pero el escepticismo respecto a la posibilidad de una sociedad comunista internacional futura —y esto es el núcleo de la ‘muerte del comunismo’— en los países del Tercer Mundo no puede identificarse con el triunfalismo y la dominación del imperialismo estadounidense. Más bien, nos encontramos con un ascenso, bastante significativo y con amplias bases de apoyo, de movimientos político-ideológicos que se presentan como oponentes del triunfalismo imperialista estadounidense. El ejemplo más obvio es, claro, el populismo nacionalista latinoamericano ejemplificado por Hugo Chávez. Pero también encontramos el mismo fenómeno en un sentido muy derechista, que es el ascenso del fundamentalismo islámico antioccidental en los países del Medio Oriente. Osama bin Laden, Hugo Chávez, Tony Blair, Bill Clinton: todos ellos representan la ‘muerte del comunismo’ de diversos modos y en diversos contextos nacionales”.
El núcleo de la “muerte del comunismo” es precisamente ése: un escepticismo respecto a la posibilidad de una civilización comunista global en el sentido marxista. Eso es un terreno común básico que comparten diversas tendencias políticas que a veces tienen actitudes fuertemente hostiles al imperialismo occidental, la democracia parlamentaria, la economía capitalista de mercado y otras cuestiones controvertidas (como la degradación ambiental), que separan a la izquierda de la derecha en el sentido convencional de estos términos.
Para asegurarme de que todos tenemos un entendimiento común de los términos, voy a reafirmar brevemente las principales características que tendría una sociedad plenamente comunista a escala global. La escasez económica ha sido superada, por lo que ha podido eliminarse el trabajo asalariado (“de cada cual, según su capacidad; a cada cual, según sus necesidades”). El trabajo enajenado ha sido remplazado por trabajo creativo, científico y cultural (Marx alguna vez usó la composición musical como ejemplo de esto). El estado se ha extinguido de manera que, en palabras de Engels, el gobierno sobre los hombres ha dado paso a la administración de las cosas. Las afiliaciones racial, nacional y étnica han desaparecido mediante una extensa procreación interétnica y la movilidad global (“el género humano es la Internacional”). La familia ha sido remplazada por instituciones colectivas para el trabajo doméstico, la crianza y la socialización de los niños.
La abrumadora mayoría de quienes se consideran izquierdistas y pasan de los 40 o 50 años, consideran que una sociedad futura como la que describí es utópica. La abrumadora mayoría de los izquierdistas más jóvenes, representados, por ejemplo, por el medio de los “foros sociales”, para todo propósito práctico desconocen el concepto marxista de la civilización comunista global y son indiferentes a él. Sus preocupaciones son defensivas y minimalistas: apoyar los derechos democráticos de los pueblos oprimidos (por ejemplo, los palestinos), detener el desmantelamiento del “estado del bienestar” en Europa Occidental o impedir que el medio ambiente se siga degradando (calentamiento global).
Voy a replantear mi argumento haciendo referencia a El estado y la revolución de Lenin. Cuando esta obra se publicó en 1918 y en las décadas subsecuentes, la principal diferencia entre los marxistas revolucionarios y las demás tendencias de izquierda tenía que ver con el tema que se discute en el capítulo I (“La sociedad de clases y el estado”). Ahí, Lenin afirma concisamente:
“La doctrina de Marx y Engels sobre la ineluctabilidad de la revolución violenta se refiere al estado burgués. Éste no puede ser sustituido por el estado proletario (por la dictadura del proletariado) mediante la ‘extinción’, sino sólo, como regla general, mediante la revolución violenta” [énfasis en el original].
En el periodo postsoviético, la diferencia más fundamental entre nosotros y las demás tendencias de la izquierda tiene que ver con el tema que se discute en el capítulo V (“Las bases económicas de la extinción del estado”) y que se explica concisamente en el siguiente pasaje:
“La base económica de la extinción completa del estado significa un desarrollo tan elevado del comunismo que en él desaparece la oposición entre el trabajo intelectual y el manual. En consecuencia, deja de existir una de las fuentes más importantes de la desigualdad social contemporánea, una fuente que en modo alguno puede ser suprimida de golpe por el solo hecho de que los medios de producción pasen a ser propiedad social, por la sola expropiación de los capitalistas.
“Esta expropiación dará la posibilidad de desarrollar las fuerzas productivas en proporciones gigantescas. Y al ver cómo retrasa el capitalismo ya hoy, de modo increíble, este desarrollo y cuánto podríamos avanzar sobre la base de la técnica moderna ya lograda, tenemos derecho a decir con la mayor certidumbre que la expropiación de los capitalistas originará inevitablemente un desarrollo gigantesco de las fuerzas productivas de la sociedad humana” [énfasis en el original].
La generación postsoviética de activistas de izquierda no puede entender fácilmente las ideas expuestas arriba porque no ha pensado en ellas.
El triunfalismo del imperialismo estadounidense no es el problema
Si bien la claridad sobre la cuestión de la “muerte del comunismo” no bastará para resolver nuestros problemas, la continua confusión a este respecto sí contribuirá a agravarlos. El no reconocer la diferencia más fundamental que nos separa del resto de la izquierda —el hecho de que no compartimos un mismo fin último— ha sido un importante factor subyacente en los recurrentes problemas políticos del partido.
Cuando aún era editor de Workers Vanguard, Jan Norden [actualmente del centrista Grupo Internacionalista] consideraba, de manera consciente y sistemática, que la “muerte del comunismo” era principalmente una expresión del triunfalismo del imperialismo estadounidense. De ahí que creyera que el levantamiento zapatista de los empobrecidos campesinos indígenas del sur de México en 1994 sería un poderoso contragolpe que debilitaría, al menos en América Latina, el efecto ideológico de la caída de la Unión Soviética. Desde que Norden desertó de nuestra organización en 1996, ha habido una tendencia en nuestro partido a amalgamar bajo el rubro de “retroceso en la conciencia” (un término que acuñé yo en la lucha contra Norden) el escepticismo respecto a la sociedad comunista futura, el triunfalismo imperialista occidental y el reformismo socialdemócrata tradicional. Algunos camaradas han argumentado que la principal diferencia que nos separa del resto de la izquierda versa sobre si el estado capitalista puede o no reformarse, como si estuviéramos en los tiempos de Lenin contra Kautsky en la secuela inmediata de la Revolución de Octubre.
Una formulación estándar tanto en nuestra literatura pública como en nuestro discurso interno es que el efecto de la “muerte del comunismo” ha sido internacionalmente “desigual”. El término “desigual” implica que el efecto puede medirse cuantitativamente en una escala lineal: muy alto en Estados Unidos y Francia, mucho más bajo en México y Sudáfrica. Como alguna vez fui estudiante de economía académica y después fui maestro, me imagino una gráfica de barras que mide y compara, por ejemplo, la producción nacional per cápita de distintos países. Pero el efecto diferencial que tuvo internacionalmente la “muerte del comunismo” no puede entenderse de ese modo. Lo que encontramos no son distintos niveles, sino distintas formas de la ideología postsoviética.
Tomemos por caso a Rusia. Al explicar el concepto de la “muerte del comunismo”, frecuentemente usamos la formulación de que la antigua Unión Soviética es considerada, en el mejor de los casos, un “experimento fallido”. Eso en general es cierto en Europa Occidental y Norteamérica. No es tan cierto en el Tercer Mundo. Y no es cierto en absoluto en Rusia. Todo lo contrario. El sector políticamente dominante de la nueva clase capitalista rusa, representado por Vladímir Putin, considera que la Unión Soviética fue el más exitoso de los experimentos, por decirlo así, de la construcción estatal centrada en Rusia. En 2005, Putin declaró que el colapso de la Unión Soviética había sido “la mayor catástrofe geopolítica del siglo XX” (citado en Edward Lucas, The New Cold War: Putin’s Russia and the Threat to the West [La nueva Guerra Fría: La Rusia de Putin y la amenaza al Occidente, 2008]). Supongo que en toda la sociedad rusa está extendida una actitud similar respecto a la antigua URSS.
En los últimos años, el régimen de Putin y en general la élite rusa han querido restaurar la reputación histórica de Stalin como el gran líder de una potencia mundial dominada por Rusia en el siglo XX. El embajador ruso en la OTAN adorna su oficina con un retrato de Stalin. Un popular programa de televisión, “El nombre de Rusia”, ubicó a Stalin como uno de los cinco personajes históricos más grandes del país (Economist, 27 de noviembre de 2008). En 2007, una guía educativa de patrocinio oficial, Una historia moderna de Rusia, 1945-2006: Manual para el maestro, comparaba favorablemente a Stalin con Pedro el Grande: “Stalin siguió la lógica de Pedro el Grande: exigir lo imposible...para obtener lo máximo posible”. Luego continúa:
“Él [Stalin] es considerado uno de los líderes más exitosos de la URSS. El territorio del país llegó a los límites del viejo imperio ruso (y en algunas áreas lo sobrepasó). Se consiguió la victoria en una de las mayores guerras; la industrialización de la economía y la revolución cultural se llevaron a cabo con éxito, lo que produjo no sólo educación de masas, sino el mejor sistema educativo del mundo. La URSS llegó a ser uno de los países líderes en ciencias; el desempleo fue prácticamente derrotado”.
—citado en Lucas, The New Cold War
No precisamente la descripción de un “experimento fallido”.
En cierto modo nos es más difícil lidiar con la forma que la “muerte del comunismo” presenta en Rusia que la que tiene en Europa Occidental y Norteamérica. En estas últimas regiones, la antigua Unión Soviética todavía se identifica principalmente con el “socialismo”, no con el “imperialismo ruso”. Stalin se considera un discípulo de Marx y Engels y como tal en general se le condena. En Rusia, Stalin se considera el sucesor de Pedro el Grande y Catalina la Grande, y como tal se le ensalza. Para muchos rusos, el comunismo no ha muerto porque nunca estuvo vivo.
Incluso antes de que la severidad de la actual desaceleración económica mundial se volviera evidente el pasado otoño, el triunfalismo del “libre mercado” había dejado de ser una corriente importante en el clima de la opinión burguesa incluso en Estados Unidos. Hoy, hay voceros prominentes y respetados del capital financiero estadounidense, como el antiguo director de la Reserva Federal, Paul Volcker, que anuncian una desaceleración global profunda y prolongada. Las comparaciones con la Gran Depresión de los años 30 se han vuelto un lugar común. El alcalde tory [conservador] de Londres comentó que en estos días leer el Financial Times de esa ciudad es como frecuentar una secta suicida milenarista. Sin embargo, ninguna opinión burguesa actual se muestra preocupada por la posibilidad de revoluciones socialistas inminentes en ningún lado o la resurrección de partidos comunistas de masas que reivindiquen la tradición marxista-leninista.
De fines y medios: Un recorrido histórico
En la sección titulada “La fase superior de la sociedad comunista” del capítulo V de El estado y la revolución, Lenin escribió:
“Desde el punto de vista burgués, es fácil declarar ‘pura utopía’ semejante régimen social y burlarse diciendo que los socialistas prometen a todos el derecho a recibir de la sociedad, sin el menor control del trabajo realizado por cada ciudadano, la cantidad que deseen de trufas, automóviles, pianos, etc. Con estas burlas siguen saliendo del paso, incluso hoy, la mayoría de los ‘sabios’ burgueses, que demuestran así su ignorancia y su defensa interesada del capitalismo”.
Con el término “sabios burgueses”, Lenin se refería a los intelectuales que apoyaban y justificaban abiertamente el sistema económico capitalista. Lenin no incluía en esta categoría a los voceros ideológicos de la II Internacional (Socialista), como Karl Kautsky, que se consideraba a sí mismo un marxista ortodoxo.
Si para 1917-1918 los líderes del ala derecha de los partidos socialdemócratas de masas (como Friedrich Ebert en Alemania, Albert Thomas en Francia o Emile Vandervelde en Bélgica) seguían creyendo o no subjetivamente en una futura sociedad socialista es un asunto distinto. Lo más probable es que no. Pero ninguno de ellos repudió públicamente la meta tradicional del movimiento socialista como proyecto utópico.
Al principio de la Revolución Alemana, en noviembre de 1918, el centrista Partido Socialdemócrata Independiente puso una serie de condiciones (exigencias) a su participación en un gobierno de coalición con el Partido Socialdemócrata (SPD) sobre la base de los consejos de obreros y soldados que entonces existían. La primera de ellas era: “Alemania debe ser una república socialista”. A eso, la dirección del SPD respondió: “Esta exigencia es la meta de nuestra propia política. Sin embargo es el pueblo quien debe decidir esto a través de la asamblea constituyente” (citado en John Riddell, ed., The German Revolution and the Debate on Soviet Power: Documents, 1918-1919: Preparing the Founding Congress [La Revolución Alemana y el debate sobre el poder soviético: Documentos, 1918-1919: Preparando el congreso de fundación, 1986]). Al atacar la Revolución de Octubre y a la recién nacida Internacional Comunista, los líderes socialdemócratas condenaban principalmente la dictadura del proletariado como una violación de la democracia, que identificaban con un gobierno de tipo parlamentario elegido por sufragio universal e igual.
Aquí es útil revisar el libro Moscú bajo Lenin, unas memorias que escribiera a finales de los años cuarenta y principios de los cincuenta Alfred Rosmer, colega y amigo de Trotsky. Rosmer había sido anarquista y después uno de los principales intelectuales sindicalistas de Francia, antes de sumarse a la recién fundada Internacional Comunista. En estos recuerdos, Rosmer narra la reacción inicial que provocó El estado y la revolución de Lenin entre los socialdemócratas ortodoxos como Kautsky y Jean Longuet (el nieto de Marx) así como entre los anarquistas:
“Era un libro extraordinario y su destino fue singular: Lenin, marxista y socialdemócrata, era atacado por los teóricos de los partidos socialistas que invocaban el marxismo: ‘¡Eso no es marxismo!’ gritaban, es una mezcla de anarquismo, de blanquismo; ‘de blanquismo a la salsa tártara’, escribía uno de ellos para hacer una frase ingeniosa. Por el contrario, este blanquismo y su salsa eran para los revolucionarios situados fuera del marxismo ortodoxo, sindicalistas y anarquistas, una agradable revelación. Jamás un lenguaje semejante salía de las bocas de los marxistas que ellos conocían”.
Louis-Auguste Blanqui (1805-1881) fue el último de los grandes representantes de la tradición comunista jacobina originada con la Conspiración de los Iguales de Babeuf en los últimos días de la Revolución Francesa. La concepción babeufista del comunismo (desarrollada en una sociedad preindustrial) tenía que ver con la distribución y el consumo más que con la producción y la superación de la escasez económica. Sin embargo, al calificar a Lenin de “blanquista”, Kautsky, Longuet et al. no se referían a ese aspecto de la perspectiva jacobino-comunista. El “blanquismo” de Lenin era para ellos el derrocamiento insurreccional del estado capitalista organizado y dirigido por un partido revolucionario de vanguardia.
Como señala Rosmer, El estado y la revolución fue muy bien recibido entre varios anarquistas y sindicalistas, algunos de los cuales creyeron que Lenin se estaba moviendo del marxismo hacia el campo político de ellos. Sin embargo, los anarquistas más cultivados en cuestiones de doctrina entendieron que, si bien Lenin estaba de acuerdo con la necesidad de un derrocamiento insurreccional del estado burgués, todavía sostenía, e incluso enfatizaba, el programa marxista de la dictadura del proletariado como transición a una sociedad plenamente comunista. A este respecto, Rosmer cita a un anarquista alemán, Erich Mühsam, que, estando preso en 1919, escribió:
“Las tesis teóricas y prácticas de Lenin sobre la realización de la revolución y de las tareas comunistas del proletariado han dado a nuestra acción una nueva base... Ya no hay obstáculos insuperables para la unificación del proletariado revolucionario entero. Los anarquistas comunistas, ciertamente, han tenido que ceder en el punto de desacuerdo más importante entre las dos grandes tendencias del socialismo; han debido renunciar a la actitud negativa de Bakunin ante la dictadura del proletariado y rendirse en este punto a la opinión de Marx”.
Para Mühsam, el “desacuerdo” entre Bakunin y Marx respecto a la dictadura del proletariado tenía que ver con el medio de llegar a un fin último que ambos compartían: una sociedad igualitaria sin clases y sin estado.
Todos sabemos que en una polémica política las ideas y posiciones que no se discuten son, a su modo, tan importantes como las que se discuten. Uno no discute contra posiciones que el oponente no sostiene y especialmente donde hay un terreno común. Por ejemplo, al polemizar contra liberales negros o izquierdistas radicales en Estados Unidos, no refutamos la falsa noción que exponen algunos racistas de derecha de que los negros son “inferiores” a los blancos. En 1918-1920, Lenin y Trotsky escribieron sendos libros polémicos contra Kautsky. En ningún lado de La revolución proletaria y el renegado Kautsky como tampoco en Terrorismo y comunismo se argumenta contra la posición de que la sociedad comunista en el sentido marxista sea algo utópico, pues Kautsky no defendía tal posición.
Adelantémonos hasta finales de los años treinta, cuando el movimiento comunista internacional estaba ya totalmente estalinizado. Consideremos específicamente al joven Maxime Rodinson, un intelectual judío francés que luego se convertiría en un prominente académico de izquierda especializado en el Medio Oriente y la sociedad islámica. En un ensayo de 1981 titulado “Autocrítica”, Rodinson recordó cuál fue el estado de espíritu que lo llevó a ingresar al Partido Comunista Francés en 1937 (al cual abandonó en 1958):
“La adhesión al comunismo implicaba, e implica todavía, comprometerse con una lucha que supuestamente le permitirá a la humanidad realizar un salto esencial y eminentemente benéfico: acabar con un sistema que permanentemente produce pobreza y crimen, que subyuga y condena a millones de personas a lo largo del mundo a una vida atroz o incluso a la muerte. La intención es crear una humanidad liberada en la que todos puedan florecer hasta donde se los permita su potencial, en la que el colectivo de seres libres controle la administración sobre las cosas y establezca el mínimo indispensable de reglas para armonizar las relaciones entre los seres humanos”.
—Cult, Ghetto, and State: The Persistence of the Jewish Question (Culto, gueto y estado: La persistencia de la cuestión judía, 1983)
Como intelectual, Rodinson podía articular las metas liberadoras del marxismo mejor que los muchos millones de obreros jóvenes que ingresaron a los partidos comunistas de Francia e Italia, la India y Vietnam y otros lugares durante la era de Stalin. Sin embargo, muchos de esos obreros —aunque ciertamente no todos— también estaban motivados por una visión del futuro de liberación social multilateral. No consideraban a los partidos comunistas como meras agencias políticas para defender y promover sus intereses económicos o sociales (por ejemplo, nacionales) dentro del sistema capitalista-imperialista existente.
En general, los obreros políticamente avanzados y los intelectuales izquierdistas que apoyaban a los partidos socialdemócratas de masas no compartían la concepción marxista de una sociedad genuinamente comunista. Pero ellos también aspiraban a una sociedad radicalmente diferente y mejor que la presente. En 1961, un intelectual socialdemócrata de izquierda, el británico Ralph Miliband, publicó un libro altamente crítico del Partido Laborista titulado Parliamentary Socialism: A Study of the Politics of Labour [Socialismo parlamentario: Un estudio de la política del laborismo]. El libro apareció en la secuela inmediata de un intento fallido por parte de los líderes del ala derecha del partido por deshacerse de la Cláusula IV de la constitución partidista de 1918. La Cláusula IV en general se consideraba el programa máximo del Partido Laborista: “Asegurar a los trabajadores manuales e intelectuales la plenitud de los frutos de su industria y la más equitativa distribución de todo cuanto sea posible, sobre la base de la propiedad común de los medios de producción, distribución e intercambio”. Al describir la batalla sobre la Cláusula IV que tuvo lugar en 1959-1960, Miliband escribió: “Ante la violenta resistencia [por parte de las bases obreras del partido] que encontró, la propuesta tuvo que abandonarse”. Para los años 80, ya nadie hubiera usado el término “socialismo parlamentario” para encapsular el programa o incluso la doctrina oficial del Partido Laborista británico. Y, en 1995, la Cláusula IV fue suprimida del programa formal del partido en una conferencia especial, pese a la oposición de algunos de los grandes sindicatos.
De principios a mediados de los años 60, hubo en Estados Unidos una radicalización de izquierda entre la juventud estudiantil y algunos intelectuales de mayor edad. Una expresión institucionalizada de esto fue la Conferencia de Académicos Socialistas que se celebraba anualmente en la ciudad de Nueva York. En 1966, los organizadores de la conferencia invitaron al historiador marxista Isaac Deutscher a dar una presentación sobre el “hombre socialista”. En esa época, el carácter cultural y sicológico de una sociedad verdaderamente socialista era un asunto de vivo interés entre los jóvenes intelectuales izquierdistas no sólo en Estados Unidos, sino en todo el mundo. Por ejemplo, a principios de los años 60, el Ché Guevara escribía sobre la eliminación del trabajo enajenado en la Cuba “socialista”. Para un análisis retrospectivo del pensamiento de Guevara a este respecto, ver: “‘Radical Egalitarian’ Stalinism: A Post Mortem” [Estalinismo “igualitario radical”: Un post mortem] en Spartacist [Edición en inglés] No. 25 (verano de 1978). En su presentación sobre el “hombre socialista”, Deutscher tocó diversos puntos en los que la generación postsoviética de activistas de izquierda no está pensando en absoluto.
Huntington contra Fukuyama, otra vez
Empecé a desarrollar mis pensamientos sobre la “muerte del comunismo” y las condiciones ideológicas del mundo postsoviético principalmente durante las discusiones informales que tuve con Norden entre 1991 y su salida de nuestra organización en 1996. Como ya se ha señalado, Norden identificaba la “muerte del comunismo” principalmente como una expresión del triunfalismo imperialista estadounidense. Así, él solía ligar ese término con la fórmula de un “nuevo orden mundial”, que George Bush había proclamado en el momento de la Guerra del Golfo de 1991 contra Irak. Norden creía que el que el cuerpo central de la dirección de nuestra tendencia hubiera reconocido que el carácter del periodo postsoviético estaba marcado por un retroceso histórico en la conciencia de la clase obrera internacionalmente era una capitulación a las presiones del triunfalismo imperialista estadounidense.
La forma en que Norden enfocaba esta cuestión estaba influenciada por las opiniones del intelectual de derecha estadounidense (entonces neoconservador) Francis Fukuyama, que declaró que el colapsó del bloque soviético había marcado “el fin de la historia”. Una versión sobresimplificada de la tesis del “fin de la historia” de Fukuyama llegó a ser muy conocida entre lo que podría llamarse el público educado estadounidense, el tipo de gente que está suscrito al New York Review of Books y ocasionalmente lee el Foreign Affairs. No sé si Norden leyó realmente a Fukuyama. Yo sí lo hice, y también leí a otros ideólogos burgueses de la derecha estadounidense, especialmente a Samuel P. Huntington y Zbigniew Brzezinski, quienes disentían fuertemente de la versión color de rosa que tenía Fukuyama del mundo postsoviético. Estoy volviendo a este debate porque me fue útil para entender la relación entre la “muerte del comunismo” y las diversas corrientes postsoviéticas de la ideología burguesa, especialmente en los países capitalistas occidentales (pero no exclusivamente en ellos).
Fukuyama tomó el término y el concepto de “fin de la historia” del filósofo alemán Georg Hegel. Hegel usó esa expresión para describir las consecuencias histórico-mundiales de la Batalla de Jena de 1806, en la que el ejército de la Francia napoleónica derrotó al reino de Prusia. Tras la batalla, los franceses ocuparon y gobernaron el sur y el oeste de Alemania. Hegel estuvo entre los pocos intelectuales alemanes prominentes que apoyó al régimen napoleónico, al que consideraba históricamente progresivo, y colaboraron con él.
La concepción hegeliana del “fin de la historia” tenía un componente negativo y uno positivo. El componente negativo era que la ideología dominante de la Europa feudal tardía —el absolutismo monárquico sancionado y apoyado por las iglesias cristianas— había perdido su antiguo poder de determinar el curso futuro de la historia. El componente positivo era que los principios liberales de la Revolución Francesa, tal y como Hegel los entendía (y como los representaba Napoleón), habían llegado a ser capaces de conquistarlo todo en el ámbito de las ideas y con el tiempo se establecería a lo largo de Europa un nuevo orden sociopolítico en conformidad con el nuevo Zeitgeist (espíritu de los tiempos).
De igual modo, la versión de Fukuyama del “fin de la historia” tenía componentes negativos y positivos. El componente negativo, desde luego, era la “muerte del comunismo”:
“Si bien todavía hay en el mundo poder comunista, éste ha dejado de reflejar una idea dinámica y atractiva. Quienes se consideran a sí mismos comunistas se ven obligados a librar continuas batallas de retaguardia para preservar algo de su antigua posición y su antiguo poder. Los comunistas se encuentran en la poco envidiable situación de defender un orden social viejo y reaccionario cuya hora ha pasado ya hace mucho, como los monárquicos que lograron llegar al siglo XX”.
—The End of History and the Last Man (El fin de la historia y el último hombre, 1992)
Aquí Fukuyama expresa lo que es una moneda corriente entre todas las tendencias de la ideología burguesa postsoviética.
Eran las conclusiones positivas que sacó del colapso del bloque soviético las que constituían el núcleo de su tesis del “fin de la historia”. Sostenía que los valores socioculturales y las correspondientes instituciones económicas y políticas del mundo capitalista occidental terminarían por imponerse eventualmente a escala global:
“Es en este marco donde el carácter marcadamente mundial de la revolución liberal adquiere una especial significación, puesto que constituye una evidencia más de que está operando un proceso que dicta un patrón evolutivo común para todas las sociedades humanas; en pocas palabras, algo así como una Historia Universal de la Humanidad en dirección a la democracia liberal...
“Y si hemos llegado a un punto en el que se ha vuelto difícil imaginar un mundo sustancialmente distinto al nuestro, en el que el futuro no representa de ninguna manera evidente u obvia una mejoría respecto a nuestro orden actual, luego entonces debe considerarse la posibilidad de que la Historia misma haya llegado a su fin” [énfasis en el original].
La noción de Fukuyama de una “revolución liberal” universalmente triunfante sufrió un denso fuego por parte de algunos voceros intelectuales prominentes del imperialismo estadounidense. Su principal antagonista fue Samuel P. Huntington, que contraponía su propia tesis del “choque de civilizaciones” al “fin de la historia” de Fukuyama. Refiriéndose a este último, Huntington comentó con condescendencia: “El momento de euforia del fin de la Guerra Fría generó una ilusión de armonía, que pronto se reveló como tal” (The Clash of Civilizations and the Remaking of World Order [El choque de civilizaciones y la reconstrucción del orden mundial, 1996]). Sin duda, Huntington concordaba con Fukuyama en que ya nunca podría haber estados poderosos ni un movimiento político internacional con apoyo de masas que afirmara representar una alternativa universal, como el comunismo, al capitalismo tipo occidental y la “democracia”. Pero también sostenía que una buena parte del mundo —y en particular Rusia, el Oriente islámico y China— se vería dominada por gobiernos y movimientos políticos antioccidentales basados en valores y tradiciones nacionales y religioso-culturales:
“En este nuevo mundo, los conflictos más generalizados, importantes y peligrosos no serán entre clases sociales, entre ricos y pobres, ni entre otros campos económicamente definidos, sino entre pueblos provenientes de diferentes entidades culturales...
“La civilización occidental es la más poderosa y seguirá siéndolo durante muchos años. Sin embargo, comparado con el de otras civilizaciones, su poder está declinando. Cuando el Occidente intenta afirmar sus valores y proteger sus intereses, las sociedades no occidentales enfrentan una alternativa. Algunas intentan emularlo o colgarse de él. Otras sociedades confucianas e islámicas intentan expandir su propio poder militar y económico para resistir y ‘contrarrestar’ a Occidente. Un eje central de la política mundial posterior a la Guerra Fría es, pues, la interacción del poder y la cultura occidentales con el poder y la cultura de civilizaciones no occidentales”.
El debate Huntington/Fukuyama subraya la necesidad de que diferenciemos entre la creencia en la “muerte del comunismo”, que es generalizada y sigue siendo actual, y el limitado y efímero triunfalismo imperialista estadounidense en la secuela inmediata de la caída de la Unión Soviética.
Breves conclusiones
Una pregunta importante que enfrentamos puede ser formulada de este modo: ¿es posible que un levantamiento espontáneo, que implique a grandes sectores de la clase obrera, contra un gobierno derechista, pueda llevar a situaciones prerrevolucionarias o incluso revolucionarias (es decir, a órganos de poder dual) aun si la masa de los obreros y los trabajadores en general no aspira al socialismo? Yo creo que sí. Aunque nunca hemos experimentado semejante acontecimiento, no debemos descartarlo. Por ahora, nuestra tarea principal consiste en propagar una visión marxista del mundo con la expectativa de reclutar cantidades relativamente pequeñas de intelectuales izquierdistas y obreros avanzados. Parafraseando a John Maynard Keynes: cuando la realidad cambie, cambiarán nuestras perspectivas.
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2016.06.07 03:00 ShaunaDorothy Los imperialistas estadounidenses restablecen relaciones diplomáticas - ¡Defender las conquistas de la Revolución Cubana! ¡Por la revolución política obrera en Cuba! (Marzo de 2015)

https://archive.is/ozkKB
Espartaco No. 43 Marzo de 2015
El siguiente artículo ha sido traducido de Workers Vanguard No. 1059 (9 de enero), periódico de nuestros camaradas de la Spartacist League/U.S.
Durante más de medio siglo, los imperialistas estadounidenses han intentado incansablemente derrocar la Revolución Cubana y restaurar el dominio del capital en la isla: desde la invasión de Playa Girón (Bahía de Cochinos) en 1961 hasta los constantes intentos de asesinar a Fidel Castro, y de las provocaciones terroristas de la CIA y los gusanos del exilio cubano hasta actos de sabotaje. Ahora la Casa Blanca de Obama ha anunciado su intención de “cambiar de curso” con Cuba y restaurar relaciones diplomáticas, es decir, busca conseguir el mismo fin estratégico a través de medios más efectivos. Fue a raíz de la expropiación por el gobierno de Castro de la clase capitalista de la isla en 1960, lo que trajo tan enormes conquistas para las masas cubanas, que Washington rompió relaciones con La Habana.
Lo que se propone es relativamente modesto: relajar diversas restricciones de viaje, autorizar algunas ventas y exportaciones comerciales y facilitar las transacciones bancarias entre los dos países. El paralizante embargo estadounidense, un acto de guerra económica que por décadas ha estrangulado a los obreros y campesinos cubanos, se afloja pero no se levanta. Obama dice que sin la aprobación del Congreso no puede derogar las leyes Torricelli y Helms-Burton. Tras el colapso de la Unión Soviética en 1991-92, lo que terminó con la crucial ayuda económica y militar a Cuba, estas leyes apretaron el embargo. Promulgadas bajo el demócrata Clinton, buscaban “desatar el caos en la isla”. ¡Abajo el embargo!
Desde el punto de vista de los marxistas revolucionarios, Cuba tiene derecho a establecer relaciones diplomáticas y económicas con cualquier país capitalista que desee, sobre todo para intentar superar el muy real problema de su estancamiento económico. Aumentar los vínculos comerciales y financieros con las corporaciones estadounidenses no significaría una restauración progresiva del capitalismo. Sin embargo, esto implicará un peligro muy real de fortalecer las fuerzas internas de la contrarrevolución capitalista en la isla.
Mientras tanto, la presencia de una base naval y centro de detención y tortura estadounidense en la Bahía de Guantánamo —donde hay unos 130 prisioneros de la “guerra contra el terrorismo” de EE.UU.— es un recordatorio de que Cuba sigue en la mira militar del imperialismo. Aunque el año pasado fueran liberadas decenas de prisioneros, Obama no está dispuesto a cerrar ese calabozo, ni mucho menos a devolver Guantánamo a Cuba. ¡Estados Unidos fuera de Guantánamo ahora!
El deshielo en las relaciones entre los dos países se dio tras más de un año de negociaciones, albergadas por el gobierno canadiense e impulsadas por el Vaticano. Como los anteriores directores generales del imperialismo estadounidense, Obama tiene con respecto a Cuba intenciones abiertamente revanchistas. Bajo su presidencia, la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) —notoria por haber trabajado con la CIA desde principios de los años 60— ha fraguado diversos planes contrarrevolucionarios para sembrar descontento proimperialista en la isla. Una conspiración reciente incluía la infiltración de grupos clandestinos de hip-hop cubanos con la intención de detonar un movimiento juvenil contra el régimen.
Como parte del reciente acuerdo, Obama liberó a los últimos tres de los Cinco Cubanos que seguían bajo custodia tras haber sido condenados en 2001 bajo cargos falsos de espionaje y conspiración para cometer asesinato. La libertad de los Cinco Cubanos, hombres que heroicamente intentaban impedir actos terroristas en Cuba infiltrando y monitoreando a los grupos de cubanos exiliados en Florida, debe celebrarse. A cambio, el presidente cubano Raúl Castro devolvió a dos espías estadounidenses, el ex agente de inteligencia cubano Rolando Sarraff Trujillo —quien facilitó el arresto y la incriminación de los Cinco Cubanos— y el contratista de la USAID Alan Gross, quien fuera enviado a Cuba para introducir de contrabando equipo de cómputo y comunicación para espionaje.
La Liga Comunista Internacional siempre ha luchado por la defensa militar incondicional de Cuba frente a la amenaza de la contrarrevolución capitalista interna y el ataque imperialista. Esto fluye de nuestro entendimiento de que Cuba es un estado obrero donde el capitalismo fue derrocado. Sin embargo, desde su origen ha estado burocráticamente deformado, es decir, una burocracia parasitaria monopoliza el poder político. La base material de esta burocracia es la administración de la economía colectivizada en condiciones de escasez.
La eliminación de la producción para la ganancia, junto con el establecimiento de una planificación central y el monopolio estatal del comercio y la inversión exteriores, le permitió a Cuba garantizar a todos empleo, vivienda y educación. Hasta la fecha, Cuba tiene uno de los índices de alfabetización más altos del mundo y una tasa de mortandad infantil inferior a la de Estados Unidos o la Unión Europea. Su célebre sistema de salud, con más médicos per cápita que los de cualquier otro lugar, ofrece gratuitamente atención médica de calidad superior a la de muchos países avanzados. Los médicos cubanos han salvado vidas en todo el mundo y regularmente se les envía a ayudar a las víctimas de desastres, incluyendo la crisis del ébola en África. Es un testimonio de la superioridad de la economía colectivizada el que una isla pequeña y relativamente pobre haya sobrevivido por tanto tiempo bajo las paralizantes sanciones económicas y provocaciones militares de la bestia estadounidense, a menos de 150 kilómetros de sus costas.
En su discurso del 20 de diciembre donde anunció a la Asamblea Nacional de Cuba el reacercamiento con Estados Unidos, Raúl Castro advirtió contra las “terapias de choque” o la aceleración de las privatizaciones como recurso para revivir la estancada economía del país, lo que, dijo, significaría “arriar las banderas del socialismo”. Pero el socialismo es una sociedad igualitaria y sin clases basada en la abundancia material a escala internacional. Mientras un estado obrero esté aislado, se verá sujeto a la enorme presión del mundo capitalista circundante, presión que lo socavará y terminará por destruirlo. El destino de Cuba y su avance al socialismo dependen de la lucha por el poder proletario en toda Latinoamérica y el resto del mundo, especialmente en Estados Unidos.
Desde el principio, la política de la burocracia castrista de La Habana ha demostrado ser un obstáculo a esta perspectiva. Siguiendo los pasos de la burocracia estalinista de la antigua Unión Soviética, el régimen cubano se comprometió con el dogma nacionalista de construir el “socialismo en un solo país”. Esto ha significado oponerse a las posibilidades de revolución fuera de la isla. A principios de los años setenta, Fidel Castro abrazó al gobierno de frente popular de Chile encabezado por Salvador Allende, cuyo propósito era decapitar la amenaza de una revolución obrera y desarmar políticamente al combativo proletariado, pavimentando el camino al sangriento golpe de estado militar de Pinochet. Una década después, cuando los pequeñoburgueses sandinistas de Nicaragua derrocaron a la opresiva dictadura de Somoza haciendo añicos al estado capitalista, Fidel les aconsejó que no siguieran el camino cubano de expropiar a la burguesía. Los castristas siempre han promovido regímenes nacionalistas burgueses, lo que incluye la glorificación del fallecido caudillo populista venezolano Hugo Chávez como un supuesto revolucionario.
Así, la defensa de la Revolución Cubana está directamente ligada al llamado trotskista por una revolución política proletaria que derroque a la burocracia castrista y ponga en el poder a la clase obrera, estableciendo un régimen basado en la democracia obrera y el internacionalismo revolucionario. Esto requiere forjar un partido de vanguardia leninista-trotskista que movilice a las masas trabajadoras cubanas en lucha.
Depredaciones imperialistas y “reformas de mercado”
Como era de esperarse, el relajamiento de las restricciones respecto a Cuba enfureció al nido de víboras anticomunistas del exilio cubano y sus criaturas, como el senador de Florida Marco Rubio. En cambio, fue celebrado por vastos sectores de la burguesía, incluyendo a la patronal Cámara de Comercio y a los voceros de los medios de comunicación capitalistas. En los últimos meses, el New York Times ha llamado repetidas veces a levantar el embargo. Considerando contraproducente y anticuada la beligerante política estadounidense, una editorial de la revista Forbes (16 de enero de 2013) señaló: “Tiene poco sentido mantener un embargo permanente sobre una nación en desarrollo que avanza hacia la reforma, especialmente cuando los aliados de Estados Unidos son hostiles al embargo. Impide que cobre vida una discusión más amplia sobre una reforma inteligente en Cuba y económicamente carece de sentido”.
El gobierno de Obama ha proclamado que desea una Cuba “democrática, próspera y estable”, lo que para él significa devolver a la isla a su estatus neocolonial mediante la restauración del capitalismo, introducir inversiones redituables para los gobernantes de EE.UU. basadas en la mano de obra barata e instalar un régimen político dócil. Los capitalistas europeos y canadienses han podido penetrar en el mercado cubano mediante su participación en empresas mixtas y esperan inundar el país con importaciones baratas. Varias corporaciones de la Fortune 500, incluyendo a Caterpillar, Colgate-Palmolive y Pepsico, temen haberle cedido este mercado a sus competidores.
Es mucho lo que está en juego: en última instancia, o la única economía socializada de Latinoamérica triunfa mediante la extensión internacional de la revolución, o la contrarrevolución capitalista convierte nuevamente a Cuba en el patio de juegos de la burguesía estadounidense. En La revolución traicionada (1936), el dirigente revolucionario marxista León Trotsky describió la situación que enfrentaba el estado obrero degenerado soviético, es decir, aquella de verse rodeado por economías capitalistas más avanzadas industrial y tecnológicamente. Trotsky escribió: “Pero en sí misma, la pregunta ¿quién triunfará?, no solamente en el sentido militar de la palabra, sino ante todo, en el sentido económico, se le plantea a la URSS a escala mundial. La intervención armada es peligrosa. La introducción de mercancías a bajo precio, viniendo tras los ejércitos capitalistas, sería infinitamente más peligrosa”. Esta observación es relevante con respecto a los peligros que Cuba enfrenta hoy.
Durante treinta años, Cuba se benefició de grandes subsidios soviéticos. En la última década, se ha apoyado mucho en la Venezuela capitalista como su principal socio comercial, obteniendo de ella petróleo barato. Pero esta situación es precaria, pues la propia Venezuela enfrenta una grave crisis como consecuencia de la caída mundial de los precios del petróleo, está acosada por la inflación y recientemente fue golpeada por nuevas sanciones vengativas de Estados Unidos.
Cuba nunca se recuperó del todo de la severa crisis que sufrió tras la restauración del capitalismo en la Unión Soviética. Desde el llamado “Periodo Especial” de principios de los años noventa, la burocracia cubana ha abierto el país a la penetración económica imperialista, entregando a través de “reformas de mercado” sectores de la economía colectivizada a empresas privadas a pequeña escala. Ésta y otras medidas, como alentar el autoempleo en el sector de servicios y conceder mayor autonomía a las empresas públicas, han aumentado la desigualdad en la isla. Los cubanos negros, quienes obtuvieron grandes conquistas de la revolución, se han visto particularmente golpeados, pues tienen menos oportunidad de acceder a las divisas, ya sea recibiendo remesas del exterior u ocupando empleos en el sector turístico.
Cuba tiene hoy una considerable inversión imperialista y aspira a tener más. A 50 kilómetros de La Habana, en el puerto profundo de Mariel, el gobierno cubano está permitiendo la construcción de una zona económica especial de “libre comercio”, capaz de recibir a los buques cargueros más grandes del mundo. Brasil ya ha destinado casi mil millones de dólares al proyecto. Ahora que se ha planteado la renovación del comercio con Estados Unidos, repetimos nuestra advertencia de que ese acontecimiento “subraya la importancia del monopolio estatal [cubano] sobre el comercio exterior —es decir, un estricto control gubernamental sobre las importaciones y las exportaciones”— (“Cuba: Crisis económica y ‘reformas de mercado’”, Espartaco No. 34, otoño de 2011).
El régimen cubano ha restablecido lazos y promovido a la reaccionaria Iglesia Católica en la isla, un potencial caldo de cultivo de la contrarrevolución capitalista. Tanto Obama como Castro aplaudieron al papa Francisco por su papel en las negociaciones. Este papa jesuita le ha dado al Vaticano un poco de cirugía cosmética, proponiendo hacer la iglesia más incluyente (aunque sin dejar de oponerse testarudamente al aborto y la ordenación de mujeres) y predicando contra la “tiranía” del capitalismo, aunque sus intenciones no son menos siniestras que las de sus predecesores.
El Vaticano es tristemente célebre por haber apoyado las dictaduras militares latinoamericanas y promovido la restauración del capitalismo bajo el disfraz de elecciones supuestamente libres y reformas “democráticas”. El cardenal cubano Jaime Ortega —quien fue confinado en un campo de detenidos durante los primeros años de la revolución cuando se quebró el dominio de la iglesia— es, junto con el papa Francisco, uno de los mayores promotores de esas reformas en la isla. En 1998, Fidel recibió con entusiasmo al papa Juan Pablo II, y en 2012 a Benedicto XVI. En todo el país hay fotos y monumentos conmemorando el encuentro entre Castro y Juan Pablo, santo patrón de las contrarrevoluciones, quien tan arduamente trabajó por restaurar el capitalismo en los estados obreros deformados de Europa Oriental, especialmente en su natal Polonia.
Defendiendo a Cuba en la encrucijada
Las fuerzas guerrilleras que entraron en La Habana en 1959 bajo la dirección de Fidel Castro eran un grupo pequeñoburgués políticamente heterogéneo. Su victoria no sólo derribó al odiado régimen de Batista, sino que hizo añicos todo el viejo aparato estatal. El nuevo gobierno llevó a cabo una serie de reformas liberales, pero la redistribución agraria y las medidas tomadas contra los torturadores de Batista asustaron a los partidarios burgueses de Castro, quienes empezaron a huir a Miami. Estas medidas también alarmaron a Washington, el cual emprendió una acción punitiva que obligó a Castro a firmar un tratado comercial con la Unión Soviética. El que las refinerías de propiedad imperialista se negaran a refinar el crudo soviético provocó que Cuba nacionalizara las propiedades estadounidenses, a las que siguieron todos los bancos y negocios en octubre de 1960, lo que liquidó a la burguesía cubana como clase. Hoy, las corporaciones como la United Fruit, Standard Oil y Texaco están salivando ante la posibilidad de obtener compensaciones por las nacionalizaciones que sufrieron hace medio siglo.
Lo mejor que pudo surgir de la Revolución Cubana —en ausencia de la toma del poder por el proletariado dirigido por un partido revolucionario de vanguardia— fue la creación de un estado obrero deformado. Explicando cómo fue que un movimiento guerrillero basado en el campesinado pudo derrocar el dominio capitalista, en la “Declaración de principios”, adoptada en la Conferencia de Fundación de la Spartacist League en 1966, escribimos:
“Movimientos de esta índole pueden bajo ciertas condiciones —es decir, la desorganización extrema de la clase capitalista en el país colonial y la ausencia de una clase obrera que luche por derecho propio por el poder social— destruir las relaciones de propiedad capitalista. Sin embargo no pueden llevar a la clase obrera al poder político. Al contrario crean regímenes burocráticos antiobreros que suprimen todo desarrollo ulterior de estas revoluciones hacia el socialismo”.
—“Declaración de principios de la Spartacist League”, Cuadernos Marxistas No. 1
Esta revolución no hubiera sobrevivido si la Unión Soviética no hubiera aportado un contrapeso militar al imperialismo y un salvavidas a la economía cubana. Hoy, cuando no hay nada parecido a esa ayuda, no existe más la ventana histórica que permitió que fuerzas pequeñoburguesas crearan un estado obrero deformado.
La lucha por defender y extender la Revolución Cubana ha sido un distintivo de nuestra tendencia desde su origen como la Revolutionary Tendency (RT, Tendencia Revolucionaria), una minoría dentro del Socialist Workers Party (SWP, Partido Obrero Socialista) estadounidense. La mayoría del SWP equiparaba al régimen de Castro con el gobierno revolucionario bolchevique de Lenin y Trotsky. Al hacerlo, los líderes de la mayoría del SWP rechazaban abiertamente tanto la necesidad de un partido leninista-trotskista que aportara una dirección revolucionaria, como la centralidad del proletariado en la lucha por la revolución socialista.
Habiendo perdido la esperanza en esa perspectiva, el SWP elogió acríticamente a la burocracia castrista. En enero de 1961 el SWP adoptó las “Tesis sobre la Revolución Cubana” de Joseph Hansen, las cuales declaraban que Cuba había “entrado a la fase de transición a un estado obrero, aunque todavía no poseía las formas de la democracia obrera”.
Más de medio siglo después, nuestro análisis y programa trotskistas han resistido la prueba del tiempo. Los que ayer eran porristas de la burocracia castrista se han hecho más viejos, pero no más sabios. En un artículo fechado el 23 de diciembre y publicado en counterpunch.org, Jeff Mackler, el principal mandamás de Socialist Action (SA, Acción Socialista), un retoño del reformista SWP, poseído por el fantasma de Hansen, escribe: “Aunque a Cuba todavía [¡!] le faltan las instituciones formales y vitalmente necesarias de la democracia obrera,...la actual dirigencia cubana no se ha convertido en una casta endurecida cuyos intereses sólo puedan defenderse mediante la represión”.
De hecho, la casta burocrática encabezada por los Castro siempre ha excluido a la clase obrera del poder político, usando la represión y la ideología del nacionalismo para mantener a los obreros y campesinos cubanos atomizados y políticamente pasivos. El régimen de Castro no sólo encarcela disidentes que colaboran activamente con el imperialismo estadounidense, también reprime a oponentes prosocialistas, incluyendo a militantes como los trotskistas en los años sesenta. Esto ilustra la naturaleza inherentemente contradictoria de la casta burocrática estalinista, la cual se equilibra entre la burguesía imperialista, por un lado, y la clase obrera, por el otro.
Mackler hace hasta lo imposible para presentar al “equipo Castro” como los grandes custodios del socialismo. Elogia las reformas de mercado de la burocracia —que, según él, “dentro del marco de los ideales socialistas, buscan hacer más eficiente la economía cubana”— y grazna absurdamente que estas reformas fueron “presentadas para su discusión, debate y modificación” a “millones de cubanos” antes de llevarse a la práctica.
Las reformas orientadas al mercado son un intento de responder al estancamiento económico dentro del marco del control burocrático estalinista de la economía. Como escribimos en el artículo: “For Central Planning Through Soviet Democracy” (Por una planificación central mediante la democracia soviética, WV No. 454, 3 de junio de 1988):
“La economía planificada...sólo puede ser eficaz cuando los obreros, la intelectualidad técnica y los gerentes se identifican con el gobierno que emite los planes...
“Dentro del marco del estalinismo, hay una tendencia inherente a remplazar la planificación y la administración centrales con mecanismos de mercado. Dado que los gerentes y los obreros no pueden ser sometidos a la disciplina de la democracia de los soviets (consejos obreros), la burocracia tiende a ver cada vez más la sujeción de los actores económicos a la disciplina de la competencia de mercado como la única respuesta a la ineficiencia económica”.
Los consejos obreros no son sólo otras “formas” de poder proletario, sino que son esenciales para la operación racional de una economía planificada y socializada.
Mackler sostiene también que los “esfuerzos humanitarios” que Cuba lleva a cabo en el exterior son testimonio de “una orientación revolucionaria y socialista que continúa”. Muchas de las intervenciones internacionales de Cuba han sido ciertamente heroicas, especialmente cuando el país envió a África en los años setenta miles de efectivos para ayudar a Angola a defender su recién conquistada independencia de Portugal contra fuerzas locales reaccionarias apoyadas por el imperialismo estadounidense y la Sudáfrica del apartheid. Sin embargo, el objetivo de los estalinistas cubanos no fue nunca ayudar en el derrocamiento del capitalismo en África; su intervención expresaba su apoyo político a los nacionalistas burgueses angoleños a cuyo lado luchaban. Incluso estando en la mira de las armas estadounidenses, la intención de Fidel Castro fue siempre una “détente” [distención] a través del ala “progresista” del imperialismo estadounidense, es decir, el Partido Demócrata.
Mientras los falsos trotskistas como SA se deshacen en elogios a los estalinistas cubanos, en otras partes se unen a las cruzadas anticomunistas por la “democracia” del imperialismo. SA se alió con los peores enemigos de la Revolución Cubana al defender a las fuerzas capitalistas-restauracionistas que se movilizaron contra el estado obrero degenerado soviético en los años ochenta, incluyendo al “sindicato” contrarrevolucionario polaco Solidarność, el favorito del papa Juan Pablo II.
Otros seudosocialistas se oponen al régimen de Castro desde el punto de vista de una virulenta hostilidad anticomunista al estado obrero cubano mismo. Ese es el caso de la estadounidense International Socialist Organization (ISO, Organización Socialista Internacional), los primos desheredados de la tendencia internacional de Tony Cliff. Los cliffistas son conocidos por haber descartado a Cuba, junto con China y todo el antiguo bloque soviético de Europa del Este, como “regímenes capitalistas de estado” que “no tienen nada que ver con el socialismo”.
Escribiendo en la revista Jacobin (22 de diciembre), Samuel Farber, quien publica frecuentemente en la prensa de la ISO, celebró el restablecimiento de las relaciones con Estados Unidos como una “importante conquista del pueblo cubano”. Según Farber, quien seguramente obtiene sus criterios del Departamento de Estado de EE.UU., ese acuerdo “puede mejorar los estándares de vida de los cubanos y ayudar a liberalizar las condiciones de su opresión política y su explotación económica, aunque no necesariamente a democratizarlas”. Para Farber, Cuba no es más que otro estado sujeto a la “explotación” capitalista, aunque difiere de Estados Unidos por su falta de “democracia”.
Los revolucionarios de Estados Unidos tienen un deber especial de defender a Cuba contra la restauración capitalista y del rapaz imperialismo estadounidense. Esto no puede reducirse a la cuestión de preservar la cultura cubana única ni a simplemente bloquear las incursiones de los monopolios imperialistas a la isla. El futuro de las masas cubanas —ligado al de la liberación de cientos de millones de trabajadores de América Latina y vinculado a la lucha por la emancipación de los explotados y los oprimidos en las entrañas del monstruo estadounidense— es una cuestión de clase. Luchamos por forjar un partido obrero revolucionario en Estados Unidos como sección de una Cuarta Internacional trotskista reforjada. Un partido así imbuiría a la multirracial clase obrera estadounidense con el entendimiento de que la defensa de la Revolución Cubana es una parte integral de su propia lucha contra sus gobernantes capitalistas y por la revolución socialista mundial.■
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/43/cubana.html
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2016.06.07 02:38 ShaunaDorothy Niños fugándose de los infiernos creados por EE.UU. - Refugiados centroamericanos: ¡Déjenlos quedarse! ¡Plenos derechos de ciudadanía para todos los inmigrantes! (Octubre de 2014)

https://archive.is/sBQxB
Espartaco No. 42 Octubre de 2014
Traducido de Workers Vanguard No. 1050, 8 de agosto.
Desde octubre de 2013 hasta junio de este año, la Patrulla Fronteriza detuvo a 57 mil niños no acompañados a lo largo de la frontera entre México y Estados Unidos: más del doble de los que capturaron durante los doce meses previos. Este incremento es parte de una tendencia a la alza durante los últimos tres años en el número de jóvenes migrantes, en gran mayoría provenientes de Honduras, Guatemala y El Salvador. La aterradora violencia y miseria extrema de las que huyen estos refugiados son resultado directo del dominio imperialista estadounidense sobre Centroamérica. Durante las últimas décadas, el tejido social de estos países se ha visto desgarrado por factores que van desde las guerras sucias de la década de 1980 (orquestadas por EE.UU.) hasta la creciente militarización bajo el pretexto de la “guerra contra las drogas”, pasando por la devastación económica producto de los tratados de “libre comercio” impuestos por Estados Unidos.
Las imágenes de junio de jóvenes migrantes comprimidos como sardinas en centros de detención atiborrados reencendieron el debate político sobre la “reforma” migratoria. El Partido Republicano y los comentaristas políticos de derecha aprovecharon la oportunidad para acusar a Obama de ser “laxo” en cuestiones migratorias. Mientras tanto, un frenesí reaccionario envolvió a varias ciudades fronterizas: de manera más dramática, en Murrieta, California, una turba, que incluía neonazis y Minutemen, llevó a cabo bloqueos contra los camiones que transportaban inmigrantes y escupió su veneno contra ellos. Varios pueblos y condados han adoptado o están considerando resoluciones para impedir que los inmigrantes sean alojados temporalmente ahí.
El presidente Obama ha enfatizado que los miles de niños refugiados no podrán quedarse en el país. En una entrevista del 27 de junio, aleccionó a los padres, diciendo: “No manden a sus hijos a la frontera”. Y después agregó: “Incluso si logran cruzar, van a ser mandados de regreso”. El “deportador en jefe” —que ha establecido un récord deportando a más de dos millones de inmigrantes en lo que va de su gobierno— solicitó al Congreso un paquete de ayuda de emergencia de 3 mil 700 millones de dólares, la mayoría de los cuales estarían destinados a fortalecer la seguridad en la frontera y acelerar las deportaciones.
Con este mismo objetivo, Obama está determinado a enmendar una ley de 2008 contra el tráfico de niños firmada por George W. Bush. Esta ley autoriza la expulsión inmediata de los niños mexicanos pero requiere que los niños de otros países que no hacen frontera, como es el caso de los centroamericanos, sean canalizados al Departamento de Salud y Servicios Humanos. Una vez ahí, deben pasar por un juicio migratorio o ser entregados a un familiar en EE.UU. Lo que busca ahora la Casa Blanca es dar a la Patrulla Fronteriza el poder para expulsar a estos niños tan rápido como sea posible, sin darles acceso a representación legal.
A mediados de julio, el presidente supervisó la deportación de un centenar de mujeres y niños a la ciudad hondureña de San Pedro Sula, la capital mundial del homicidio. Desde el derrocamiento respaldado por EE.UU. del populista burgués hondureño Manuel Zelaya en 2009, el país mantiene el índice de asesinatos más alto en el mundo. (El Salvador y Guatemala también figuran consistentemente entre los primeros cinco.) Durante la primera mitad de este año, se registraron 3 mil asesinatos en Honduras, un país con sólo 8 millones de habitantes —más o menos la población de la Ciudad de Nueva York—.
Al ver a sus hijos prácticamente destinados a morir, ya sea a manos de las bandas criminales o de los salvajes en el ejército y la policía, hay padres desesperados dispuestos a todo para permitir que sus niños escapen. En ocasiones, los niños son enviados solos en el peligroso viaje hacia El Norte (varios de ellos esperan reunirse con sus padres u otros parientes que ya viven en EE.UU.). Una vez allá, muchísimos de estos jóvenes refugiados buscan residencia permanente pidiendo asilo o el estatus de Inmigrante Juvenil Especial, usando como argumento el miedo totalmente justificado de morir en sus países de origen. El proceso de asilo es tortuoso y no hay garantía alguna de que éste será concedido. El abuso sexual y la violencia conectada con pandillas, por ejemplo, no son consideradas razones válidas para solicitar asilo.
Los refugiados centroamericanos deben ser liberados de inmediato y obtener el derecho a quedarse, ya sea a través del asilo o por cualquier otro medio. Los mismos gobernantes capitalistas estadounidenses que saquean a Centroamérica, en casa explotan a los obreros y los oprimidos. La defensa de los inmigrantes es de vital interés para el movimiento obrero y para todos los combatientes contra la discriminación racista. Toda la gente que logra llegar a este país, sin importar su edad o su motivación, debería gozar de los mismos derechos que los que nacieron aquí. Exigimos plenos derechos de ciudadanía para todos los inmigrantes, incluyendo el derecho a un pasaporte estadounidense y a recibir educación gratuita. ¡Alto a las deportaciones! ¡Libertad para todos los detenidos!
El “patio trasero” del imperialismo estadounidense
Los gobernantes capitalistas estadounidenses han considerado por muchos años a Latinoamérica como su patio trasero. Durante las primeras tres décadas del siglo XX, las tropas estadounidenses intervinieron en los países de Centroamérica y el Caribe en casi 20 ocasiones. Junto con el ejército venían los representantes de enormes corporaciones estadounidenses como la United Fruit Company. En Guatemala, Honduras y otros países burlonamente denominados “repúblicas bananeras”, los deseos de la United Fruit eran la ley. En Guatemala, Washington orquestó el derrocamiento del presidente populista burgués Jacobo Arbenz en 1954, después de que éste intentara nacionalizar algunas tierras propiedad de la United Fruit e implementar otras reformas.
Durante la década de 1980, EE.UU. financió, entrenó y proporcionó inteligencia a sangrientos regímenes basados en escuadrones de la muerte a lo largo de Centroamérica, quienes hicieron blanco de izquierdistas, sindicalistas, líderes campesinos y demás. Estas guerras sucias formaron parte de la Segunda Guerra Fría imperialista, con miras a la destrucción contrarrevolucionaria de la Unión Soviética, un estado obrero degenerado, y a revocar las conquistas de la Revolución Cubana, viendo a los izquierdistas locales como títeres soviéticos y cubanos. En el propio EE.UU. esta campaña bélica antisoviética tuvo su reflejo en el incremento de los ataques contra los sindicatos y la población negra.
En Guatemala, unas 200 mil personas —en su mayoría campesinos mayas— fueron asesinadas y otras 45 mil “desaparecidas” a lo largo de tres décadas de conflictos armados. Honduras fue el campo de entrenamiento de los reaccionarios contras patrocinados por EE.UU. para derrocar al gobierno nacionalista de izquierda de los sandinistas en Nicaragua. EE.UU. también enlistó al ejército hondureño en sus esfuerzos por destruir al Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, una amplia insurgencia guerrillera que combatió contra la junta militar respaldada por Estados Unidos en El Salvador.
La oleada de inmigración hacia EE.UU. proveniente de Centroamérica data del periodo de la guerra sucia. En esa época, miles de salvadoreños que buscaban refugio en EE.UU. fueron deportados directamente de vuelta a las garras de los escuadrones de la muerte. Frente a esto, nosotros exigimos asilo para todos aquéllos que llegaran huyendo del horror derechista. En contraste con los refugiados que escapan del terror sangriento de los regímenes respaldados por EE.UU., Washington siempre ha dado la bienvenida a la peor gente, por ejemplo a los contrarrevolucionarios gusanos cubanos.
La imposición del TLCAN con México en 1994 y el Tratado de Libre Comercio de América Central (TLCAC) una década después trajo consigo incrementos adicionales en la migración a Estados Unidos, producto de la catástrofe económica que representaron esos tratados para millones de personas. Durante los años previos, el Fondo Monetario Internacional y otras agencias imperialistas habían dictado programas de “reestructuración de deudas”, que exigían el recorte de subsidios agrícolas y programas sociales. El TLCAN y el TLCAC incrementaron el número de campesinos arrastrados desde la tierra hacia la miseria urbana, habiendo eliminado las protecciones contra la importación de maíz y frijol de EE.UU., parte fundamental de la dieta de los pobres y los principales alimentos producidos por los campesinos. Esta situación de miseria fue exacerbada por la crisis económica global de 2008 —desatada por el capital financiero estadounidense— que produjo despidos masivos en las maquiladoras frente al desplome de la demanda de bienes de consumo.
Desde el inicio nos opusimos al TLCAN, la rapiña de “libre comercio” contra México, y a su equivalente centroamericano, porque sus únicos objetivos son el saqueo de estos países semicoloniales y el fortalecimiento del dominio de los amos estadounidenses. Esta perspectiva internacionalista proletaria contrasta agudamente con el chovinismo nacionalista de la burocracia sindical de la AFL-CIO, que denunció al TLCAN por supuestamente poner en riesgo los empleos estadounidenses.
En Honduras, las condiciones de los obreros y los pobres de la ciudad y el campo han empeorado significativamente desde que el régimen de Zelaya fue derrocado. El índice de homicidios está por las nubes, las pandillas están desatadas y el gasto en vivienda, salud y educación ha sufrido fuertes recortes. Después de ser elegido en 2005, el rico terrateniente Zelaya adoptó algunas medidas paliativas para limitar el descontento social y comenzó un proceso de acercamiento hacia la Venezuela de Hugo Chávez. Estas medidas hicieron enfurecer a EE.UU. y a amplios sectores de la burguesía hondureña, que conspiraron con éxito para derrocarlo en el golpe de 2009. Desde entonces, el gobierno de Obama ha respaldado completamente a los regímenes posteriores al golpe y continúa financiando a manos llenas a la policía y el ejército hondureños.
¡Abajo la “guerra contra las drogas”!
En una cumbre en julio de 2005 con los gobernantes de El Salvador, Guatemala y Honduras para hacer frente a la crisis de los niños refugiados, el presidente Obama elogió los esfuerzos de sus contrapartes centroamericanos para detener el flujo de migrantes pero los instó a hacer más. Desde 2008, Washington ha incrementado dramáticamente la ayuda y el entrenamiento para la policía de esos países bajo la bandera de la “guerra contra las drogas”.
Tanto la guerra contra las drogas como la “guerra contra las pandillas” no son más que pretextos para militarizar fuertemente la región. Estas medidas han incrementado la violencia e intensificado la represión contra la clase obrera y los pobres del campo y la ciudad. En el grueso de los países donde el gobierno supuestamente combate la narcoviolencia, el aparato estatal entero está absolutamente compenetrado con los cárteles de la droga; todos, desde la policía hasta los políticos, están involucrados hasta el cuello en el próspero mercado de la droga.
Los marxistas nos oponemos a la “guerra contra las drogas”, que no es sino una cobertura para la intervención militar imperialista a lo largo de América Latina y no ha traído más que terror y muerte a barrios pobres y áreas rurales en toda la región. En EE.UU., la “guerra contra las drogas” ha sido durante décadas el motor del encarcelamiento masivo de los negros y, cada vez más, también de los latinos y los inmigrantes. De igual forma, la “guerra contra las pandillas” criminaliza aún más a la juventud pobre y obrera, al tiempo que incrementa los poderes represivos del estado capitalista.
En Centroamérica, el flujo masivo de campesinos arruinados hacia las ciudades ha creado un campo fértil para el auge de la “economía informal”. Al ver sus ocupaciones tradicionales destruidas debido al “libre comercio” imperialista, muchas personas en Latinoamérica no encuentran otra forma de sobrevivir más que cultivando, vendiendo y transportando drogas, o emigrando. Llamamos por la despenalización de todas las drogas y por el retiro de todas las bases y fuerzas militares estadounidenses en Latinoamérica y el Caribe. Al eliminar los márgenes de ganancia estratosféricos producto del comercio ilegal de las drogas, la despenalización también reduciría el crimen y la violencia.
La migración y la sociedad capitalista
Tratando de sacar ventaja de la simpatía hacia los niños refugiados, algunos miembros del Partido Demócrata una vez más se presentan como “amigos de los inmigrantes”, con miras a las elecciones intermedias. Los liberales han estado muy ocupados tratando de presionar a Obama para que ignore al Congreso y promulgue una orden ejecutiva para implementar la “reforma” migratoria. Nosotros daríamos la bienvenida a cualquier reforma que en los hechos otorgue algún tipo de derechos o de protección legal para los inmigrantes. Pero nada de lo que el gobierno ha propuesto mejoraría realmente su situación.
Las propuestas bipartidistas de reforma respaldadas por la Casa Blanca están dirigidas a crear un estrato absolutamente vulnerable de la población, obligado a pagar grandes cantidades de dinero por el privilegio de trabajar a cambio de una miseria, sin protección laboral, sin estatus migratorio fijo, sin derechos democráticos y sin ningún tipo de acceso al bienestar social. Este propósito está en línea con los intereses de un sector de la burguesía estadounidense, que busca mantener una fuente de mano de obra inmigrante barata e indefensa —sobre todo para fomentar la división entre la clase obrera—. El ala más nativista de la burguesía, mientras tanto, despotrica contra los “invasores” y los “criminales” que cruzan la frontera, presentando a los inmigrantes como una carga sobre el mercado laboral, la vivienda y el sistema de salud.
Ambas partes concuerdan en su determinación para fortalecer la vigilancia de la frontera. El actual gobierno ha continuado la expansión de la infraestructura de la Patrulla Fronteriza y la militarización de la frontera a niveles sin precedentes, empujando a los inmigrantes a tomar caminos cada vez más peligrosos para ingresar al país. Desde 2010, agentes fronterizos han matado al menos a 28 inmigrantes. En 2012, guardias fronterizos de EE.UU. abatieron a un adolescente mexicano de 16 años con ocho disparos en la espalda, con la justificación de que estaba lanzando piedras mientras caminaba en Nogales, en el lado mexicano de la frontera. Si caen en manos de los federales, los inmigrantes son arrastrados a centros de detención marcados por condiciones terribles. Cientos de detenidos en el Northwest Detention Center en las afueras de Tacoma, Washington, han llevado a cabo una serie de huelgas de hambre este año, protestando tanto contra las deportaciones como contra su desesperada situación actual, bajo la cual son obligados a trabajar en virtual esclavitud.
Los inmigrantes no son sólo víctimas, también constituyen una parte crucial y vibrante de la clase obrera estadounidense. Los trabajadores deben combatir los venenosos intentos de la patronal de poner en conflicto a quienes nacieron en EE.UU. contra los inmigrantes, muchos de los cuales llevan a cabo los trabajos más peligrosos y menos deseables. Organizar a estos trabajadores es crucial para revitalizar al movimiento sindical. El primer paso en la lucha contra la explotación de los obreros y la opresión de los inmigrantes, así como contra el racismo hacia la población negra, es reconocer que los obreros y los capitalistas no comparten un “interés nacional” común. La clase obrera sólo puede mejorar su situación aliándose con los oprimidos en una lucha de clases contra su “propia” clase dominante. Una perspectiva así es un anatema para la burocracia sindical, siempre leal al capitalismo y a sus representantes políticos, particularmente en el Partido Demócrata.
Lo que necesitamos es una revolución obrera que remplace el sistema capitalista de ganancias, marcado por las crisis, con una economía planificada y socializada a escala internacional. Sólo la revolución socialista puede dar fin a la creciente miseria de las masas trabajadoras, tanto en los países capitalistas dependientes como México y Honduras, como en los centros imperialistas. Cuando la clase obrera sea la que controle la sociedad, las necesidades básicas como la vivienda, la salud y el empleo no serán cosas para las que la gente necesite arriesgar la vida. La violencia, la pobreza y la miseria endémicas al orden imperialista quedarán reducidas a un capítulo del pasado.
Corrección
En el artículo “Refugiados centroamericanos: ¡Déjenlos quedarse!” de Espartaco (octubre de 2014) pasamos por alto un error de traducción evidente, al publicar que “En una cumbre en julio de 2005 con los gobernantes de El Salvador, Guatemala y Honduras...el presidente Obama elogió los esfuerzos de sus contrapartes”. En 2005 Obama no era presidente. La referencia en Workers Vanguard (donde se publicó originalmente el artículo) es a una cumbre del 25 de julio de 2014.
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/42/refugiados.html
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2016.06.06 14:59 ShaunaDorothy Ex guerrilleros continúan al mando del estado capitalista - El Salvador (Junio de 2014)

https://archive.is/45rbN
Espartaco No. 41 Junio de 2014
A principios de marzo, el pequeño país centroamericano de El Salvador se polarizó profundamente por unas elecciones presidenciales en las que contendieron Salvador Sánchez Cerén, del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN), y Norman Quijano, de la derechista Alianza Republicana Nacional (ARENA). La victoria de Sánchez Cerén por un margen de apenas 6 mil 364 votos, de tres millones emitidos, marcará el segundo periodo consecutivo en que la presidencia ha ido a la ex guerrilla del FMLN, quienes entraron a la política electoral tras la sangrienta guerra civil de 1980-1992. Durante aquella guerra, los capitalistas y terratenientes salvadoreños, así como sus patrones imperialistas estadounidenses, hicieron que el ejército y los escuadrones de la muerte de ARENA masacraran a decenas de miles. Otras decenas de miles se convirtieron en refugiados. Serán pocos los sobrevivientes que logren olvidar los horrores de la guerra civil: los bombardeos, las masacres, los cuerpos mutilados de supuestos subversivos arrojados al borde de las carreteras. Pero hoy, tanto el FMLN como ARENA son partidos burgueses opuestos a los intereses de los trabajadores y los oprimidos.
Las profundas divisiones sociales que detonaron la guerra civil permanecen. La riqueza sigue concentrada en manos de una pequeña oligarquía, mientras que las masas desposeídas apenas sobreviven. Más de un tercio de la población vive en una pobreza aplastante y el 60 por ciento carece de electricidad o de agua corriente. En estas circunstancias no resulta sorprendente que El Salvador tenga una de las tasas de asesinatos más altas del mundo y sufra bajo el peso de una población carcelaria creciente, situación que la política estadounidense de repatriación en masa de los ciudadanos salvadoreños considerados delincuentes ha empeorado.
Con el telón de fondo de una profunda desigualdad económica, Sánchez Cerén ha prometido expandir los populares programas de gasto social que inició el gobierno capitalista saliente del FMLN, al que él mismo perteneció. En respuesta, Quijano lo acusó histéricamente de seguir los pasos de populistas burgueses como el fallecido Hugo Chávez de Venezuela, cuyas reformas en beneficio de los pobres y los trabajadores, financiadas por los réditos petroleros, siguen enfureciendo a las fuerzas derechistas de ese país respaldadas por Estados Unidos. Aunque Sánchez Cerén jura que no tiene intención alguna de emular a Chávez, Quijano consiguió disminuir la brecha entre ellos en la segunda vuelta de las elecciones gritando que sus medidas supuestamente izquierdistas llevarían al caos y a la violencia. Evocando los dolorosos recuerdos de la guerra civil, Quijano incluso amenazó con que el ejército intervendría para impedir que Sánchez Cerén tomara posesión.
Tras una sucesión de gobiernos militares que comenzaron a principios de los años treinta, seguida de dos décadas de gobiernos de ARENA desde 1989, el FMLN se hizo cargo de las riendas del gobierno por primera vez en 2009, cuando Mauricio Funes fue electo presidente y Sánchez Cerén vicepresidente. Periodista simpatizante con el FMLN durante la guerra civil, Funes nunca fue un rebelde, y no se unió al partido sino hasta 2008. Sánchez Cerén, en cambio, se identifica fuertemente con la valerosa lucha guerrillera contra los carniceros respaldados por Estados Unidos.
Siendo maestro de primaria, Sánchez Cerén fue activista sindical del magisterio y en los años setenta se aproximó a los rebeldes conforme la sangrienta represión caía sobre los dirigentes sindicales salvadoreños. Bajo el nom de guerre de Comandante Leonel González, llegó a ser uno de los cinco dirigentes centrales del FMLN. Aun cuando hablaba de la necesidad de erradicar el capitalismo, dentro del movimiento rebelde Sánchez Cerén era conocido como un partidario del “diálogo” con la sangrienta junta. Posteriormente, fungió como negociador en los acuerdos de “paz” patrocinados por la ONU, que en 1992 acabaron con la guerra civil pero dejaron en el poder al régimen de escuadrones de la muerte de ARENA.
Desde entonces, Sánchez Cerén ha impulsado explícitamente la reforma del capitalismo bajo el disfraz de promover una distribución igualitaria de la riqueza. En su libro La guerra que no quisimos: El Salvador, 1980-1992 (2013), afirma que el FMLN se levantó en armas como la única manera de lograr la “democracia” y se refiere a la lucha guerrillera como “patriótica”. Durante la campaña electoral, Sánchez Cerén prometió proteger los negocios y la propiedad privada en nombre de tenderle la mano a todos los salvadoreños, mostrando exactamente el tipo de democracia al que se refería. Y en un gesto para la Iglesia Católica y los socialmente conservadores, no quiere legalizar el aborto —en un país donde las mujeres, principalmente pobres, son encarceladas como resultado de una prohibición absoluta de este procedimiento médico, que debería ser gratuito y accesible—.
Ahora Sánchez Cerén asumirá la responsabilidad central del aparato estatal burgués —incluyendo al ejército—, cuyo propósito es defender el dominio de los explotadores y los opresores. Ya desde ahora, ha dado pasos para tranquilizar a sus antiguos enemigos. Extendiendo una rama de olivo a los asesinos de ARENA, llamó a la reconciliación y a la unidad al poco tiempo de que se anunciaron los resultados electorales. También prometió mantener buenas relaciones con los imperialistas estadounidenses. No es sorprendente que William Walker, quien fuera el embajador estadounidense en El Salvador de 1988 a 1992, opinara que Washington “no debe temerle a la perspectiva de otros cinco años de gobierno del FMLN” (New York Times, 30 de enero).
El FMLN y la Guerra Civil Salvadoreña
Pocos meses antes de que estallara la guerra civil, escribimos en el artículo “Massacre on the Cathedral Steps” (Masacre en los escalones de la Catedral, WV No. 233, 8 de junio de 1979):
“Poco conocido, El Salvador es en sí mismo prácticamente una caricatura de una dictadura oligárquica latinoamericana del siglo XIX, en la que un caudillo militar fatuo gobierna un país en que catorce familias señorean tradicionalmente sobre una masa de peones empobrecidos. Como dijo un cura salvadoreño ‘los campesinos viven como los siervos europeos de hace 400 años’”.
A principios del siglo XX, estas opresivas relaciones agrarias detonaron el primer levantamiento dirigido por comunistas de las Américas, una revuelta en 1932 en la que los campesinos sin tierra se levantaron contra los oligarcas. En venganza, en pocas semanas 30 mil personas murieron en La Matanza. A partir de entonces, los campesinos y los obreros fueron mantenidos a raya por la más larga de las dictaduras militares de Latinoamérica.
En 1980, el creciente descontento social estalló con el asesinato del arzobispo Óscar Romero, a quien se consideraba un defensor de los pobres y los oprimidos. Los grupos opositores —incluyendo sindicatos obreros, asociaciones campesinas, partidos socialdemócratas y el Partido Comunista Salvadoreño— se unieron para formar el FMLN, que adoptó como bandera el nombre del líder del levantamiento de 1932, Agustín Farabundo Martí. El FMLN enarbolaba una mezcla ecléctica de estalinismo y nacionalismo pequeñoburgués. Sus principales grupos de izquierda tenían bases en organizaciones de masas de obreros, campesinos y pobres urbanos, y vínculos con los maestros y trabajadores rurales. Por ejemplo, el Frente Unido de Acción Revolucionaria controlaba la mayor federación sindical del país, que representaba entre otros a los trabajadores electricistas.
Al poco tiempo de su fundación, el FMLN lanzó una campaña militar contra las fuerzas del gobierno, a las que Washington había entrenado y equipado por décadas. Cuando Reagan llegó a la Casa Blanca, retomó la labor iniciada por su predecesor demócrata enviando fusiles, lanzagranadas y helicópteros, y despachando “asesores” al país. Pese a la ayuda estadounidense que recibió la junta gobernante, las guerrillas pudieron tomar el control de partes significativas del país para mediados de 1981 y para el final de la década ya habían alcanzado un empate. El estancamiento se rompió con la ofensiva que el FMLN lanzó en noviembre de 1989, en la que los rebeldes lograron apropiarse de sectores de San Salvador y conservarlos por varios días a pesar de un intenso bombardeo aéreo, sólo para retirarse, sin haber organizado una insurrección de masas que pudo haber aplastado al ejército.
Este fracaso no se debió fundamentalmente a un error de cálculo en el campo de batalla: el propósito del FMLN no era la victoria militar, sino un “acuerdo negociado”, que permitiera formar un gobierno con un sector “democrático” de la clase dominante, es decir, un gobierno capitalista. Estos frentes populares —coaliciones de colaboración de clases en los que uno o más partidos obreros se unen a fuerzas burguesas para gobernar en nombre de los capitalistas— han pavimentado una y otra vez el camino para el triunfo de la reacción, como con el golpe de estado de Pinochet de 1973 en Chile. La presencia de políticos de pequeños partidos burgueses en el brazo político del FMLN, el Frente Democrático Revolucionario, representaba un juramento por anticipado, ante los oligarcas y los imperialistas de Estados Unidos, de que los líderes guerrilleros no trascenderían los límites del sistema capitalista. Su corolario fue el no emprender una movilización cabal de las masas explotadas y oprimidas para ganar la guerra.
Así, la lucha por una victoria de los rebeldes en la cruenta guerra civil fue la arista principal de la lucha por una oposición proletaria al frente popular. En ese tiempo, El Salvador tenía la clase obrera más numerosa de Centroamérica, concentrada en San Salvador, donde la industria se había expandido rápidamente en los años sesenta y setenta. Una victoria militar de la guerrilla hubiera servido como catalizador del aumento de la lucha de la clase obrera. Como escribimos entonces: “Una revolución obrera en El Salvador sería imposible sin la victoria militar de los insurgentes izquierdistas... La victoria militar de la izquierda abriría un periodo de poder dual, planteando la necesidad —y la posibilidad directa— de una revolución que barrería con todo el sistema capitalista” (“Smash the Junta, Workers to Power!” [¡Aplastar la Junta, obreros al poder!], WV No. 283, 19 de junio de 1981). Además, la revolución socialista en El Salvador podría haber encendido la lucha de clases a lo largo de Latinoamérica, y en las entrañas mismas del monstruo estadounidense. El elemento necesario para dirigir esa lucha era un partido obrero comprometido con un programa revolucionario internacionalista. Eso sigue siendo el caso hoy.
“¡Defensa de Cuba y la URSS comienza en El Salvador!”
En los años previos a los acuerdos de “paz”, los líderes del FMLN fueron deshaciéndose cada vez más de su retórica anticapitalista con la esperanza de poder tener un lugar en la mesa de Washington. La “Proclama a la nación” que el FMLN emitió en septiembre de 1990 llamando por una “revolución democrática” ya ni siquiera hacía sus usuales referencias obligadas al “socialismo” en el futuro indeterminado. Este proceso de limpiar al FMLN del estigma marxista obtuvo un mayor ímpetu tras la destrucción contrarrevolucionaria de la Unión Soviética en 1991-92, que retiró de la escena internacional el principal contrapeso a los imperialistas. La URSS había surgido de la Revolución Bolchevique de 1917, la primera revolución proletaria exitosa de la historia. Pese a su degeneración a manos de la burocracia estalinista comenzando en 1923-24, el estado obrero soviético siguió siendo el blanco principal de las potencias imperialistas, y especialmente de Estados Unidos. Desde el principio de la guerra civil, los gobernantes estadounidenses habían declarado que su apoyo a la junta militar y los carniceros de ARENA era necesario para “contener el comunismo” en Latinoamérica. Hasta el día de hoy, el himno de ARENA contiene el horripilante grito: “El Salvador será la tumba donde los rojos terminarán”. Como afirmamos en “El Salvador: There Is No Peace” (El Salvador: No hay paz, WV No. 542, 10 de enero de 1992), escrito pocos días después de la firma de los acuerdos:
“El fin de la guerra de guerrillas en El Salvador, al igual que la derrota electoral que sufrieron los izquierdistas sandinistas en 1990 frente a fuerzas ligadas a la contra en la vecina Nicaragua, reflejan directamente el colapso de los regímenes estalinistas en Europa del Este y la Unión Soviética, pues la lucha en el istmo no era un ‘conflicto regional’ aislado, sino un punto candente de la Guerra Fría antisoviética que libraba el imperialismo estadounidense. El conflicto salvadoreño se originó cuando el gobierno de Reagan, al poco tiempo de haber tomado posesión en 1981, prometió ‘pintar su raya’ contra la ‘subversión comunista’ en Centroamérica”.
Al hacer esto, Washington estaba reafirmando su reclamo imperialista de su propio patio trasero, apuntando al mismo tiempo contra la URSS y el estado obrero deformado cubano, donde el capitalismo fue derrocado tras la toma del poder por las fuerzas de Castro en 1959. Reagan presentó al FMLN (así como a los sandinistas y las guerrillas izquierdistas de Guatemala) como compinches de los soviéticos con el fin de preparar y movilizar a la población estadounidense para una guerra verdadera contra el bloque soviético. Sin embargo, la dirigencia soviética traidoramente se abstuvo de brindarle apoyo militar o financiero al FMLN durante la guerra, pues temía que la victoria de las masas trabajadoras salvadoreñas pudiera inspirar un desafío proletario a su propio dominio parasitario. Y lo mismo sucedió con el régimen estalinista de La Habana, con Castro aconsejando a los insurgentes izquierdistas centroamericanos que no siguieran la “vía cubana”, es decir, el derrocamiento del dominio capitalista en elemental defensa propia. Tras la restauración del capitalismo en la URSS, los imperialistas estadounidenses ya no tuvieron necesidad de satanizar al FMLN como un auxiliar del “Imperio del Mal” soviético, lo que hizo a un lado la principal motivación de la guerra civil.
En los años ochenta, grupos de la izquierda reformista de Estados Unidos como el Socialist Workers Party [Partido Obrero Socialista] y el Workers World Party (WWP, Partido Mundo Obrero), por no mencionar al Committee in Solidarity with the People of El Salvador (CISPES, Comité en Solidaridad con el Pueblo de El Salvador), apoyaban políticamente el programa entreguista del FMLN de un acuerdo negociado. Hoy, el Party for Socialism and Liberation [Partido por el Socialismo y la Liberación], una escisión del WWP, sigue apoyando políticamente al FMLN burgués, como lo expresó en su “Solidarity Statement to the FMLN” (Declaración de solidaridad con el FMLN, 30 de enero) que ensalzaba a Sánchez Cerén y a su compañero de fórmula como “líderes ejemplares en la lucha por la victoria del pueblo salvadoreño”.
En cambio, en la Spartacist League/U.S., sin darle apoyo político al FMLN, durante la guerra civil estábamos: “¡Por el triunfo militar de los insurgentes de izquierda!”. Nos oponíamos al acuerdo negociado que impulsaban los dirigentes guerrilleros y los reformistas, y llamábamos por: “¡Aplastar el terror de la Junta en El Salvador!—¡Por la revolución obrera!”. Para subrayar nuestra defensa militar incondicional de los estados obreros soviético y cubano frente al imperialismo, insistíamos: “¡Defensa de Cuba y la URSS comienza en El Salvador!”. La SL y sus partidarios en la industria también instábamos a los sindicatos de estibadores a que boicotearan el material militar que Washington enviaba a sus asesinos derechistas de Centroamérica. Al mismo tiempo tuvimos que enfrentar tanto ataques físicos como censura política por parte de los reformistas, que construían protestas en torno a políticos del Partido Demócrata para impulsar un acuerdo traidor.
El FMLN se alía con los imperialistas estadounidenses
Cuando su esfuerzo de varios años por llegar a un acuerdo negociado rindió frutos en 1992, el FMLN fue reconocido como partido político, para poder contender en elecciones locales y nacionales. Se obligó a los guerrilleros a entregar sus armas, y algunos se unieron a la nueva Policía Nacional Civil, junto con sus enemigos de los escuadrones de la muerte. El FMLN también respaldó una versión modificada de la Ley de Asociaciones Público-Privadas del gobierno de ARENA, que enfrentó la oposición del movimiento obrero, incluyendo una huelga en 2002-03 por parte de médicos y trabajadores de la salud que derrotó un intento de privatizar algunos servicios de salud públicos.
Tras llegar a la presidencia en 2009, el FMLN de Funes y Sánchez Cerén duplicó el gasto público en salud y repartió gratuitamente desayunos, uniformes, zapatos y materiales escolares. El Plan de Agricultura Familiar distribuyó gratuitamente fertilizantes y semillas, además de otorgar créditos a bajo costo a pequeñas explotaciones agrícolas familiares. Más de 17 mil títulos de propiedad se transfirieron a los campesinos. El FMLN también creó algunos empleos nuevos dándoles asistencia financiera temporal a los desempleados y creando pensiones para los pobres. Sin embargo, estas medidas inevitablemente están lejos de lo que hace falta en un país empobrecido en las garras del imperialismo estadounidense.
Mientras tanto, las profundas raíces del crimen organizado en el país le han dado al gobierno del FMLN un pretexto para fortalecer más el aparato represivo del estado capitalista salvadoreño. Incluso después de haber continuado las políticas de “puño de hierro” que introdujo ARENA, Funes expandió el ejército en un 57 por ciento en sus primeros dos años y medio de gobierno, desplegando tres batallones para patrullar áreas urbanas lado a lado con la policía. Incluso nombró a un antiguo oficial del ejército jefe de seguridad interna, hasta que los tribunales revirtieron el nombramiento por ser anticonstitucional. La “Ley de Proscripción de Pandillas” de 2010 dejó que la policía llevara a acabo arrestos masivos de cualquier sospechoso de pertenecer a una pandilla, considerando los tatuajes como “prueba” suficiente de actividad criminal. En un país en el que cerca del 40 por ciento de la población tiene menos de 18 años, en 2012 Sánchez Cerén, entonces Ministro de Educación, impuso un esquema que permitía a los policías posar como entrenadores y patrullar las escuelas “infestadas de pandillas” para espiar a los jóvenes.
Medidas como éstas le valieron a Funes los elogios del Comandante en Jefe estadounidense, Obama, cuyo gobierno ha destinado mucho dinero al ejército salvadoreño. Al ayudar a Estados Unidos a librar su “guerra contra las pandillas” y su “guerra contra las drogas” en Latinoamérica, el primer gobierno del FMLN sirvió como policía regional para el imperialismo yanqui, anotándose a la Fuerza Nacional de Tareas de Pandillas MS-13 del FBI. Organizada originalmente en 2004 y retomada por el gobierno del FMLN, esta fuerza de tareas intercambia información entre las agencias policiacas de Estados Unidos y las de Centroamérica. El gobierno de Funes/Sánchez Cerén también apoyó la Unidad Transnacional Antipandillas y la iniciativa asociada de Explotación Centroamericana de Huellas Digitales, que suministra a las bases de datos del FBI registros biométricos de México, El Salvador, Guatemala, Belice y Honduras.
En 2005, ARENA estableció en San Salvador, semiclandestinamente, un local de la Academia Internacional de Policía (ILEA, por sus siglas en inglés) estadounidense, cuyos egresados en general se integran a la Policía Nacional salvadoreña para combatir el “narcotráfico” y el “terrorismo internacional”. CISPES informa que las funciones de la ILEA se asemejan a las de la infame Escuela de las Américas, que en los años ochenta entrenaba a los líderes de los escuadrones de la muerte latinoamericanos. El FMLN ha mantenido su colaboración con la ILEA. En el mismo espíritu, en marzo de 2013 el ministro de relaciones exteriores del gobierno del FMLN firmó un acuerdo con el embajador estadounidense para establecer una fuerza de tareas conjunta contra las drogas.
Los marxistas nos oponemos a la llamada guerra contra las drogas, que no es sino una coartada para el control social y el encarcelamiento masivo de negros y latinos en Estados Unidos y de la intervención imperialista en el exterior. Si bien la drogadicción, al igual que el alcoholismo, puede tener peligrosas consecuencias físicas, es un asunto personal y médico, y no policiaco. Llamamos a despenalizar las drogas y por tratamientos gratuitos para la drogadicción. También nos oponemos a la “guerra contra las pandillas” —ya sea en Estados Unidos, en El Salvador o en donde sea— porque criminaliza a la juventud pobre y trabajadora, y la acompañan más leyes que amplían los poderes represivos del estado burgués, que en última instancia se dirigen contra los trabajadores y los pobres.
¡Por la revolución obrera en todas las Américas!
Sánchez Cerén habla de hacer más para ayudar a los pobres, haciendo avanzar al mismo tiempo el programa burgués de reformas fiscales y más inversiones extranjeras, de tenderle la mano al sector privado salvadoreño y defender la propiedad privada. Sin importar si quien está en el poder es el FMLN o ARENA, el gobierno capitalista no quiere ni puede mejorar fundamentalmente la suerte de las masas trabajadoras y empobrecidas. Tal como en otros países económicamente atrasados y dependientes, los gobernantes burgueses de El Salvador están encadenados a los imperialistas por miles de hilos económicos, sociales y militares. Como enseña la teoría de la revolución permanente del líder bolchevique León Trotsky, [la resolución de] las tareas de la liberación social —que van desde satisfacer la sed de tierra de los campesinos y aliviar la pobreza rural hasta sacudirse a la rapaz oligarquía y a sus amos imperialistas— recae en la clase obrera al frente de las masas oprimidas. Esta lección obtuvo una resonante confirmación en la Revolución de Octubre que dirigieron los bolcheviques en Rusia en 1917.
Una revolución obrera y socialista en El Salvador enfrentaría inmediatamente una legión de enemigos capitalistas entre sus vecinos, tanto de Centroamérica como del resto de América Latina, y sobre todo a la bestia imperialista estadounidense. Esto apunta al inextricable vínculo entre la revolución proletaria en El Salvador y la del resto del continente. Como afirmamos en “For Workers Revolution in El Salvador!” (¡Por la revolución socialista en El Salvador!, WV No. 271, 2 de enero de 1981), escrito en medio de la guerra civil salvadoreña:
“Los pequeños estados centroamericanos, que surgieron del dominio colonial como un solo estado federado, nunca fueron viables como unidades económicas o políticas independientes...
“Ante la probable intervención imperialista, y meramente para derrotar a sus ‘propias’ burguesías, las fuerzas que luchen por la revolución proletaria en cualquier parte de Centroamérica serán derrotadas si se limitan a las fronteras nacionales artificiales”.
Hoy, cerca de dos millones de salvadoreños viven en el Norte, concentrándose en Los Ángeles, Washington, D.C., la ciudad de Nueva York y otras áreas metropolitanas. En Estados Unidos, la población salvadoreña se ha integrado al movimiento obrero organizado, donde ha desempeñado un papel activo en sindicatos que representan a intendentes y trabajadores de hoteles y restaurantes. Estos obreros pueden formar un puente humano con el proletariado salvadoreño en casa. La tarea que se plantea es forjar partidos obreros revolucionarios de Latinoamérica a Estados Unidos para vincular las luchas de los trabajadores y dirigirlas a destruir el marco del capitalismo en las Américas y más allá.
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/41/elsalvador.html
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2016.06.04 04:27 ShaunaDorothy ¡Defender las conquistas de la Revolución Cubana! Cuba: Crisis económica y “reformas de mercado” ¡Por la revolución política obrera!(1 - 2) (Otoño de 2011)

https://archive.is/OkPrG
Espartaco No. 34
Otoño de 2011
¡Defender las conquistas de la Revolución Cubana!
Cuba: Crisis económica y “reformas de mercado”
¡Por la revolución política obrera!
¡Por la revolución socialista en toda América!
El siguiente artículo ha sido traducido de Workers Vanguard, periódico de nuestros camaradas de la SL/U.S., No. 986, 16 de septiembre de 2011.
A principios de agosto, la Asamblea Nacional cubana endosó un plan de reformas económicas orientadas al mercado para los próximos cinco años, el cual ya había sido adoptado en la primavera por el VI Congreso del Partido Comunista Cubano. Entre las medidas planeadas se encuentra la eliminación de más de un millón de empleos estatales (20 por ciento de la fuerza laboral), importantes recortes a subsidios estatales, una expansión enorme en el sector de la pequeña empresa e incentivos adicionales para atraer inversión extranjera.
Desde que se anunciaron en agosto de 2010, el componente principal de estas “reformas de mercado” ha sido la eliminación de un millón de empleos estatales. La burocracia de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC), controlada por el estado, ha jugado un importante papel en la promoción de estos recortes, al afirmar descaradamente que son esenciales para “seguir perfeccionando el socialismo”. En la manifestación del Primero de Mayo de este año en La Habana, la CTC marchó bajo la consigna: “unidad, productividad y eficiencia”.
Originalmente, estos recortes deberían haber sido implementados para marzo, pero el plazo se cumplió sin novedad. El congreso del Partido Comunista del mes siguiente debía ponerlos en marcha, pero decidió posponerlos de nuevo debido a los reportes de descontento masivo. Ya desde octubre de 2010, la agencia noticiosa Reuters informó que funcionarios del partido tuvieron que presentarse en el Hotel Habana Libre para “calmar a los trabajadores” cuando éstos se enteraron de los despidos proyectados. Los trabajadores despedidos sólo obtendrán liquidaciones por un corto periodo de tiempo, correspondientes, como máximo, al 60 por ciento de sus salarios.
El objetivo declarado de las “reformas” es reactivar la estancada economía cubana, que nunca se ha recuperado completamente de la severa crisis que siguió a la restauración del capitalismo en la Unión Soviética hace más de dos décadas. A pesar del dominio de la burocracia estalinista, el estado obrero soviético proporcionaba un salvavidas económico crucial para esta pequeña y empobrecida isla, que luchaba por sobrevivir bajo la sombra del monstruo imperialista estadounidense. La Unión Soviética también representaba un obstáculo militar para las revanchistas ambiciones contrarrevolucionarias de Washington.
Los severos problemas económicos del periodo postsoviético se incrementaron en 2008, cuando Cuba fue sacudida por la crisis financiera capitalista global. El precio del níquel, el principal producto de exportación cubano, bajó hasta en un 80 por ciento, mientras que las remesas enviadas por los cubanos residentes en EE.UU. disminuyeron de forma sustancial. Ese mismo año, los huracanes destruyeron infraestructura con valor de diez mil millones de dólares. De frente a un déficit comercial de casi doce mil millones de dólares, Cuba se vio obligada a suspender sus pagos a los acreedores extranjeros. El hecho de que los doctores y otros profesionistas cubanos que trabajan en el extranjero sean la fuente del 60 por ciento de los ingresos en divisa fuerte, seguidos de la industria turística, es testimonio del terrible estado en el que se encuentra la economía cubana.
Tanto los comentaristas burgueses como los de la izquierda han aprovechado los recientes anuncios del régimen para hacer las más disímiles predicciones. Éstas van desde el optimismo fatuo sobre las perspectivas de que la aislada Cuba avance hacia el socialismo, hasta las afirmaciones de que el capitalismo está siendo, o ya fue, restaurado en la isla. Para entender por qué dichos puntos de vista son falaces se requiere un entendimiento marxista de la naturaleza de clase del estado cubano y de su burocracia estalinista en el poder.
Los trotskistas no tomamos lado en el debate entre los que abogan por reformas de mercado/descentralización y aquéllos que preferirían regresar a una economía más rígidamente centralizada. Nuestro punto de partida es el entendimiento de que Cuba es un estado obrero burocráticamente deformado, una sociedad en donde el capitalismo ha sido derrocado pero el poder político es monopolio de una casta gobernante parasitaria, cuyos privilegios derivan de la administración de la economía colectivizada. Como demuestra el ejemplo de China, hay una tendencia inherente en esos regímenes a abandonar la planificación burocrática centralizada a favor de mecanismos de mercado. Hostiles intrínsecamente a la democracia obrera, recurren a la disciplina del mercado (y a la fila de desempleados) como un látigo para incrementar la productividad laboral.
A pesar de las distorsiones del dominio burocrático, primero bajo Fidel Castro y ahora bajo su hermano y lugarteniente de muchos años, Raúl, los obreros y campesinos de Cuba han obtenido enormes conquistas gracias al derrocamiento del capitalismo. La eliminación de la producción con fines de lucro a través de la colectivización de los medios de producción, junto con la planeación económica centralizada y el monopolio estatal sobre el comercio exterior y la inversión extranjera, proporcionaron empleo, vivienda y educación para todos y removieron el yugo del dominio imperialista directo. Cuba tiene una de las tasas de alfabetización más altas del mundo y un reconocido sistema de salud. La tasa de mortalidad infantil es más baja que en EE.UU., Canadá y la Unión Europea. El aborto es un servicio de salud gratuito y fácilmente asequible.
En la Liga Comunista Internacional estamos por la defensa militar incondicional del estado obrero deformado cubano contra el imperialismo y la contrarrevolución capitalista interna. Llamamos por poner fin al paralizante embargo económico impuesto por Washington y exigimos el retiro de EE.UU. de la Bahía de Guantánamo. Al mismo tiempo, llamamos a que el proletariado cubano barra con la burocracia castrista a través de una revolución política que establezca un régimen de democracia obrera. Ésa es la única manera de remediar la corrupción, la ineficiencia y la escasez endémicas a la mala administración burocrática, que detienen el crecimiento económico y crean enormes dislocamientos.
La explicación de Trotsky de las raíces materiales de la burocracia soviética en su libro de 1937 La revolución traicionada puede ser aplicada igualmente al régimen cubano de hoy:
“La autoridad burocrática tiene como base la pobreza de artículos de consumo y la lucha de todos contra todos que de allí resulta. Cuando hay bastantes mercancías en el almacén, los parroquianos pueden llegar en cualquier momento; cuando hay pocas mercancías, tienen que hacer cola en la puerta. Tan pronto como la cola es demasiado larga se impone la presencia de un agente de policía que mantenga el orden. Tal es el punto de partida de la burocracia soviética. ‘Sabe’ a quién hay que dar y quién debe esperar”.
Desde el origen del estado obrero cubano, la burocracia en el poder ha actuado como un obstáculo al avance ulterior hacia el socialismo: una sociedad igualitaria y sin clases que requiere de niveles de producción cualitativamente más elevados que incluso los del país capitalista más avanzado. En cambio, los estalinistas empujan el mito del “socialismo en un solo país”, que en la práctica significa oponerse a la perspectiva de la revolución obrera internacional y conciliar con el imperialismo mundial y sus clientes neocoloniales a través de una política de “coexistencia pacífica”.
Una Cuba gobernada por consejos electos de obreros y campesinos —abiertos a todos los partidos que defiendan la revolución— sería un faro para los trabajadores de toda Latinoamérica y más allá. En última instancia, la respuesta al atraso económico de Cuba y el único camino hacia un futuro de abundancia material, igualdad social y libertad personal es la revolución proletaria internacional —particularmente en el bastión imperialista estadounidense— que conduzca a una planeación económica global y racional y a un orden socialista igualitario. El corolario obligado a esta perspectiva es el forjamiento de un partido trotskista en Cuba, parte de una IV Internacional reforjada, que dirija una revolución política proletaria a la victoria.
El “Periodo Especial” y la “reforma” burocrática
Aunque las “reformas de mercado” propuestas son profundas, el tipo de políticas que representan difícilmente son algo nuevo en Cuba. A partir de 1993, es decir, poco después de la destrucción de la Unión Soviética, el régimen de Castro emprendió una serie de políticas orientadas al mercado para lidiar con el llamado “Periodo Especial”. Éstas incluyeron la legalización del autoempleo y la posesión individual de dólares, así como una importante expansión del turismo extranjero, incluso a través de empresas de inversión mixta.
El efecto más dramático de estas medidas fue el enorme incremento de la desigualdad en la isla. En un contexto de corrupción pequeña y no tanto, la lucha por obtener divisas fuertes se ha vuelto el factor dominante en las vidas de los trabajadores cubanos. Bajo el sistema de divisas dual, los trabajadores reciben su salario en pesos cubanos, pero la mayor parte de los bienes sólo pueden adquirirse en tiendas especiales o en el mercado negro usando una divisa denominada peso convertible (CUC), cuyo valor equivale a 24 pesos cubanos y es la moneda usada por los turistas. Esta situación ha obligado a la mayoría de los trabajadores a tomar segundos y hasta terceros empleos para satisfacer necesidades básicas, lo que en consecuencia afecta seriamente la productividad laboral. Cuba también ha atestiguado el resurgimiento de la prostitución.
Aquéllos que tienen acceso a divisa fuerte gracias a las remesas del extranjero, la industria turística u otras fuentes ahora tienen estándares de vida mucho más altos que el resto de los cubanos. Entre estos últimos está la mayoría de los negros cubanos, que tienen mucha menor probabilidad de tener parientes en Miami y están subrepresentados en el sector laboral turístico. Aunque los negros obtuvieron enormes conquistas con la Revolución Cubana, muchos de estos avances están siendo revertidos.
A partir de 1996, Cuba logró emerger de las profundidades del Periodo Especial y experimentó algo de crecimiento económico, aunque sobre una base limitada. En 2002, un 40 por ciento de los ingenios azucareros, cuya producción solía ser exportada en su gran mayoría a la URSS, fue clausurado en un intento por diversificar la agricultura y alimentar a la población. Sin embargo, ante la constante escasez de equipo y combustible y en el contexto de una desorganización considerable, la producción de alimentos siguió estancada. Para 2006, 40 por ciento de los camiones a disposición de la agencia estatal responsable de fomentar y distribuir la producción agrícola estaba fuera de servicio, mientras que el resto tenía al menos 20 años de antigüedad.
Dado que la mitad de la tierra agrícola sigue siendo improductiva, Cuba tiene que importar 80 por ciento de sus alimentos, en gran parte de EE.UU. Un artículo de Brian Pollitt, profesor de la Universidad de Glasgow, resume la terrible situación: “Mientras que en 1989 la exportación de azúcar de Cuba podía financiar por sí misma cuatro veces la importación de alimentos a la isla, durante los años 2004-06, el combinado de sus exportaciones de azúcar, tabaco y otros productos agrícolas y de pesca no podía financiar siquiera la mitad de las importaciones alimentarias” (International Journal of Cuban Studies, junio de 2009).
La amenaza de despidos masivos
Los lineamientos económicos aprobados por el régimen tienen como objetivo mejorar el desempeño económico a través de condiciones más duras para el pueblo cubano. Afirman que es necesario “reducir o eliminar gastos excesivos en la esfera social...y evaluar todas las actividades que puedan pasar del sector presupuestado [estatal] al sistema empresarial”. En 2009, el gobierno ordenó el cierre de las cafeterías en todos los lugares de trabajo, otorgando a los trabajadores un aumento salarial de quince pesos cubanos (equivalente a unos 70 centavos de dólar). Mientras tanto, el ya de por sí precario paquete de alimentos básicos, disponible a través de las libretas de racionamiento a precios módicos, está siendo reducido aún más.
Las nuevas medidas buscan fomentar una mayor inversión por parte de compañías europeas, canadienses y de otros países relajando las restricciones sobre la propiedad extranjera de bienes raíces, entre otras cosas a través de arriendos de 99 años y la legalización de la compra y venta de casas. También se contempla expandir enormemente la inversión extranjera directa a través de empresas de inversión mixta y zonas económicas especiales. Las reformas buscan promover el crecimiento del hasta ahora muy limitado sector privado por varios medios: la eliminación de las restricciones para el autoempleo, la disminución del control sobre la venta de la producción agrícola privada y la aceptación formal de la existencia de las pequeñas empresas privadas, en un intento por regular y gravar con impuestos la economía informal. Por primera vez desde 1968, se permitirá que estas empresas empleen gente fuera de sus propias familias. Estas medidas no pueden más que conducir a una desigualdad incluso mayor. También van a servir para incrementar la influencia económica de los cubanos derechistas en el exilio, dado que los cubanos con familiares en EE.UU. estarán entre los pocos con el capital suficiente para iniciar un negocio.
La campaña por parte de un sector de los imperialistas estadounidenses (centrado en los agribusiness) para relajar el embargo sin detener la presión diplomática y política contra Cuba señala otro camino posible para subvertir la economía socializada: inundarla de importaciones baratas. Este enfoque corresponde a la política que sostienen desde hace mucho los gobernantes de Europa Occidental y Canadá. Desde luego, Cuba debe tener derecho a comerciar y tener relaciones diplomáticas con los países capitalistas. Sin embargo, esto subraya la importancia del monopolio estatal sobre el comercio exterior —es decir, un estricto control gubernamental sobre las importaciones y las exportaciones—.
El gobierno dice que espera que el 40 por ciento de los trabajadores que pierdan su empleo sea transferido a cooperativas, mientras que el resto será instado a iniciar pequeños negocios, autoemplearse o buscar otro trabajo. Un documento del partido admite que gran parte de los nuevos negocios podrían quebrar en el lapso de un año debido a la carencia de crédito y materias primas. Las perspectivas de muchos trabajadores de sobrevivir en ocupaciones de subsistencia como la venta de comida y la reparación de calzado, en el contexto de las dificultades económicas, son desalentadoras, por decir lo menos.
Las compañías estatales también adquirirán mayor autonomía: si son incapaces de financiar su propia operación serán liquidadas. Como explicamos en el contexto de las “reformas de mercado” introducidas en los últimos años de la Unión Soviética, este tipo de medidas impulsan a los administradores estatales a competir unos contra otros para comprar y producir barato y vender caro. Esto, a su vez, tiende a minar el control estatal sobre el comercio exterior y alimentar ulteriormente los apetitos procapitalistas de sectores de la burocracia. Por lo que respecta al esquema del régimen de “perfeccionamiento de las empresas estatales” que vincula los salarios a la productividad, no se trata más que de pago a destajo, que sirve para socavar la solidaridad básica de la clase obrera transformando a los trabajadores en competidores individuales por salarios más altos. Bajo el dominio estalinista, este tipo de esquemas, que plantean anarquía económica y mayor desigualdad, son la única “respuesta” posible a las distorsiones creadas por la rigidez y el comandismo burocráticos.
Los orígenes del estado obrero deformado cubano
Para entender la difícil situación en la que se encuentra actualmente Cuba, es necesario examinar los orígenes del estado obrero deformado. Las fuerzas guerrilleras que entraron a La Habana bajo la dirección de Fidel Castro en enero de 1959 eran un movimiento pequeñoburgués heterogéneo, cuyo compromiso inicial no iba más allá de un programa de reformas democráticas radicales. Notablemente, sin embargo, su victoria implicó no sólo la caída de la ampliamente despreciada dictadura de Batista, respaldada por EE.UU., sino también la destrucción del ejército y del resto del aparato estatal capitalista, proporcionando al nuevo gobierno pequeñoburgués un amplio margen de maniobra.
El nuevo gobierno se vio enfrentado a los crecientes intentos por parte del imperialismo estadounidense de someterlo a través de la presión económica. Cuando Washington trató de reducir la cuota estadounidense de azúcar cubana a principios de 1960, Castro firmó un acuerdo para vender un millón de toneladas al año a la Unión Soviética. La negativa de las refinerías propiedad de los imperialistas a procesar crudo soviético llevó a la nacionalización de la propiedad estadounidense en Cuba en agosto de 1960, que incluía ingenios azucareros, compañías petroleras y las empresas de electricidad y teléfonos. Para octubre de ese año, 80 por ciento de la industria del país había sido nacionalizada. Cuba se convirtió en un estado obrero deformado con estas extensas nacionalizaciones, que liquidaron a la burguesía como clase.
La Revolutionary Tendency (RT, Tendencia Revolucionaria), antecesora de la LCI, fue forjada a principios de la década de 1960 al interior del Socialist Workers Party (SWP, Partido Obrero Socialista) estadounidense en la lucha por una perspectiva marxista respecto a Cuba. A la par que defendía a la Revolución Cubana contra el imperialismo, la RT estaba tajantemente opuesta a que el SWP adulara a Castro, retratándolo como un trotskista “inconsciente”, y al programa de guerrilla rural asociado con los fidelistas y, antes de eso, con los maoístas chinos. Como escribimos en la Declaración de Principios de la Spartacist League/U.S. en 1966:
“La Spartacist League se opone completamente a la doctrina maoísta, con raíces en el menchevismo y el reformismo estalinista, que rechaza el papel de vanguardia de la clase obrera y la sustituye con la guerra de guerrillas campesinas como camino al socialismo. Bajo ciertas condiciones, por ejemplo la desorganización extrema de la clase capitalista en el país colonial y la ausencia de la clase obrera contendiendo por el poder social en su propio nombre, movimientos de este tipo pueden destruir las relaciones de propiedad capitalistas; no pueden, sin embargo, llevar a la clase obrera al poder político. En lugar de ello, crean regímenes burocráticos antiobreros que reprimen cualquier desarrollo ulterior de estas revoluciones hacia el socialismo. La experiencia desde la Segunda Guerra Mundial ha confirmado completamente la teoría trotskista de la revolución permanente, que sostiene que en el mundo moderno la revolución democrático burguesa sólo puede ser completada por una dictadura proletaria apoyada por el campesinado. Es sólo bajo la dirección del proletariado revolucionario que los países coloniales y semicoloniales pueden obtener la completa y auténtica solución a las tareas de alcanzar la democracia y la emancipación nacional”.
—“Basic Documents of the Spartacist League” (Documentos básicos de la Spartacist League), Marxist Bulletin No. 9
En ausencia de la democracia proletaria en un estado que los obreros conquistaron directamente, la sección decisiva de las fuerzas de Castro se convirtió en una casta burocrática que descansaba en la cima de la economía recientemente nacionalizada. Debido a su posición recién adquirida, los castristas se sintieron obligados a adoptar un falso marxismo (el “socialismo en un solo país”) que es el reflejo ideológico inevitable de una burocracia estalinista, fusionándose en el proceso con el traicionero Partido Popular Socialista, pro-Moscú, que en algún momento incluso participó en el gobierno de Batista. La existencia del estado obrero degenerado soviético proporcionó el modelo y, sobre todo, el apoyo material que hizo posible este resultado.
La Revolución Cubana demostró una vez más que no hay una “tercera vía” entre la dictadura del capital y la del proletariado. En este sentido, confirmó la teoría de la revolución permanente de León Trotsky. La Revolución Cubana, sin embargo, estuvo muy lejos de ser como la Revolución Rusa de octubre de 1917, llevada a cabo por un proletariado urbano con conciencia de clase apoyado por el campesinado y dirigido por el Partido Bolchevique.
Cuba y el colapso soviético: Los antecedentes de la crisis
Lejos de la falacia promovida por varios autodenominados izquierdistas de que la URSS era una potencia “imperialista”, la Unión Soviética era un estado obrero que surgió de la primera revolución socialista victoriosa en la historia. Internacionalistas hasta la médula, Lenin, Trotsky y los otros dirigentes bolcheviques veían la revolución en la económicamente atrasada Rusia como el primer paso para la revolución socialista mundial, que debería incluir de manera crucial a los países capitalistas avanzados. Sin embargo, el fracaso de varias oportunidades revolucionarias en el periodo posterior a la Primera Guerra Mundial —en particular la derrota de la Revolución Alemana en 1923— agudizaron el aislamiento del estado soviético. Esto, combinado con la devastación económica de la Primera Guerra Mundial y la subsecuente Guerra Civil, permitió que emergiera una capa burocrática conservadora en el partido y el aparato estatal.
A partir de 1923-24, la URSS sufrió una degeneración burocrática cualitativa, una contrarrevolución política en la que la clase obrera fue privada del poder político. El conservadurismo parroquial de la casta burocrática en consolidación adquirió forma ideológica cuando en 1924 Stalin promulgó la teoría de que el socialismo podía ser construido en un solo país. Este dogma antimarxista sirvió como justificación para el rechazo cada vez más franco del internacionalismo bolchevique —lo que condujo a traiciones abiertas de revoluciones proletarias en el extranjero, como fue el caso de España en la década de 1930— y a favor de intentos inútiles por conciliar con el imperialismo.
A pesar del dominio burocrático, la capacidad del estado obrero de administrar los recursos económicos de la sociedad soviética mediante la planificación económica trajo consigo grandes avances, transformando a la URSS de un país atrasado y mayoritariamente campesino en una potencia industrial moderna. Ese hecho es todavía más notorio hoy que el mundo capitalista está una vez más hundido en una crisis económica global. Sin embargo, como señaló Trotsky en La Revolución Traicionada:
“cuanto más lejos se vaya, más se tropezará con el problema de la calidad, que escapa a la burocracia como una sombra. Parece que la producción está marcada con el sello gris de la indiferencia. En la economía nacionalizada, la calidad supone la democracia de los productores y de los consumidores, la libertad de crítica y de iniciativa, cosas incompatibles con el régimen totalitario del miedo, de la mentira y de la adulación”.
El creciente estancamiento económico, exacerbado por la necesidad de seguirle el paso al masivo arsenal militar antisoviético del imperialismo estadounidense, llegó a un punto crítico en la década de 1980. El régimen de Mijaíl Gorbachov introdujo un programa de medidas con orientación de mercado (perestroika) que precipitó la fractura de la burocracia, incluso sobre líneas nacionales. En agosto de 1991, aprovechando un intento fallido de golpe de estado por parte de los lugartenientes de Gorbachov, el abiertamente procapitalista Boris Yeltsin tomó el poder en colaboración con el gobierno imperialista de George H. W. Bush. En esos días cruciales, la LCI publicó y distribuyó más de 100 mil copias en ruso de una declaración que llamaba a los obreros soviéticos a “¡Derrotar la contrarrevolución de Yeltsin y Bush!”. Sin embargo, décadas de mal gobierno estalinista habían dejado al proletariado atomizado y desmoralizado, y la ausencia de una resistencia proletaria a la marea contrarrevolucionaria pavimentó el camino para la destrucción final de las conquistas de la Revolución de Octubre.
La noción falsa de que la Unión Soviética era una potencia “imperialista” explotadora queda completamente desacreditada por su apoyo a Cuba, crucial para el progreso económico de ese país. Para la década de 1980, la Unión Soviética subsidiaba hasta el 36 por ciento del ingreso nacional cubano, intercambiando petróleo y sus derivados por azúcar en condiciones extremadamente favorables para la isla. Los enormes avances en los servicios de salud y de educación cubanos también estuvieron condicionados por los subsidios soviéticos, que en la década de 1970 permitieron al país inaugurar universidades públicas gratuitas, incluidas facultades de medicina en todas sus catorce provincias.
Después de la destrucción de la URSS, las exportaciones de Cuba cayeron 80 por ciento y su producto interno bruto se desplomó 35 por ciento. Sin el combustible, la maquinaria o las refacciones soviéticas, la mitad de las plantas industriales de Cuba tuvieron que cerrar al tiempo que el país sufría un colapso económico proporcionalmente mayor al de EE.UU. durante la Gran Depresión. Aquí vemos, en el lenguaje de la estadística dura y fría, las conquistas históricas que la existencia de la Unión Soviética hizo posibles —así como el desastre que tuvo lugar después de su destrucción—. Ésta es una clara prueba de la culpabilidad de los falsos grupos izquierdistas que hicieron causa común con las fuerzas contrarrevolucionarias de Yeltsin apoyadas por el imperialismo y que ahora ¡vituperan contra las “reformas de mercado” cubanas, acusándolas de estar vendiendo el estado obrero!
El “modelo chino”
La introducción de las “reformas de mercado” ha intersecado y provocado un intenso debate entre los intelectuales cubanos sobre el camino a seguir. Economistas influyentes como Omar Everleny Pérez, director del Centro de Estudios de la Economía Cubana, aplauden los cambios propuestos argumentando que pueden traer consigo modernización y crecimiento económico indefinido. Everleny Pérez es uno de tantos que abogan por seguir un modelo económico estilo chino o vietnamita de fomentar la inversión extranjera. Otros, en cambio, tienen la preocupación de que las “reformas de mercado” lleven a Cuba al abismo, señalando el destino de la Unión Soviética bajo la política de Gorbachov de la perestroika.
Al comparar a Cuba con China hoy en día, es importante señalar que para las dos últimas décadas de la Guerra Fría (la de 1970 y la de 1980), China se había convertido en un aliado estratégico del imperialismo estadounidense en contra de la Unión Soviética. La escisión sino-soviética en la década de 1960 fue un reflejo de ambas partes de las implicaciones contrarrevolucionarias del “socialismo en un solo país”. La política criminal de los estalinistas chinos de aliarse con Washington en contra de Moscú, iniciada con Mao, pavimentó el camino para la apertura de China a la inversión industrial a gran escala por parte del imperialismo occidental, implementada por la burocracia de Deng Xiaoping. En contraste, el imperialismo de EE.UU. ha mantenido una hostilidad implacable hacia Cuba y no da señal alguna de tener intenciones de relajar su brutal embargo, incluso a pesar de las concesiones del régimen de La Habana, como la liberación de más de 120 “disidentes” de derecha a partir del año pasado, en la que la reaccionaria Iglesia Católica jugó un papel determinante.
La posición de línea dura de Washington hacia Cuba no sólo impide la inversión estadounidense, sino que también limita la de Canadá y Europa Occidental gracias a los amplios alcances de la ley extraterritorial estadounidense. Así mismo, Cuba no tiene ni la base industrial preexistente ni las vastas reservas de mano de obra barata que alimentaron el avance económico de China durante las tres décadas pasadas. La idea de que Cuba podría tener éxito emprendiendo un modelo de crecimiento económico basado en la exportación mediante una inversión imperialista sustancial es una fantasía.
A pesar de las medidas orientadas al mercado introducidas desde finales de la década de 1970, los principales sectores económicos en China (como sucede también en Cuba) siguen nacionalizados y bajo control estatal. La inversión a gran escala por parte de corporaciones occidentales y japonesas y de la burguesía china de ultramar ha resultado, por un lado, en altos niveles de crecimiento económico y un incremento enorme en el peso del proletariado industrial chino, un acontecimiento progresista de importancia histórica. Por el otro, el “socialismo de mercado” ha incrementado enormemente la desigualdad, creando incluso una considerable clase de empresarios capitalistas nacionales en la China continental, muchos de ellos con lazos financieros y familiares con funcionarios del Partido Comunista. Como resultado, China se ha vuelto un caldero de contradicciones económicas y sociales y explosivo descontento obrero. Mientras tanto, los imperialistas prosiguen con su estrategia en dos flancos para fomentar la contrarrevolución, complementando la penetración económica con la presión y las provocaciones militares, al tiempo que abogan por los “disidentes” anticomunistas.
La burocracia cubana: Una casta contradictoria
En oposición a las posturas de gente como Everleny Pérez, otros, tanto en Cuba como al nivel internacional, argumentan en contra de seguir el modelo de “socialismo de mercado” implementado en China, un país que consideran capitalista o incluso imperialista. Un ejemplo es la Liga de Trabajadores por el Socialismo (LTS), sección mexicana de la Fracción Trotskista-Cuarta Internacional (FT-CI), una escisión de la tendencia dirigida por el fallecido camaleón político argentino Nahuel Moreno. En una declaración de septiembre de 2010 sobre Cuba, la FT-CI escribe: “Aunque con un discurso ‘socialista’ y ‘antiimperialista’, la burocracia gobernante reivindica desde hace años el llamado ‘modelo chino’ o vietnamita, es decir, un programa de marchar hacia un proceso gradual de restauración capitalista bajo la dirección del PCC, y ya viene tomando medidas que van en ese sentido” (www.cubarevolucion.org).
Al contrario de lo que afirma la LTS/FT-CI, no puede haber “un proceso gradual de restauración capitalista” ni en China ni en Cuba. La contrarrevolución capitalista tiene que triunfar al nivel político, conquistando el poder estatal. No va a tener lugar a través de un proceso de crecientes extensiones cuantitativas del sector privado, ya sea local o extranjero. La burocracia estalinista es incapaz de llevar a cabo una restauración del capitalismo en frío, gradual y desde arriba. Como demostraron claramente los eventos en la Unión Soviética en 1991-92, una crisis social de grandes proporciones en un estado obrero deformado vendría acompañada del colapso del bonapartismo estalinista y de la fractura política del Partido Comunista gobernante. El resultado de esta situación —ya sea la restauración del capitalismo o una revolución política proletaria— dependería en gran medida del resultado de la lucha entre estas dos fuerzas de clase contrapuestas. La clave para una victoria obrera sería la formación oportuna de un partido de vanguardia leninista-trotskista con arraigo entre los sectores más avanzados del proletariado.
La LTS/FT-CI trata a la burocracia cubana como si ésta estuviera comprometida con la destrucción del estado obrero. De ese modo afirma que el ejército cubano, las Fuerzas Armadas Revolucionarias, es la “avanzada de la restauración capitalista” en Cuba hoy día. Esta noción contradice la esencia misma del entendimiento de Trotsky de la burocracia estalinista como una casta contradictoria, un tumor parasitario del estado obrero y sus formas de propiedad colectivizadas. Con su asfixiante burocratismo, sus mentiras, su corrupción y sus concesiones al capitalismo, la burocracia ciertamente pavimenta el camino para una posible contrarrevolución. Pero etiquetarla en su conjunto (o a una sección de ésta) de “avanzada de la restauración capitalista” es absolver escandalosamente el papel del imperialismo estadounidense, la Iglesia Católica, los exiliados contrarrevolucionarios cubanos y los derechistas al interior de Cuba, como las “disidentes” Damas de Blanco.
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/34/cuba.html
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2016.06.03 14:22 ShaunaDorothy ¡Por la revolución obrera en ambos lados de la frontera! ¡Abajo la militarización de la “guerra contra el narcotráfico”! ¡Romper con el PRD! ¡Forjar un partido obrero! (Otoño de 2010)

https://archive.is/hURfX
Espartaco No. 32 Otoño de 2010
La masacre de 16 personas, en su mayoría adolescentes, el mes pasado en Ciudad Juárez, es tan sólo la evidencia sangrienta más reciente de la “narcoviolencia” que ha cobrado casi 20 mil vidas en México desde 2001. El año pasado, tan sólo en Ciudad Juárez unas 2 mil 700 personas fueron asesinadas, lo cual la hace una de las ciudades más violentas del planeta. Con frecuencia, las ciudades mexicanas son escenario de tiroteos, muchos de ellos a plena luz del día, conforme los cárteles de la droga y sus adjuntos policiacos se disputan el control del pujante tráfico, dirigido en su mayoría a abastecer el mercado estadounidense. Los cárteles con frecuencia torturan y decapitan a sus rivales en el negocio, colocando sus cabezas junto a carteles con mensajes amenazantes. Los videos de este sádico trabajo artesanal son subidos regularmente a YouTube. Un hombre, apodado “El Pozolero”, admitió que en los últimos diez años había disuelto unos 300 cuerpos en ácido para deshacerse de ellos a petición del Cártel de Tijuana.
La horrenda realidad de la narcoviolencia ha proporcionado al presidente Felipe Calderón del derechista Partido Acción Nacional (PAN) un pretexto para fortalecer sistemáticamente el aparato represivo del estado burgués. Calderón ha desplegado unas 45 mil tropas del ejército a lo largo del país, junto con miles de policías federales. En muchas ciudades, entre las cuales se encuentran centros industriales del norte como Tijuana, Nogales, Ciudad Juárez, Reynosa y Nuevo Laredo, el ejército ha asumido funciones policiacas.
Si en algo ha resultado el despliegue del ejército ha sido en un incremento del derramamiento de sangre aunado a la represión intensificada contra la clase obrera y los pobres del campo y la ciudad. Lo que está en juego en la guerra contra el narcotráfico es el control de un negocio que puede redituar hasta 25 mil millones de dólares al año (más o menos el equivalente de las remesas enviadas desde EE.UU.) y que desempeña un papel central en la economía capitalista al involucrar directamente a un estimado de 150 mil personas y estar relacionado con un 78 por ciento de las actividades empresariales legales, según la revista Proceso (15 de marzo de 2009). Joaquín “El Chapo” Guzmán Loera, jefe del Cártel de Sinaloa, incluso ha sido nombrado en la lista de multimillonarios de la revista Forbes. Y es que, desde las secretarías de estado hasta los policías, el aparato estatal capitalista mexicano está profundamente compenetrado con los cárteles de la droga.
Desde el inicio de su régimen, Calderón ha realizado acciones para fortalecer al estado burgués, entre las cuales se encuentra la acrecentada dependencia en el ejército. Al tomar posesión en 2006, Calderón enfrentaba un contexto de agitación social, cuando millones de personas se manifestaban contra su fraudulenta victoria electoral sobre Andrés Manuel López Obrador, del populista burgués Partido de la Revolución Democrática (PRD). Los mineros, al igual que los maestros y comunidades indígenas en Oaxaca y campesinos en el Estado de México, protestaban contra la represión gubernamental y los ataques contra sus medios de subsistencia. Una de las primeras medidas del gobierno de Calderón fue elevar en un 45 por ciento los sueldos militares en febrero de 2007 con el fin de asegurar la lealtad del ejército. Respaldado por una masiva ayuda militar estadounidense, el régimen ha dependido de la creciente militarización del país para empujar sus ataques contra los sindicatos e incluso más medidas de austeridad.
Aunque el nivel de lucha social ha disminuido en el último par de años, México sigue siendo una sociedad profundamente inestable, en la que la clase obrera y los pobres han sufrido un saqueo aún mayor debido a la recesión económica mundial. Describiendo la militarización reforzada con la “guerra contra el narcotráfico”, nuestros camaradas del Grupo Espartaquista de México señalaron en Espartaco No. 31 (primavera de 2009) que “la movilización masiva del estado burgués —una máquina de represión que sirve para proteger la propiedad privada y el régimen de los capitalistas— no tiene nada que ver con ‘proteger’ a la población; se trata de un despliegue de fuerza para lanzar una advertencia a las masas empobrecidas ante la brutal crisis económica”. Esto se vio claramente el 10 de octubre de 2009, cuando miles de policías federales y soldados ocuparon las instalaciones de la industria eléctrica de la Ciudad de México para destruir al sindicato que era un obstáculo al intento de privatizar la industria eléctrica (ver el volante “¡Defender al SME! ¡Movilizar la fuerza de la clase obrera!”, 11 de octubre de 2009).
El movimiento obrero en ambos lados de la frontera debe oponerse a la “guerra contra el narcotráfico”, la “guerra contra el terrorismo” y a otras campañas cuyo fin es fortalecer los poderes represivos del estado capitalista. En México, aunque son las redadas contra los grandes traficantes en sus mansiones lo que ocupa los titulares, la guerra contra el narcotráfico ha sembrado el terror asesino en los barrios pobres de todo el país, como es el caso de Tepito, en el centro de la Ciudad de México —uno de los blancos favoritos de las redadas policiacas—. En Estados Unidos, la “guerra contra las drogas” ha servido durante décadas a los racistas gobernantes capitalistas para llevar a cabo encarcelamientos masivos contra la población negra y, cada vez más, los latinos y los inmigrantes.
La Spartacist League/U.S. y el GEM, secciones de la Liga Comunista Internacional, llaman por la despenalización de las drogas. Nos oponemos a todas las leyes contra los “crímenes sin víctimas” —desde el uso de drogas hasta la prostitución, las apuestas y la pornografía— que en el fondo sirven para preservar el orden social que favorece a la clase capitalista dominante. Al eliminar las enormes ganancias que derivan de la naturaleza ilegal y clandestina del narcotráfico, la despenalización reduciría también el crimen y otras patologías sociales asociadas con éste.
Como marxistas, también nos oponemos a las medidas del estado burgués que restringen o impiden que la población porte armas. En EE.UU., el Partido Demócrata en particular ha buscado durante años restringir este derecho, que supuestamente está garantizado por la Segunda Enmienda a la Constitución. La histeria en torno a la narcoviolencia en México está siendo utilizada actualmente para arremeter contra los expendios de armas en Arizona y Texas que supuestamente arman a los cárteles, ¡a pesar del hecho de que estos pequeños negocios familiares difícilmente son los lugares en donde los narcotraficantes obtienen los lanzagranadas, los cohetes antitanque y otro equipo de categoría militar que utilizan! En México, donde el control de armas es mucho más estricto, la guerra contra el narcotráfico sirve como pretexto para limitar aún más los derechos de la población. Las leyes para controlar la posesión de armas están diseñadas para asegurar que el ejército, la policía y los criminales —que con frecuencia son los mismos— tengan el monopolio sobre las armas. ¡Abajo el control de armas!
La “guerra contra el narcotráfico”: Hecha en EE.UU.
Tanto bajo los gobiernos demócratas como los republicanos, el imperialismo estadounidense ha utilizado la “guerra contra las drogas” como un medio para incrementar el control que ejerce sobre su “patio trasero” latinoamericano. El “Plan Colombia”, iniciado en 2000, canalizó miles de millones de dólares al sangriento gobierno colombiano, cuya asesina campaña contra las guerrillas de izquierda se ha disfrazado desde hace mucho con el estandarte “antidrogas”. Mientras el Pentágono y la CIA despotrican que el narcotráfico amenaza con convertir a México en un “estado fallido”, EE.UU. ha incrementado la ayuda militar a México en un factor de siete a través del “Plan Mérida” que involucra mil 400 millones de dólares. Este programa, iniciado durante el gobierno de George W. Bush, ha sido continuado y ampliado por Barack Obama, quien se empeñó en venir a México la primavera pasada, junto con su secretaria de estado Hillary Clinton, para sermonear a Calderón por su modo de lidiar con la crisis. ¡Abajo el “Plan Mérida” y toda ayuda militar estadounidense a México!
El gobierno de Obama también ha aprovechado la histeria en torno al narcotráfico para reforzar aún más la seguridad en la frontera con México. La recesión económica que ha llevado al desempleo de millones de trabajadores, nativos e inmigrantes, en EE.UU., ha acarreado también una aguda disminución tanto de inmigrantes legales como de indocumentados. Mientras tanto, el gobierno ha incrementado el número de agentes de la patrulla fronteriza y está acelerando el paso en la deportación de extranjeros “ilegales” encarcelados. Al igual que el racismo antinegro, el chovinismo antiinmigrante ha sido utilizado durante mucho tiempo por los gobernantes capitalistas para dividir a la clase obrera y debilitar sus luchas contra la explotación. Exigimos: ¡Plenos derechos de ciudadanía para los inmigrantes! ¡Ni una deportación!
Al tiempo que los voceros de Washington lamentan el caos generado por la guerra contra el narcotráfico, la dominación económica imperialista de México es lo que ha sentado las bases para la espiral de violencia. A partir de la década de 1980, el Fondo Monetario Internacional y otras agencias imperialistas impusieron programas de “reestructuración de la deuda” en México y en todo el Tercer Mundo que eliminaron los subsidios agrícolas así como los programas de bienestar social. El resultado fue la ruina de la producción agrícola a pequeña escala, desatando una afluencia masiva de campesinos arruinados a las ciudades, creando a su vez un terreno fértil para el ascenso del narcotráfico y otros sectores de la “economía informal”.
Esta tendencia se aceleró cualitativamente con la imposición del tratado de “libre comercio”, TLCAN. En los 16 años posteriores a la firma del TLCAN, el campo mexicano ha sido devastado, entre otras cosas por la eliminación de las medidas de protección contra el maíz y el frijol producidos en EE.UU., granos que son la base de la dieta para la población pobre y alimentos básicos clave cultivados por los campesinos depauperados. En Ciudad Juárez y otras áreas de la frontera, muchos campesinos buscaron trabajo en las maquiladoras de “libre comercio”, en donde los fabricantes estadounidenses y de otros países pagan sueldos de miseria. Pero para la mayoría de los que llegaron a las ciudades, fue imposible encontrar trabajo. Además, la actual recesión ha limitado fuertemente la válvula de escape tradicional que constituye la migración a EE.UU., y el envío de remesas por parte de los mexicanos que viven “del otro lado” —una fuente importante de divisas extranjeras y un salvavidas para millones de personas, especialmente en el campo— se ha desplomado.
Bajo estas circunstancias, en gran parte del México rural, y en especial en las comunidades indígenas de las regiones más remotas y áridas, el cultivo de drogas es la única fuente de sustento. Como lo puso un artículo en el Nation (3 de agosto de 2009): “Hoy día, con la caída en las remesas, los precios del petróleo y el turismo, el narcotráfico es probablemente la fuente individual más extensa de divisas fuertes en México”.
Hace casi 20 años, mientras se negociaba el TLCAN, la rapiña de “libre comercio” contra México, la SL/U.S., el GEM y la Trotskyist League of Canada emitieron una declaración conjunta que afirmaba: “Existe la necesidad candente de una oposición proletaria internacionalista que luche al lado de la clase obrera y el empobrecido campesinado de México contra el asalto imperialista. Las secciones canadiense, estadounidense y mexicana de la Liga Comunista Internacional están dedicadas a construir una vanguardia revolucionaria que sea capaz de unificar a las masas trabajadoras del continente en una lucha de clases común” (Espartaco No. 2, verano-otoño de 1991).
Esta perspectiva internacionalista proletaria contrasta agudamente con la de las burocracias sindicales proimperialistas de EE.UU. y Canadá, cuya oposición al TLCAN se basaba en el proteccionismo chovinista. También está en oposición al populismo nacionalista promovido por los falsos dirigentes sindicales en México, que ata a los obreros a la burguesía mexicana. La pequeña izquierda reformista mexicana actúa en consonancia, principalmente a través de su apoyo al PRD burgués. La clave para la emancipación del proletariado en ambos lados del Río Bravo es la lucha por su independencia política respecto de todos los partidos de la burguesía.
El único camino a la liberación de las masas empobrecidas urbanas y rurales en México es la revolución permanente: la perspectiva desarrollada por León Trotsky, codirigente junto con V.I. Lenin del Partido Bolchevique que encabezó la revolución proletaria de octubre de 1917 en Rusia. Para resolver las tareas de la revolución agraria y la completa modernización social y económica es necesario que el proletariado de México tome el poder a la cabeza de todos los oprimidos y explotados. Al expropiar a los capitalistas agrícolas e industriales, un gobierno obrero y campesino en México sentaría las bases para construir una economía planificada y enfrentaría de inmediato la necesidad de extender la revolución socialista al coloso imperialista estadounidense.
La emancipación de la clase obrera y los oprimidos en México está indisolublemente ligada a la de los trabajadores en EE.UU., donde millones de inmigrantes de México y otros lugares son un componente clave del proletariado multirracial. Esto subraya la necesidad crucial de construir partidos leninistas-trotskistas a lo largo de las Américas como parte de la lucha para reforjar la IV Internacional.
Narcoviolencia y terror estatal
Al mismo tiempo que aplicaban brutalmente los dictados económicos de los imperialistas, los gobernantes capitalistas de México se ataban cada vez más al pujante narcotráfico. El régimen de Carlos Salinas (1988-94), penúltimo presidente del Partido Revolucionario Institucional (PRI) estuvo marcado por una corrupción descarada incluso para los estándares de México, y por un giro respecto al tradicional populismo que caracterizó por décadas al gobierno del PRI. México fue azotado por la corrupción relacionada con las drogas, al tiempo que se privatizaban sectores clave de la economía. Durante el primer año de gobierno de Salinas, su jefe de policía nacional fue encontrado con 2.4 millones de dólares relacionados con drogas en la cajuela de su coche. Empezando por la familia Salinas misma, los políticos se acercaron más a los capos de la droga, que adquirían más poder conforme el Cártel de Medellín de Pablo Escobar era destruido en Colombia.
La institucionalización de la corrupción relacionada con las drogas bajo el régimen del PRI sirvió, de hecho, para controlar el tipo de violencia que ha sacudido a México en los últimos años. Pero la situación cambió cuando el clerical derechista PAN llegó al poder con Vicente Fox en 2000 y Washington empezó a presionar intensamente al gobierno mexicano para que tomara medidas enérgicas contra el narcotráfico. Durante su gobierno, 80 mil personas fueron arrestadas bajo cargos de narcotráfico, la mayoría de ellas traficantes de poca monta, pero también quince dirigentes de cárteles, veintenas de “lugartenientes” y 428 sicarios. En su persecución contra los cárteles, Fox comenzó a extraditar ciudadanos mexicanos a EE.UU., lo que para los nacionalistas priístas era anatema. Esta campaña destruyó el equilibrio entre los distintos cárteles y también entre éstos y el gobierno, dando origen a enfrentamientos cada vez más violentos.
Muchos de los muertos por la narcoviolencia han sido agentes gubernamentales —policías, soldados, etc.— que se habían vendido a uno u otro cártel. Incluso antes de la actual guerra contra el narcotráfico, los policías mexicanos con frecuencia tenían otros trabajos como agentes del crimen o secuestradores. Ahora cada cártel presume de tener su propia fuerza paramilitar, con armamento sofisticado y dirigentes entrenados profesionalmente. Como en el caso del infame grupo de Los Zetas, estas fuerzas son reclutadas de entre los escuadrones militares y policiacos de élite (los cárteles pagan mucho más que el gobierno).
Los gobernantes de México han canalizado el miedo y la indignación entre la población por la narcoviolencia en apoyo al incremento de la represión, que incluye restricciones más severas a los derechos democráticos. A Calderón, la “guerra contra el narcotráfico” también le ha dado la posibilidad de purgar el aparato gubernamental, instalando a sus secuaces del PAN en lugar de los remanentes del PRI.
La principal fuerza para la violencia es el estado burgués. Aunque los policías en México —y no sólo en México— son abundantemente corruptos, la brutal violencia que emplean deriva del papel que desempeñan —junto con el ejército, los tribunales y las prisiones— como componente esencial del estado capitalista. Este asesino aparato de represión no puede ser reformado en interés de los trabajadores y los pobres. Debe ser aplastado a través de la revolución socialista y remplazado con un nuevo estado que imponga el dominio de la clase obrera —la dictadura del proletariado— para expropiar y suprimir a los explotadores capitalistas.
Ciudad Juárez: Ciudad bajo sitio
El escenario principal de la guerra contra el narcotráfico de Calderón es Ciudad Juárez, una importante ciudad industrial de un millón y medio de personas cuyas decenas de maquiladoras han atraído a miles de inmigrantes del interior del país. Tristemente célebre desde hace tiempo por los brutales asesinatos no resueltos de cientos de jóvenes obreras (ver “Ciudad Juárez: Capitalismo y terror misógino”, Espartaco No. 21, otoño-invierno de 2003), Juárez es también un centro clave del narcotráfico debido a su proximidad con EE.UU.—con El Paso al otro lado de la frontera—. El Narco News Bulletin en línea (17 de abril de 2009) describía la “Operación Conjunta Juárez” del ejército como una “situación de ley marcial de facto”, en la que el despliegue previsto de 8 mil 500 soldados y 2 mil 300 policías militares implicaba que habría un agente por cada 130 residentes y cerca de 92 tropas por milla cuadrada. El artículo informaba: “Los soldados han desarmado a 380 policías de tránsito y los acompañarán mientras lleven a cabo sus tareas. Trece militares retirados y en activo han asumido el control de la policía de Juárez: el General retirado Julián David Rivera Bretón, que se hizo de fama en Chiapas cuando era uno de los oficiales militares a cargo de las operaciones contra los zapatistas, es el nuevo jefe de la policía”. Se planea que las tropas permanezcan en Juárez al menos hasta diciembre. Los nuevos oficiales de policía, que remplazaron a los purgados, fueron entrenados en combate urbano en una base militar y llevarán rifles de asalto alemanes diseñados para operaciones militares.
Los obreros y los pobres de Juárez son el blanco directo del despliegue militar. Desde junio de 2009, la Comisión Estatal de Derechos Humanos de Chihuahua investigaba 2 mil 500 casos reportados de tortura que involucraban a personal militar y policías federales. El activista veterano Géminis Ochoa, líder de la Liga de Comerciantes Ché Guevara, fue asesinado mientras organizaba una manifestación contra los abusos a vendedores por parte del ejército. Al menos siete profesores universitarios han sido asesinados; todos estaban involucrados en el activismo social o sindical. En mayo de 2009, el Dr. Manuel Arroyo Galván, catedrático de sociología de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez que realizaba una activa labor en pro de los derechos de los obreros en las maquiladoras, fue asesinado de seis tiros en la cabeza en el centro de Juárez.
México, como otros países latinoamericanos dependientes del imperialismo de EE.UU., nunca ha sido una democracia burguesa estable. Su ejército (el tercero más grande en América Latina), no está diseñado primordialmente para combatir en el extranjero, sino para reprimir a la población, como deja en claro la campaña de 15 años contra los zapatistas en Chiapas. Sin embargo, a diferencia de lo que sucedió en gran parte de América Latina, el ejército mexicano ha hecho lo que el gobierno civil ha querido desde finales de la Revolución Mexicana. Bajo el régimen del PRI, la bota sangrienta del estado se vio en el asesinato y la desaparición de miles de izquierdistas, obreros y campesinos combativos. En la masacre de Tlatelolco del 2 de octubre de 1968, las fuerzas gubernamentales asesinaron a unos mil manifestantes estudiantiles en la Ciudad de México. Durante la extendida guerra sucia contra la izquierda, que abarcó desde fines de la década de 1960 hasta principios de la de 1980, al menos 2 mil personas fueron desaparecidas o asesinadas. Hoy en día, la clase dominante mexicana no enfrenta una amenaza significativa de la izquierda, que opera en su mayoría a la sombra del PRD.
El dramático incremento en el papel que desempeñan actualmente los militares sólo hará crecer el número de víctimas del terror estatal. Los oficiales del ejército han sido colocados al mando de varias fuerzas policiacas municipales y estatales. Los militares operan retenes en calles y carreteras, en tanto que las ciudades son patrulladas por soldados en camionetas con armas automáticas que apuntan a diestra y siniestra. Muchas de las ciudades bajo ocupación son centros industriales con una historia de combativas luchas obreras. Los abusos del ejército —que incluyen cateos y arrestos sin motivo, violaciones, abuso sexual, tortura y muerte— reportados ante la Comisión Nacional de Derechos Humanos han aumentado de 182 en 2006, cuando Calderón desplegó al ejército, a mil 230 en 2008. Cuando residentes de Monterrey, Ciudad Juárez, Nuevo Laredo, Reynosa y Veracruz protestaron contra los militares el año pasado, fueron denunciados en los medios burgueses como herramientas de los cárteles.
Frontera NorteSur (4 de septiembre de 2009), un periódico por Internet publicado por la Universidad Estatal de Nuevo México en Las Cruces, señaló: “Conforme se incrementa el número de cadáveres, la violencia se parece cada vez más a la ‘limpieza social’ llevada a cabo por los escuadrones de la muerte de Honduras, Brasil y otras naciones latinoamericanas”. Los críticos del gobierno y los activistas sociales se encuentran entre los blancos. Los periodistas en el norte de México son intimidados y amenazados con frecuencia por revelar la corrupción gubernamental. En el sur de México, los partidarios de los zapatistas han sido torturados con el pretexto de la guerra contra el narcotráfico justo como ha sucedido con los activistas indígenas de Guerrero, un estado con un largo historial de represión estatal asesina en contra de izquierdistas. La revista Proceso (22 de marzo de 2009) describió las áreas militarizadas permanentemente en ese estado como una “estrategia contrainsurgente disfrazada de acción federal contra la siembra de enervantes”. En otras partes de México, han circulado rumores de grupos de vigilantes paramilitares relacionados con la policía, un siniestro recordatorio de la guerra sucia.
¡Ninguna ilusión en el populismo del PRD!
La “guerra contra el narcotráfico” ha sido respaldada por políticos a lo largo de todo el espectro de la política burguesa en México. Evocando los tiempos en los que los gobernantes del país ofrecían ciertos programas sociales y retórica populista de la mano de la fuerza bruta, los dirigentes del PRD como López Obrador culpan a los regímenes neoliberales mexicanos, y especialmente a los del PAN, como causantes de la violencia y el caos, debido a su corrupción y a los recortes en las instituciones estatales. Pero cuando circuló el rumor de que los traficantes planeaban asesinar a Calderón, el PRD cerró filas detrás del Comandante en Jefe, con Carlos Navarrete, líder del PRD en el senado, declarando que: “El estado mexicano debe hacer uso de todos sus recursos y sus fortalezas” (El Imparcial, Hermosillo, 11 de agosto de 2009). El PRD ha implementado por años la “guerra contra el narcotráfico” en la Ciudad de México —por ejemplo, con las redadas en Tepito—.
El grupo reformista Militante, copensadores de la Tendencia Marxista Internacional del fallecido Ted Grant, hace eco de la histeria reaccionaria contra las drogas. Cuando el gobierno estaba planeando reducir las penas por posesión de pequeñas cantidades de drogas —una reforma apoyable aunque mínima— Militante denunció a Calderón desde la derecha, afirmando en un artículo del 2 de mayo de 2009 publicado en su sitio de Internet que “los gobiernos panistas han intentado legalizar las drogas con el objetivo de minar la capacidad organizativa y política de la juventud mexicana”. Esto concuerda perfectamente con la larga historia de posiciones sociales retrógradas de los grantistas a nivel internacional, incluyendo su aclamación al vigilantismo antidrogas en Francia, en donde los jóvenes africanos negros y norafricanos son particularmente perseguidos por la policía (ver el folleto espartaquista de 1994, Militant Labour’s Touching Faith in the Capitalist State [La conmovedora fe en el estado capitalista de Militant Labour]).
En EE.UU., International Socialist Review (julio-agosto de 2009), publicado por la International Socialist Organization (ISO, Organización Socialista Internacional), opinaba que, a través de la despenalización, “los miles de millones de dólares desperdiciados en la guerra contra el narcotráfico en México podrían emplearse en reconstruir la economía mexicana para proporcionar la educación y los empleos que los mexicanos necesitan tan desesperadamente. En EE.UU., el dinero podría ser empleado para tratar la adicción a las drogas, en vez del encarcelamiento”. Uno podría pensar que la ISO ha estado fumando alguna sustancia peculiar. Pero el sueño de que los imperialistas que explotan salvajemente a los trabajadores en casa y en el extranjero, y sus subordinados al sur de la frontera, abrirían las puertas de la cárcel y “reconstruirían” la economía que saquean sistemáticamente es ilustrativo del marco de referencia entero de los reformistas: la noción de que el estado burgués puede ser presionado para servir a los intereses de los explotados y los oprimidos.
La súplica reformista de la ISO es un tenue eco del plan ofrecido por el perredista López Obrador, que el pasado marzo apeló en una carta abierta a Hillary Clinton: “Creemos que es un error querer enfrentar el problema de la inseguridad y de la violencia sólo con mano dura, con militares, con cárceles, con leyes más severas y con penas más largas. La solución al flagelo de la delincuencia pasa, necesariamente, por rescatar al Estado, por cambiar el actual modelo económico y por garantizar mejores condiciones de vida y de trabajo a la población”.
Los partidos populistas burgueses como el PRD no pueden mejorar fundamentalmente las condiciones de vida y trabajo de los obreros y los campesinos. Cuando están en el poder, su trabajo es administrar el sistema capitalista de ganancias e imponer sus necesidades contra los trabajadores, en ocasiones agregando algunos programas sociales para tratar de mantener la paz entre las clases. Cuando se enfrenta a obreros, estudiantes y otros que luchan por sus derechos y su sustento, el PRD utiliza la violencia organizada del estado tanto como el PRI o el PAN.
Los llamamientos populistas, ofrecidos como una alternativa al neoliberalismo, sirven para reforzar las cadenas que atan al combativo proletariado mexicano al orden capitalista. Al pregonar que existen intereses comunes en “el pueblo”, el nacionalismo populista oscurece la división irreconciliable de clases entre el proletariado y la burguesía que explota su trabajo para obtener ganancias. Como escribió el GEM en defensa del SME:
“El proletariado posee intereses de clase únicos y una enorme fuerza social, derivados de su posición en el engranaje productivo, que lo llaman a desempeñar el papel dirigente en la consecución de las aspiraciones de todos los pobres y oprimidos mediante su propia emancipación y el establecimiento de un gobierno obrero y campesino. A la clase obrera no le falta ánimo de lucha; pero, mientras ésta se mantenga dominada por la política del populismo nacionalista burgués, será descarrilada hacia las ilusiones en la reforma democrática del capitalismo”.
El GEM lucha para hacer que los obreros combativos y los jóvenes radicales rompan con el PRD y con todas las formas de nacionalismo burgués. Como secciones norteamericanas de la LCI, el GEM, la SL/U.S. y la TLC están dedicadas a la lucha por forjar partidos obreros trotskistas que dirijan la lucha por la revolución socialista del Yukón a Yucatán.■
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/32/narco.html
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2016.05.24 15:31 ShaunaDorothy Las "reformas de mercado" en China: Un análisis trotskista ¡Defender al estado obrero deformado chino! ¡Por la revolución política proletaria! (3 - 3) (Primavera de 2007)

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Al mismo tiempo, las medidas de los estalinistas de Beijing han perjudicado y empobrecido a sectores significativos de la clase obrera y los trabajadores del campo, ensanchado el golfo entre la China urbana y la rural, alentado una clase de empresarios capitalistas con vínculos familiares y financieros con funcionarios del PCCh, así como capitalistas chinos de ultramar, y generado un próspero estrato gerencial-profesional-tecnocrático que disfruta de un estilo de vida occidental.
Hart-Landsberg y Burkett, por un lado, y Lippit, por el otro, expresan los polos opuestos de esa contradicción. Aquéllos eligen evidencias para argumentar que todo ha empeorado para el pueblo trabajador chino. Señalan las profundas y crecientes desigualdades sociales, el crecimiento del desempleo urbano y el deterioro de la salud pública y la educación primaria. Lippit elige evidencias en el sentido opuesto. Señala que la gran mayoría de la población trabajadora —tanto urbana como rural— ha experimentado un ascenso en el nivel de vida, si bien en una tasa bastante desigual. Cita estudios que demuestran que cientos de millones de campesinos han salido de la pobreza en las últimas décadas.
Ni en “China y el socialismo” ni en su respuesta a Lippit, citan Hart-Landsberg y Burkett las estadísticas fácilmente accesibles que indican la medida básica de las cambiantes condiciones económicas de la clase obrera. Entre 1979 y 1998 hubo un aumento en el poder adquisitivo de los obreros manufactureros del cuatro por ciento anual en promedio. Sólo en 1988 y 1989 hubo un descenso debido a la explosivamente alta tasa de inflación de entonces. Entre 1999 y 2002 (según el Anuario estadístico laboral de China de 2003) los salarios crecieron en promedio casi doce por ciento cada año. En los últimos años, los grandes centros industriales como Shenzhen y Shanghai han empezado a experimentar escasez de mano de obra, especialmente de obreros calificados. En consecuencia, los patrones están ofreciendo salarios más altos y mejores prestaciones para atraer trabajadores. Hong Liang, economista de una firma de Wall Street, Goldman Sachs, comentó: “Estamos presenciando el final de la época de oro de mano de obra extremadamente barata en China” (New York Times, 3 de abril de 2006).
Sin embargo, pese a haber mantenido por más de dos décadas una tasa de crecimiento económico cercana al diez por ciento, no todos los sectores de la clase obrera china han experimentado una mejora en sus estándares de vida. Todo lo contrario. Comenzando a mediados de los años 90, las empresas industriales estatales pequeñas y medianas fueron privatizadas, típicamente vendidas a sus antiguos gerentes a precios de liquidación. Como resultado de estas privatizaciones, junto con las fusiones y los simples cierres, entre 20 y 30 millones de obreros, incluyendo un número desproporcionadamente alto de mujeres, fueron despedidos. Los más afortunados encontraron nuevos empleos, especialmente en el sector privado, pero en general con un salario menor y con pocas o ninguna de las extensas prestaciones que les daban las empresas estatales.
Una gran región fue especialmente devastada económicamente por los cierres: el “cinturón del óxido” del noreste, donde se concentraba una gran parte de las plantas industriales más viejas. Ahí, hasta el 40 por ciento de la clase obrera está desempleada. En general, se calcula que el desempleo está entre el seis y el trece por ciento de la población urbana económicamente activa. La Comisión de Desarrollo y Reforma Nacional, una agencia gubernamental que supervisa la política económica, calcula que si la economía crece un ocho por ciento este año, China generará once millones de empleos adicionales. Eso es menos de la mitad de la cifra oficial de 25 millones de desempleados urbanos, sin contar los nuevos ingresos a la fuerza de trabajo (Economist [Londres], 25 de marzo de 2006).
En general se reconoce que la era de “reformas” ha visto un ensanchamiento de las desigualdades, tanto al interior de las ciudades como entre las áreas urbanas y las rurales. Además de la nueva clase de capitalistas ricos, la China urbana tiene hoy una capa significativa de profesionistas pequeñoburgueses cuyos estándares de vida son muy similares a los de sus contrapartes en los países capitalistas avanzados. Mientras tanto, según el Informe de desarrollo humano de China de 2005, publicado por el Programa de Desarrollo de la ONU, la brecha entre el promedio de ingreso excedente de la China urbana y la China rural ha llegado a 3.2 a uno.
Estas estadísticas no deben oscurecer el hecho de que en aspectos importantes ha habido también una mejoría sustancial en las condiciones del campesinado. El consumo de electricidad en las áreas rurales aumentó casi ocho veces entre 1978 y 1997. La mayor parte de las familias campesinas posee aparatos domésticos. Lippit señala que para 1997 dos terceras partes de los hogares rurales tenían al menos un televisor blanco y negro, un medio básico de acceso a la vida cultural moderna.
Sin embargo, en otros aspectos importantes las condiciones del campesinado han empeorado. Las comunas rurales de la era de Mao brindaban atención médica rudimentaria, educación primaria y secundaria, pensiones de vejez y otros programas sociales. Entre 1980 y 1983, el régimen de Deng disolvió las comunas, remplazándolas con granjas familiares con contratos de arrendamiento a largo plazo: el “sistema de responsabilidad doméstica”. Se suponía que los programas sociales que antes brindaban las comunas serían retomados por el gobierno local. Dada la extrema descentralización del sistema de finanzas gubernamentales chino, los escasos recursos de los poblados y aldeas rurales resultaron totalmente inadecuados para ello. Las familias campesinas tuvieron que pagar de su bolsillo la atención médica y la escuela de sus hijos. Las consecuencias sociales fueron las previsibles:
“Pese a un notable progreso en la apertura del acceso a la educación, sigue habiendo serios desequilibrios. Las áreas rurales han quedado muy atrás de las ciudades y la población analfabeta de China se concentra en las áreas rurales. Sigue habiendo grandes diferencias en la calidad de las escuelas y la brecha entre las oportunidades educativas se ensancha conforme aumenta la edad de los estudiantes.
“También sigue habiendo brechas significativas en la salud de los residentes urbanos y los rurales, así como entre los residentes de distintas regiones. La mortandad infantil y materna son dos veces más altas en el campo que en las ciudades… Todos los indicadores muestran claras brechas de nutrición entre los niños rurales y los urbanos.”
—Informe de desarrollo humano de China de 2005
Ha habido un agudo incremento en lo que se llama oficialmente “incidentes masivos de descontento” en el campo. Las protestas y motines campesinos han estado dirigidos contra la toma de tierras por parte de funcionarios locales sin la compensación adecuada y contra los gravámenes arbitrarios, la corrupción y otros abusos burocráticos. En respuesta, el régimen de Hu Jintao ha prometido, bajo la consigna de un “nuevo campo socialista”, mejorar las condiciones del campesinado. El peso de los gravámenes ha disminuido, las cuotas de escuelas primarias y secundarias serán eliminadas para muchos estudiantes rurales y el gobierno central se ha comprometido a destinar más dinero a programas sociales e inversión en infraestructura en las áreas rurales. Sin embargo, como señaló el Economist (11 de marzo de 2006):
“Estas medidas no anuncian ningún cambio importante de políticas. El gasto del gobierno central en el campo seguirá sin pasar del 8.9 por ciento del total del gasto gubernamental, una cifra mayor que el 8.8 por ciento del año pasado pero menor al 9.2 por ciento de 2004. Abolir el impuesto agrícola y otras cuotas impuestas a los campesinos le ahorrará a cada trabajador rural un promedio de 156 yuanes (19 dólares) al año: alrededor de un 4.8 por ciento del ingreso neto.”
Una verdadera disminución de la brecha entre la China rural y la urbana requerirá la redistribución y reasignación masivas de recursos económicos. Introducir tecnología moderna en el campo —desde maquinaria hasta fertilizantes químicos y todo el complejo del cultivo científico— requeriría una base industrial cualitativamente más alta de la que existe hoy. A su vez, un aumento de la productividad agrícola aumentaría la necesidad de una inmensa expansión de empleos industriales en las áreas urbanas para absorber el vasto excedente de mano de obra que el campo ya no necesitaría. Claramente, eso significaría un proceso largo, particularmente dado lo limitado del tamaño y la productividad relativamente baja que aún tiene la base industrial de China. Tanto el ritmo de esta perspectiva como, en última instancia, la posibilidad misma de realizarla, dependen de la ayuda que recibiera China de un Japón socialista o de unos Estados Unidos socialistas, lo que subraya la necesidad de una revolución proletaria internacional.
El proletariado chino y la revolución socialista mundial
Aunque Hart-Landsberg y Burkett argumentan que las condiciones del campesinado y la clase obrera chinos han empeorado durante la era de “reformas”, el eje de su posición yace en un plano fundamentalmente distinto. Condenan el desarrollo de la clase obrera industrial más grande del mundo e identifican esto con la “restauración” del capitalismo. Aquí su perspectiva anarco-populista se contrapone directamente al entendimiento marxista del progreso social y la diferencia de clase entre obreros y campesinos. En su respuesta a Lippit, citan favorablemente una declaración de Tai-lok Lui, un académico izquierdista que participó en la discusión sobre “China y el socialismo” de Critical Asian Studies: “La reforma económica posterior a 1978 ha producido la verdadera proletarización de los obreros y granjeros de China. Realmente han quedado subordinados al mercado y separados de la propiedad de los medios de producción.”
¿Qué quiere decir Tai-lok Lui, para quien las “reformas de mercado” equivalen a la restauración del capitalismo, cuando escribe que el enorme crecimiento del proletariado chino vino acompañado por su separación de “la propiedad de los medios de producción”? Presumiblemente se refiere, además de las privatizaciones de la industria, a la liquidación de las comunas rurales de la era de Mao, que abarcaban a la gran mayoría de la población. Estas comunas eran básicamente un agregado de propiedades campesinas atrasadas que utilizaban métodos que requieren mucha mano de obra y una tecnología relativamente primitiva. En la medida en que la China de Mao era relativamente más igualitaria que la de Deng y sus sucesores, ésta era una igualdad de pobreza en una sociedad abrumadoramente rural.
Para entender el significado histórico de la transformación de un vasto sector del campesinado de China en proletarios, es útil revisar el libro de Karl Kautsky, La cuestión agraria (1899). Lenin lo consideraba una contribución muy importante al entendimiento de la economía mundial moderna. (El revisionismo derechista posterior de Kautsky y su hostilidad a la Revolución Bolchevique no niegan el valor de sus obras anteriores.) Existe, desde luego, una diferencia fundamental entre el carácter de clase de la Alemania imperial de finales del siglo XIX que describió Kautsky y el de la República Popular China. Sin embargo, hay un paralelismo en los efectos sociales de la proletarización del campesinado chino bajo la economía del “socialismo de mercado”. Como escribió Kautsky:
“La fábrica, al juntar los obreros dispersos facilita su entendimiento y pone en comunicación al pueblo industrial con el resto del mundo, porque desarrolla los medios de transporte y atrae los obreros más inteligentes de la ciudad.
“Sirve también de medio para poner en contacto parte de la población agrícola con el proletariado urbano, para despertar en ella la necesidad de la lucha de emancipación y para inducirla a tomar parte activa en esta lucha cuando las circunstancias sean favorables.”
De hecho, los obreros que emigran del campo han estado al frente de luchas obreras recientes en China. En el sureste, muchas jóvenes migrantes se han ido a huelga o se han negado a trabajar bajo las horribles condiciones de los talleres de hambre, produciendo una severa escasez de mano de obra desde el verano de 2004. En Shanghai y Beijing, los obreros migrantes, que conforman el 80 por ciento de la fuerza de trabajo en la industria de la construcción en auge, han conseguido mediante luchas mejores condiciones de trabajo.
Si bien las restricciones al traslado desde la China rural a la urbana se han relajado en las últimas décadas, no han sido eliminadas. Los migrantes, obligados a aceptar los trabajos más peligrosos y degradantes, carecen de los derechos legales de los residentes urbanos y típicamente son forzados a vivir en áreas segregadas. Muchos obreros urbanos miran con desdén a los migrantes, pues piensan que les roban los empleos y deprimen los salarios. Un partido de vanguardia revolucionario en China hoy lucharía por unir a todos los sectores de la clase obrera en alianza con los trabajadores del campo y los pobres urbanos. La lucha por que los migrantes tengan todos los derechos de los que gozan los residentes legales, incluyendo el acceso a la atención médica, la vivienda y la educación pública, así como pago igual por trabajo igual, es parte integral de la perspectiva de una revolución política proletaria.
En su debate sobre China y el socialismo, el liberal Lippit y los autoproclamados marxistas Hart-Landsberg y Burkett comparten un marco fundamentalmente falso. Al nivel económico, uno y otros rechazan el entendimiento marxista de que el capitalismo es un obstáculo al desarrollo global de las fuerzas productivas, y de que éstas sólo podrán progresar sobre la base de una economía internacional planificada y socialista. Al nivel político, uno y otros rechazan la perspectiva de la revolución proletaria mundial como el único medio para alcanzar una sociedad así, resolviendo finalmente el problema de la escasez.
En su análisis seminal de la degeneración estalinista de la URSS, La revolución traicionada (1936), Trotsky cita el comentario de Marx en La ideología alemana (1846) de que “…el desarrollo de las fuerzas productivas es prácticamente la primera condición absolutamente necesaria (del comunismo) por esta razón: que sin él sí se socializaría la indigencia y ésta haría recomenzar la lucha por lo necesario, y recomenzaría, consecuentemente, todo el viejo caos...” Con “todo el viejo caos”, Marx se refería a la opresión de clase, la desigualdad y la explotación. Repudiando totalmente este entendimiento materialista, los estalinistas predicaban la idiotez de que el socialismo podría construirse en un solo país si tan sólo se impidiera la intervención militar imperialista. El corolario de esta perversión del marxismo fueron las traiciones estalinistas a las revoluciones proletarias internacionalmente. En la Unión Soviética, el resultado final fue la devastadora contrarrevolución capitalista. En China, el mal gobierno de los estalinistas ha producido una sociedad plagada de contradicciones y descontento social.
Hoy, la República Popular China muestra tanto las tremendas ventajas que trajo consigo el derrocamiento del sistema capitalista —centralmente, un nivel de crecimiento económico que sobrepasa por mucho al de las neocolonias capitalistas como la India— como los frutos profundamente negativos del dominio burocrático estalinista. Estos incluyen un agudo aumento en la desigualdad, el crecimiento de nuevas fuerzas burguesas entretejidas con la burocracia parasitaria y la amenaza creciente de una contrarrevolución capitalista que destruya las conquistas de las masas obreras y campesinas chinas. Se debe forjar un partido leninista-trotskista que dirija a la inmensa y poderosa clase obrera china al frente de los campesinos y los pobres urbanos en una revolución política proletaria. Como escribió Trotsky en La revolución traicionada:
“No se trata de remplazar un grupo dirigente por otro, sino de cambiar los métodos mismos de la dirección económica y cultural. La arbitrariedad burocrática deberá ceder el lugar a la democracia soviética. El restablecimiento del derecho de crítica y de una libertad electoral auténtica son condiciones necesarias para el desarrollo del país. El restablecimiento de la libertad de los partidos soviéticos y el renacimiento de los sindicatos están implicados. La democracia provocará, en la economía, la revisión radical de los planes en beneficio de los trabajadores… Las ‘normas burguesas de reparto’ serán reducidas a las proporciones estrictamente exigidas por la necesidad y retrocederán a medida que la riqueza social crezca, ante la igualdad socialista… La juventud podrá respirar libremente, criticar, equivocarse, madurar. La ciencia y el arte sacudirán sus cadenas. La política extranjera renovará la tradición del internacionalismo revolucionario.”
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/27/china.html
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2016.05.21 19:15 ShaunaDorothy Ciudad Juárez: Capitalismo y terror misógino Obreros: ¡Luchar por los derechos de la mujer! (2003)

https://archive.is/ny8po
Ciudad Juárez: Capitalismo y terror misógino
Obreros: ¡Luchar por los derechos de la mujer!
Se adjunta una corrección
Reproducido de Espartaco No. 21, otoño-invierno de 2003.
En la última década y media, alrededor de 500 mujeres jóvenes han desaparecido en Ciudad Juárez, México; entre estos casos 370 son homicidios registrados que presentan un patrón donde se tortura, mutila, viola, quema y/o estrangula a la víctima. La mayoría eran morenas, delgadas, con cabello largo. Muchas trabajaban en maquiladoras. Varios grupos de familiares de las víctimas se han organizado para intentar encontrar a las desaparecidas y no dejar que sean olvidadas. El informe reciente de Amnistía Internacional, así como varios libros que se han publicado, han detallado la negligencia por parte del gobierno y la policía en la investigación de estos crímenes. Por fin, después de ser aclamado en Europa y en partes de América, el poderoso documental Señorita Extraviada producido por Lourdes Portillo en 2001 se pudo ver por la televisión mexicana en septiembre.
La fronteriza Ciudad Juárez, en el estado de Chihuahua, es conocida por estos brutales crímenes antimujer, pero desgraciadamente lo que ocurre ahí no es singular. Artículos en distintos periódicos locales de las zonas maquiladoras en el norte del país e incluso en urbes como Monterrey testifican que se han presentado varios casos semejantes a los que comenzaron y siguen registrándose en Juárez. El 15 de septiembre La Jornada informó que "los homicidios de mujeres jóvenes y pobres, con rastros de violación sexual, se multiplican en Argentina, el sur de España y Guatemala. La impunidad es norma y las respuestas oficiales van de la ineficacia a los indicios de complicidad."
Ha habido una serie de declaraciones acerca de las muertas de Juárez, ¡culpando a las jóvenes por lo que les pasa! Francisco Barrio, ex gobernador de Chihuahua y actual coordinador de la bancada del PAN en la cámara de diputados, dijo que las matanzas ocurren porque "las muchachas se mueven en ciertos lugares, frecuentan a cierto tipo de gentes [sic]". Jorge López Molinar, ex subprocurador de justicia de Chihuahua, dijo que la posible solución sería que "se autoaplicara un toque de queda". El 27 de septiembre un hombre encontró el cuerpo de una mujer que había sido estrangulada con la correa de un bolso; estaba semidesnuda, con el pantalón y la pantaleta debajo de las rodillas y la blusa arriba de los senos. El cuerpo era de Erika Pérez de 29 años. El procurador de justicia de Chihuahua, José Silva Solís, ¡declaró que "no fue atacada sexualmente y murió por sobredosis"!
Cualquiera que conozca algo de México sabe que el machismo reina en este país de explotación y opresión capitalista. La iglesia inculca el papel sumiso de la mujer; no existe el derecho democrático al aborto; la violencia contra las mujeres se da en seis de cada diez hogares. La mujer obrera y campesina vive doblemente oprimida, como esclava de los esclavos.
Víctor Ronquillo en su libro Las muertas de Juárez (1999) describe el odio contra la mujer y nota que los asesinatos representan una amenaza para todas:
"La forma en que son abandonados los cuerpos, los rastros de tortura, los vestigios de un rito personal: el seno derecho cercenado y el pezón izquierdo arrancado a mordidas. El fuego que inmola a la víctima. Todo ello revela un mensaje cuyo primer destinatario son las próximas víctimas."
La franja fronteriza: Superexplotación imperialista
En 1960, Ciudad Juárez era una pequeña ciudad de 250 mil habitantes en la frontera con Estados Unidos. Hoy tiene una población de más de 1.2 millones de personas, atraídas por la posibilidad de empleos en las fábricas maquiladoras. Después de que se terminó el programa Bracero de EE.UU., que había funcionado como una válvula de escape para la crisis del desempleo en México, el gobierno mexicano abrió la primera zona de libre comercio en 1965. Inversionistas extranjeros que ponían una fábrica en México cerca de la frontera con Estados Unidos eran inmunes a aranceles (para las partes que importaban) y no tenían que pagar otros impuestos. Esto se extendió con el Tratado de Libre Comercio de 1994 que convirtió a todo México en fuente de enormes ganancias imperialistas basadas en el trabajo miserablemente remunerado de los obreros mexicanos. Las secciones mexicana, estadounidense y canadiense de la Liga Comunista Internacional escribimos en una declaración conjunta en 1991: "El TLC fortalecerá a la burguesía estadounidense contra sus rivales comerciales imperialistas, a la vez que someterá a las masas trabajadoras del continente a una mayor explotación. Llamamos a los trabajadores mexicanos, estadounidenses y canadienses a oponerse conjuntamente a este pacto antiobrero" (ver "Alto al TLC, rapiña a México por el imperialismo EE.UU." en Espartaco No. 2, verano-otoño de 1991).
El gobierno derechista y clerical de Fox y su pandilla de seminaristas asegura que México sea un lugar muy atractivo para la inversión extranjera y para los patrones chupasangre mexicanos mientras ataca los derechos de todos los trabajadores y los sectores de la sociedad especialmente oprimidos como los indígenas, las mujeres y los homosexuales. La privatización de las industrias nacionalizadas que busca Fox golpearía a millones con el hambre y el desempleo. La recesión económica ya ha causado el cierre de muchas maquiladoras y despidos en masa, especialmente en la zona fronteriza. Desde el año 2000 hasta la mitad del 2003 se perdieron 700 mil empleos (¡uno de cada diez!) en el sector manufacturero de México (El Norte, 1° de septiembre de 2003). Esto sucede en el contexto de la peor crisis de desempleo en seis años. Las mujeres, quienes en general ocupan los puestos menos calificados y fácilmente sustituibles, son las más afectadas.
La incorporación de la mujer a la clase obrera
Guillermina Valdez Villalva, fundadora del Centro de Orientación para la Mujer Obrera en Juárez dijo:
"Cuando las plantas llegaron a la ciudad, siempre esperamos que contratarían a los hombres desempleados. Pero muy pronto descubrimos que…mujeres jóvenes entre las edades de 16 y 21 años eran las únicas contratadas."
—citado en "Lucha de clases en los talleres de sudor globales", Women and Revolution No.34, primavera de 1988
El trabajo en las maquiladoras se caracteriza por ser mecánico y repetitivo. Lo que importa es tener dedos ágiles, ser joven y tener mucha necesidad para estar dispuesta a soportar lo peor. Un buen componente de las mujeres que trabajan en la frontera dejaron sus comunidades campesinas y/o indígenas con la esperanza de ya no estar sometidas al núcleo familiar, aunque suelen mandar parte del dinero que ganan a sus padres o hermanos. En la frontera también hay hombres y mujeres que trataron de cruzar a los EE.UU. para trabajar y no lo lograron o fueron deportados.
El libro de Sandra Arenal, Sangre Joven, recopila una serie de conversaciones con obreras que expresan fuerza y coraje acerca de sus experiencias al llegar a las maquilas. Se cuentan historias de supervisores que deciden desnudar al personal de vez en cuando para asegurarse de que nadie haya robado alguna de las prendas de ropa que cosen. Una obrera de la industria electrónica tiene que soldar en una jornada 2 mil piezas de tamaño apenas visible. Los dolores por movimientos repetitivos y enfermedades causadas por los materiales del trabajo son comunes.
"Mi hermana empezó a trabajar en SILVANIA el 30 de enero de 1974, de ahí pasó a TUBOS ELÉCTRICOS en 1981 y luego a la planta de la HONEYWELL de Juárez donde falleció. La causa de su enfermedad, según el hematólogo que la vio en el hospital fue que tenía una anemia en cuarto grado, provocada por la acetona que es la sustancia que ella venía manejando diariamente en su trabajo....¡Tenía solamente treinta años! Durante el sepelio supe que en esos mismos días había muerto otra operadora."
Una joven de 22 años que llevaba seis años en las maquilas dice haber "durado más que otras". Tiene dedos con deformaciones en los huesos y en las dos manos tiene un enorme callo de color café amarillento que va de la punta del dedo pulgar, por el dorso, casi hasta la muñeca. Mirando sus manos con tristeza, dice: "¡No me van a pagar mis manos!"
Los orígenes de la opresión de la mujer
En nuestro artículo "Explotación capitalista y terror antimujer" (Espartaco No. 13, otoño-invierno de 1999), donde analizamos los ataques en contra de las mujeres en la zona maquiladora de Ciudad Juárez, explicamos:
"Nosotros los comunistas luchamos por acabar con la opresión de la mujer, herencia del atraso social mantenido por la burguesía. Luchamos destacadamente por la igualdad plena para las mujeres y su total integración a la fuerza de trabajo. Llamamos por pago igual por trabajo igual y por el aborto libre, gratuito y seguro para quien lo solicite como parte de un sistema de salud gratuito y de calidad. Pero la erradicación de la opresión a la mujer requiere de un salto inmenso de desarrollo en las condiciones materiales existentes —y esto sólo puede lograrse mediante una revolución socialista, no sólo en México sino mediante la creación de una economía internacionalmente planificada basada no en la ganancia capitalista sino en la satisfacción de las necesidades de todos—. En otras palabras, la liberación de la mujer no puede llevarse a cabo aparte de la emancipación de la clase obrera."
Una de las ironías de la historia es que la opresión especial de la mujer se vincula con uno de los primeros avances sociales: el desarrollo de la tecnología más allá de lo necesario para la subsistencia mínima que caracterizaba a las sociedades de caza y recolección. La agricultura, el trabajo del metal, la domesticación de los animales y otros avances revolucionarios crearon la posibilidad de que existiera una clase dominante ociosa que viviera del trabajo de otros. La institución de la familia, que exige la monogamia y la esclavitud doméstica de la mujer, surgió para asegurar la herencia de la propiedad a través de la línea masculina. La ideología machista, propagada por la clase dominante mediante las instituciones gubernamentales, los medios y la religión, sirve para justificar la subyugación real de la mujer.
Con el crecimiento de la industria capitalista, la incorporación de la mujer a la mano de obra en las fábricas la saca de su aislamiento en la casa y provee un requisito para su emancipación: la participación en la producción social. Sin embargo, bajo el capitalismo, esto significa agregar la esclavitud asalariada a la esclavitud doméstica. La liberación completa de la mujer de esta opresión doble sólo se llevará a cabo remplazando a la familia con la socialización del trabajo doméstico. La expansión de las fuerzas productivas sentó la base para la socialización del trabajo doméstico, pero ésta no se llevará a cabo bajo el capitalismo porque la familia desempeña un papel económico importante para la burguesía. En un sistema socialista las cosas serían muy diferentes. La economía planificada permitiría remplazar las funciones económicas de la familia con guarderías de servicio las 24 horas del día, y lavanderías y comedores colectivos. ¡Liberación de la mujer mediante la revolución socialista!
El terror policiaco y las ilusiones en el estado
Lilia Alejandra tenía 17 años y era madre de un niño de tres años de edad. Trabajaba para la maquiladora Servicios Plásticos y Ensambles en Ciudad Juárez. Su cuerpo fue encontrado envuelto en una cobija el 21 de febrero de 2001 en un lote baldío sin iluminación que ella cruzaba todas las noches para regresar del trabajo a su casa. El médico forense explicó a los padres de la joven, cuando fueron a reconocer el cuerpo, que presentaba marcas de violencia física y sexual y que la causa de la muerte era estrangulación. El mismo día que Lilia Alejandra no regresó a su casa, los vecinos del lote baldío habían llamado a la policía para denunciar que una mujer estaba siendo golpeada y violada por dos hombres en un coche. Una patrulla llegó al lugar sólo después de que los vecinos hicieron una segunda llamada, y aún tardó más de una hora. El coche ya se había ido.
Diversas investigaciones y testimonios señalan el nefasto papel de los policías, los "fiscales especiales", y las agencias gubernamentales. Nos solidarizamos plenamente con los reclamos de justicia de los familiares de las víctimas y de organizaciones como las "Mujeres de Negro" y "Casa Amiga". El simple hecho de buscar algo de justicia le puede convertir a uno en blanco de ataque. Una secretaria de "Casa Amiga", que presta servicios de apoyo sicológico y realiza investigación sobre los crímenes, fue acribillada en las puertas de la oficina de la organización.
Pero la desesperación en la que viven los familiares de las mujeres desaparecidas y asesinadas en Ciudad Juárez, la indignación que sienten muchas personas alrededor del país y el temor entre las obreras de ser "una más" a menudo es canalizado hacia una de las más mortales ilusiones: la idea de que con más presencia policiaca los crímenes antimujer terminarán.
La solución no recae en presionar al estado —los destacamentos armados que una clase utiliza para mantener su poder hegemónico sobre otras— para que funcione mejor. Es necesario entender el papel social del estado capitalista en asegurar el dominio sobre la clase obrera. Una parte clave del dominio capitalista es la subyugación de la mujer; la violencia antimujer es inherentemente parte del capitalismo. Los policías, el ejército y los tribunales son y serán usados para romper las huelgas combativas que pongan en jaque a la burguesía y para perpetuar la opresión de la mujer.
Las Naciones Unidas, esa guarida de ladrones que mató a 1.5 millones de iraquíes con sus sanciones y preparó el ataque estadounidense, es ahora la excusa de "derechos humanos" para la expansión de la fuerza policiaca represiva en Juárez. La ONU envió una comisión a Juárez que ha recomendado que el FBI estadounidense entrene a policías mexicanos. Durante el movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos, el FBI trabajó en conjunto con los fascistas del Ku Klux Klan para matar a los que luchaban por esos derechos, incluyendo a cuatro jóvenes negras en una iglesia de Birmingham, Alabama, en 1963. Esto da una idea de cuán indecente es la noción de que estas agencias imperialistas podrían defender los derechos de la mujer.
En el documental Señorita Extraviada se entrevista a una mujer de nombre María, quien fue llevada junto con otras personas a la Cárcel de Piedra en Chihuahua, bajo cargos de disturbios en la vía pública. Ahí los policías la violaron y la llevaron a una celda clandestina. Al ser liberada los denunció y, aunque se capturó a los policías, jamás fueron sentenciados. A pesar de las amenazas de muerte que ha enfrentado, valientemente y con lágrimas en los ojos cuenta su experiencia en el cuartel policial:
"Luego ya me dice uno de ellos, ‘o qué ¿quieres que te llevemos a Lomas de Poleo?’...empieza a aventarme las fotos de muchachas: 'Míralas perra, míralas perra'.... Todos la llevaban arrastrando, por los matorrales...ahí la violan...las empiezan a golpear.... Se miran en las fotos que están así riéndose por lo que está haciendo el otro.... [A las mujeres] se les miraba así su cara...así de dolor, así de sufrimiento y se les miraba así, que lloraban y gritaban."
El propósito de la policía en su conjunto, independientemente del grado de corrupción moral de los individuos que la componen, es llevar a cabo la violencia y el terror que requiere la burguesía para mantenerse en el poder. Quienes luchan por la justicia social tienen que unirse al poder social de la clase obrera. Ninguna otra fuerza puede acabar con el capitalismo ni la opresión y violencia que genera. Nos oponemos a las apelaciones al estado burgués para incrementar las fuerzas policiacas. ¡Ninguna ilusión en el puño armado de la burguesía!
Estamos por el derecho a la autodefensa armada. Por supuesto, el derecho a portar armas no traerá la emancipación de la mujer, cuya opresión está profundamente enraizada en el sistema capitalista y sus instituciones fundamentales, y dicha emancipación sólo se logrará mediante la revolución socialista. Sin embargo, el derecho a portar armas hace una diferencia obvia en la capacidad que uno tiene para defenderse. Pero las leyes que existen en México y en otros países capitalistas acerca del "control" de las armas de fuego hacen que el monopolio de las armas esté en manos del ejército, la policía y los criminales. Y es precisamente a los policías y a los criminales que las mujeres de Juárez temen, no sólo por los asesinatos, sino también por el papel que desempeñan en oposición a la organización de las obreras en las maquiladoras.
La lucha por la emancipación de la mujer
Detener esta ola de terror está en el interés de la clase obrera y los oprimidos. Las mujeres forman el 30 por ciento de la clase obrera. Son un sector doblemente oprimido del proletariado, mantenido como un estrato inferior y un ejército laboral de reserva que la burguesía usa para dividir a los obreros, mantener los salarios bajos y elevar así la explotación de todos. El destino de las mujeres y de su lucha por la completa emancipación está enlazado a la lucha de la clase proletaria contra el capitalismo.
Los espartaquistas luchamos por forjar un partido revolucionario leninista-trotskista para intervenir en las luchas sociales y así cambiar la conciencia de la clase obrera. Lenin escribió en ¿Qué hacer?, "La conciencia política de clase no se le puede aportar al obrero más que desde el exterior, esto es, desde fuera de la lucha económica, desde fuera de la esfera de las relaciones entre obreros y patronos." Así, buscamos construir una dirección para la clase obrera que luche como el defensor de todos los oprimidos. Lenin explicó que el ideal del revolucionario:
"no debe ser el secretario de tradeunión [sindicato], sino el tribuno popular, que sabe reaccionar contra toda manifestación de arbitrariedad y de opresión, dondequiera que se produzca y cualquiera que sea la capa o la clase social a que afecte; que sabe sintetizar todos estos hechos para trazar un cuadro de conjunto de la brutalidad policiaca y de la explotación capitalista; que sabe aprovechar el menor detalle para exponer ante todos sus convicciones socialistas y sus reivindicaciones democráticas, para explicar a todos y a cada uno la importancia histórico-mundial de la lucha emancipadora del proletariado."
Los militantes sindicales más conscientes deben luchar por movilizar el poder social de la clase obrera para combatir la opresión de la mujer, por organizarla en los sindicatos con salarios y derechos iguales a los de los hombres. Deben luchar por servicios médicos gratuitos y de calidad, por el derecho al aborto libre y gratuito, y por organizar destacamentos obreros para defender a las mujeres contra estos ataques. Pero las dirigencias sindicales actuales ni siquiera están interesadas en exigir camiones de transporte de personal —una prestación básica— mientras muchas obreras en Juárez son asesinadas andando por parajes solitarios camino al trabajo o de regreso a su casa. La situación de la mujer obrera es, por sí sola, una muestra de la total bancarrota, del rastrerismo y del machismo de la burocracia sindical.
Aunque una gran parte de la fuerza de trabajo en la franja fronteriza y en el país en general no está sindicalizada, la CTM es la principal central obrera en la zona de las maquiladoras. Sus burócratas gángsteres procapitalistas atados al PRI cotidianamente movilizan escuadrones de golpeadores contra las luchas obreras por mejoras salariales o democracia sindical y son tristemente célebres por sus "contratos de protección" totalmente favorables a la patronal y realizados a espaldas de los obreros. Es obvio que a la cúpula cetemista le importa un bledo la situación de la mujer obrera. Y, fuera de alguno que otro foro inofensivo que tiene más que ver con cuidar su "imagen" que con buscar algún cambio favorable a las obreras, los burócratas "independientes", leales al PRD y al sistema capitalista endémicamente antimujer, tampoco hacen nada por mejorar la situación de las obreras ni por sindicalizar a las que no lo están.
La lucha contra el imperialismo: ¡Por el internacionalismo proletario!
La obrera de la maquila gana una miseria en una empresa extranjera que produce ganancias exorbitantes para los dueños. La obrera de Juárez hace a veces hasta dos horas a pie a su trabajo, porque ni siquiera hay caminos pavimentados entre las áreas donde vive y las avenidas que sirven para los tráileres que llevan las materias primas a las fábricas. El obrero petrolero teme perder la poca estabilidad económica que ha ganado ante las amenazas de privatización e inversión extranjera. El campesino ya no puede ganarse la vida con su parcela por la competencia de las empresas agrícolas estadounidenses. La mujer indígena se encuentra obligada a mendigar fuera de un enorme edificio bancario al cual jamás la dejarían entrar.
Todas estas víctimas de la opresión imperialista deben entender que la única esperanza de liberación vendrá con la movilización del poder obrero en contra del sistema capitalista entero. Si bien el capitalista mexicano puede estar resentido por haber quedado atrás en la lucha internacional por el dominio, éste no es amigo de los oprimidos, y no puede dirigir una lucha antiimperialista. De hecho, la burguesía nacional no podría sostenerse sin el apoyo de sus amos imperialistas.
Los revolucionarios nos basamos en la teoría de León Trotsky de la revolución permanente, cuya premisa básica es que, en la época del imperialismo, los países de desarrollo capitalista tardío no pueden alcanzar el nivel general de productividad económica de los países avanzados. Las fuerzas productivas son el esqueleto que sostiene toda la superestructura de las relaciones legales, políticas, religiosas y culturales en la sociedad. Si bien la opresión de la mujer en los países industrializados muestra los límites de libertad y progreso social bajo el capitalismo, en los países del "Tercer Mundo" como México la situación de la mujer está profundamente arraigada en la "tradición" precapitalista y el atraso religioso. Así, la lucha por la emancipación de la mujer será una fuerza motriz indispensable para la revolución.
Ningún ala de la burguesía puede desempeñar un papel progresista o revolucionario. No puede traer ningún avance significativo para la mujer y todos los oprimidos. El hecho de que el PRD nacionalista burgués a menudo pose como defensor de la mujer es simplemente un testimonio del brutal atraso ideológico de sus oponentes burgueses. Un ejemplo de esto fue el escándalo que ocasionó la "Ley Robles" introducida por el PRD en el DF hace un par de años. Mientras defendemos contra los ataques clericales el derecho que otorga esta ley de aborto en casos de malformación del producto o peligro para la mujer, notamos que el PRD ha dejado en claro su oposición al derecho al aborto libre. En general, la clase capitalista se opone al acceso libre al aborto porque permite a las mujeres un poco de libertad de la subordinación total a la estructura familiar.
La única manera de deshacerse del yugo imperialista y obtener derechos democráticos elementales para la mujer y todos los oprimidos es que el proletariado tome el poder estatal mediante la revolución socialista y reorganice la economía de una manera planificada y racional.
El fenómeno de las maquiladoras muestra claramente el poder potencial de la unidad de los obreros en EE.UU. y México. Son parte de una industria común con los mismos patrones. Conscientes del poder social que adquiriría el proletariado de unificar sus luchas, las burguesías estadounidense y mexicana aplican el "divide y vencerás". Este obstáculo a la lucha conjunta de todos los oprimidos contra su opresor común se da en diferentes formas en diferentes países, y una de las tareas principales de los partidos revolucionarios es combatir estas ideas que sólo sirven a la burguesía.
Nuestros camaradas en la Spartacist League/U.S. saben que las luchas de los obreros contra los patrones y de los negros e inmigrantes contra el racismo avanzarán juntas o retrocederán separadas. En EE.UU. es necesario combatir el racismo antinegro en todo ámbito, incluyendo en el medio de los inmigrantes hispanos (ver "Sur de Chicago", página 2). Nuestros camaradas también intervienen para que la clase obrera alce la consigna ¡Plenos derechos de ciudadanía para los inmigrantes! (ver "Manifestación en EE.UU. moviliza obreros contra leyes antiinmigrantes", Espartaco No. 18, primavera-verano de 2002). En México, el nacionalismo burgués ha sido el principal obstáculo ideológico para la clase obrera en su lucha contra la explotación. Es necesario combatir la falsa conciencia de los obreros mexicanos de que su aliado es el patrón mexicano y no el obrero estadounidense.
Y en ambos países combatimos la ideología antimujer que es un sustento para el sistema capitalista que requiere la subyugación de la mujer. Sólo de esta manera se podrá forjar un partido revolucionario, proletario e internacionalista que tenga la capacidad de terminar con el sistema capitalista de explotación, miseria y terror de una vez y para siempre. ¡Por la liberación de la mujer mediante la revolución socialista!
http://www.icl-fi.org/espanol/oldsite/juarez.htm
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2015.03.25 22:35 jcarrylen Así funciona el poder en este país

De sobra conocido es que no muy éticos son los grandes banqueros, pero hace un tiempo di con una persona que dedicó su vida a investigarlos y documentar sus fechorías y se arruinó por ello. Muchos conoceréis a Josep Manuel Novoa, pocos habréis leído sus censurados libros o su blog, pero aquí os dejo una historia como ejemplo que sirve para entender la política y economía de España. Protagonista: el petróleo.
<<Las petroleras no cumplen con el sistema fiscal previsto por ley. El impuesto sobre la gasolina se camufla con los ingresos propios provocando opacidad.
Resulta que estos señores encopetados de las petroleras ocultan y camuflan el impuesto sobre carburantes recaudado entre sus propios ingresos. Esta argucia, intencionada, de soslayar la ley pone de manifiesto que no todo el impuesto recaudado llega a las arcas de Hacienda. He dejado este relato, de las investigaciones periodísticas, en último lugar pese a que ocupó el primero en mis preocupaciones después de meterme en innumerables charcos. El episodio lo viví como la confirmación de lo que me aconsejaban amigos y familiares que conocían mis andanzas por las cocinas del Estado: olvídate de todo esto, no acabarás bien. Será por inconsciencia o porque uno a nacido así, no tenía la percepción de enfrentarme a ningún peligro que afectara a mi integridad física.
Tuve ocasión de cambiar de opinión por la vía rápida. Algo ocurre con el petróleo, la gasolina, los impuestos y la confraternización de los políticos y la clase dominante del poder económico. En un post daré los detalles de esta investigación, aquí puedo adelantar que hay un fraude descomunal con los impuestos que se pagan por el consumo de carburantes. Las grandes empresas del sector como Repsol y Cepsa se benefician, en primera instancia, del saqueo a los bolsillos de la ciudadanía motorizada.
Me llamaba poderosamente la atención ver como los precios de la gasolina no paraban de crecer y además, la razón que se daba para aplicar esos aumentos radicaba siempre en el precio del crudo de petróleo cuando tan sólo era uno de los ingredientes contenidos en el precio final y no el más importante. Empecé por revisar con detalle los balances contables de Repsol, por ser la petrolera más grande del país, y no tardé en toparme con algo raro, a la vista de cualquiera.
Para la petrolera Repsol, la sociedad matriz, el Impuesto sobre Sociedades que grava los beneficios empresariales con un 35% resultaba que era todo lo contrario: representaba un ingresos de miles de millones de pesetas ejercicio tras ejercicio. Los balances estaban inscritos en el Registro Mercantil y tenían el visto bueno del auditor. Sobre el asunto no pude sacar el agua clara a pesar que me moví por todos los estamentos con competencia sobre el asunto y removí cielo y tierra.
Conforme me iba encontrando con una muralla protectora, más me convencía de que algo raro ocurría con los dineros recaudados por el consumo de carburantes, incluido el impuesto aplicado por litro. Llegue hasta la Secretaria de Estado de Hacienda donde la sola mención del contribuyente cierra la puerta a cualquier cuestión que se pueda plantear sobre el particular. La Agencia Tributaria, ni el Ministerio de Hacienda no pueden facilitar información nominal sobre los contribuyentes, pero cuando se plantea como una generalidad tampoco hay respuesta. Todo lo más que pude sacar es que el fenómeno de que el impuesto fuera un ingreso se debía a “la deducción por doble imposición”, un rollo que no me trague ya que no había datos suficientes que lo corroboraran. En tan elevado santuario de la tributación me trataron como un bicho raro. Me quedé con la copla: “Aquí no ha venido nunca nadie preguntando estas cosas” –literal- pero la magia de una contabilidad en holding aplicando la ingeniería financiera transforma lo blanco en negro, equivalente a cobrar en vez de pagar.
Como no me quedé satisfecho con la respuesta de los altos funcionarios responsables de la recaudación de los miles de millones que Repsol debe ingresar al Erario público, continué inducido por la reflexión, totalmente lógica, que si con la tributación visible, la que figura en los registros públicos, pagar es cobrar que no habría en el mecanismo de la recaudación del impuesto que va ligado a los carburantes. Oh! Sorpresa, o no tanta visto lo visto. Junto con la privatización del monopolio de Campsa, también se privatizo el mecanismo que grava los carburantes. A la Compañía Logística de Hidrocarburos, propiedad de las petroleras que actúan en el mercado español, el sistema legislativo vigente le asigna el papel de depósito fiscal, siendo esta empresa la que tiene la obligación fiscal de ingresar el impuesto a Hacienda. La ley no se cumple y es la industria petrolera la que mezcla contablemente entre sus ingresos propios los que provienen como impuesto recaudado. No hace falta decir que la sospecha de que todo lo recaudado no llega a las arcas de Hacienda va más allá de una presunción. Con todo lo investigado completamos en La Banca 12 páginas en un dossier con el titulo El dinero del petróleo y llegó la tormenta perfecta.
A los pocos días de la publicación, se presentó en la redacción un individuo que insistía en verme, residía en Madrid y estaba de paso por Barcelona y este era su argumento para presentarse sin más. Me felicitó, muy efusivamente, por el articulo sobre las petroleras dándome la razón en todo, pero su interés se concretaba en conocer como había llegado la información a mis manos.
No debió creer ni una palabra de lo que dije sobre que no había ninguna “garganta profunda” de por medio, que todo eran datos obtenidos de mover una montaña de papeles, balances contables, memorias societarias y registros públicos. Unos días más tarde recibí una carta de este individuo. Bajo un tratamiento de “Querido amigo” y que todo era por mi bien me aconsejaba de evitar tribulaciones que conducirían, inevitablemente, a un mal final. El cabrón, implícitamente me estaba amenazando: “sería mejor que te dedicaras a los bancos … hasta que te dejen”. A continuación, todo seguido, una vuelta de tuerca más.
Me llama por teléfono un individuo y me pide una reunión urgente, tiene una información, muy trascendente, que facilitarme. Ya tenía la mosca detrás de la oreja y no quise que viniera a mi despacho, lo cité en la terraza de una cafetería del Paseo de Gracia, a pocos metros de la redacción, siempre concurridas de público. Se presentó con un tipo corpulento, ambos bien vestidos, con pinta de ejecutivos, el que me había llamado por teléfono era delgado como un alambre. El que llevaba la voz cantante, el corpulento, tenía cierto acento extranjero que no fui capaz de definir, la cara con algo de viruela y un gran bigote. De facilitarme información nada de nada todo lo contrario me la exigía. Este es el término adecuado: exigir. Estaba empecinado en saber de donde había conseguido la información “del petróleo”, más exactamente de quien. Los modales y la pose eran estudiados para que la intimidación fuera explícita. Para ser sincero, fui aguantando el tipo teniendo en cuenta que estábamos rodeados de gente, hasta que el muy cabrón me pregunto:
 -¿Tú sabes quien soy? -Ni idea, ni me importa -conteste. -Te tendría que importar porqué soy el liquidador. 
No sabría decir la sensación que tuve en aquel momento pero está relacionada con el pánico, todas las recomendaciones y advertencias sobre como iba a acabar se agolparon en mi mente. Me imploré a mi mismo calma, no se por qué demonios estaba convencido de que ese tipo, con cara de turco, iba a dispararme. Me miraba fijamente a los ojos a través de unas gafas de sol con vidrios ahumados y yo le sostenía la mirada. No se me ocurrió otra cosa que decirle:
-¿Te crees que soy tan imbécil como para venir aquí con el culo al aire? Si hago un movimiento convenido, te puedo asegurar que no tenéis tiempo de reaccionar.
El esmirriado, que estaba sentado a su lado le dijo:
-No le iras a creer, se está tirando un farol. 
El del bigote descomunal –después pensé que era postizo- me seguía mirando fijamente a los ojos y le aguante la mirada. Después de unos segundos que me parecieron una eternidad, sin decir nada se levantó y el esmirriado lo siguió. Lo descrito puede parecer una escena de una mala película de agentes secretos. Pero por ahí va la cosa.
Si pretendían asustarme, a fe que lo consiguieron. En cuanto pude, me puse en contacto con el jefe de una importante agencia de detectives. Me debían un favor y este era el momento de cobrarlo. Le puse en antecedentes, rastrearon la redacción, con un escáner, en busca de micrófonos ocultos, siguieron la pista de la carta: no había otras huellas que no fueran las mías, la dirección de Madrid no existía. Habían llamado desde un teléfono público, y por la descripción personal los individuos no eran conocidos. Nada de nada, pero los detectives de la agencia clasificaban el episodio como la “amenaza fraternal”. Primero se presenta alguien con recomendaciones, después el escrito, ya mucho más explicito para luego pasar a la intimidación para que sepas que están ahí y que eres su objetivo. Después o blanco o negro. No comente nada con nadie, ni tan siquiera con mis compañeros. Pasó un mes, y en uno de mis habituales desplazamientos a Madrid, un periodista amigo estaba dispuesto de hacerme una confidencia bajo secreto de confesión. Había oído a sus jefes, de un diario de difusión nacional, hablar de mí, se debatían entre la opinión de uno que manifestaba que era “un terrorista de la información y que le habían enviado un recado” y otro que de buena tinta aseguraba que “pertenece a las fuerzas de seguridad del Estado”.
No hacia mucho que otro periodista había publicado un libro en el que me dedicaba un par de páginas y, muy ufano, aseguraba que trabajaba para la seguridad del Estado desbrozando asuntos muy delicados para la fiscalía. No era cierto, pero tratar de decir lo contrario a este tipo de manifestaciones no hay nadie que te crea.
Algo debió de pasar por la cabeza del bigotudo, mientras le aguantaba la mirada, o algo le barruntaba que a quien intimidaba fuera de verdad de las “fuerzas de seguridad del Estado”. Un sanbenito que cuando te lo ponen es difícil de sacar. Todo lo ocurrido incrementó mi convencimiento de que el asunto de las petroleras esconde algo que no quieren que se sepa. Hay indicios de que altas personalidades, entre ellas el Rey, por decirlo de la mejor manera “cobran gratificaciones” les parece que queda mejor que vulgares “comisiones”. Pero cobrar, cobran mientras nos expolian en la gasolinera. Reitero mi compromiso de un post sobre este asunto.>>
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